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Educar el gusto del niño desde el embarazo

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El hecho de que los niños acepten los nuevos sabores de los alimentos distintos a la leche que se le van ofreciendo depende de la actitud y el ejemplo de los papás.

​​Los niños tienen una predisposición natural por el sabor dulce, mientras que tienden a rechazar los alimentos más amargos o ásperos. De todos modos, se puede intervenir de forma eficaz a través de una actividad de “educación del gusto”, que puede empezar incluso antes de nacer.

Durante el embarazo, a partir de los cuatro meses, el feto es capaz de percibir distintos sabores a través del líquido amniótico. Por esta razón, sus preferencias pueden estar influenciadas por los alimentos de los que su mamá se nutre. Por lo tanto, si, durante el embarazo sigues una dieta rica en verduras, será más fácil que el niño acepte su sabor. Por otro lado, las preferencias alimentarias del niño siguen desarrollándose durante la infancia, y los padres tienen un papel fundamental en este período, a la hora de favorecer un comportamiento alimentario sano, estimulando la curiosidad hacia los nuevos sabores e introduciendo varios alimentos de modo gradual.

Es importante adoptar una actitud adecuada, armándose de paciencia y disponibilidad. Es normal que un niño rechace un alimento que no conoce, porque pone en marcha un comportamiento de defensa natural. Obligarle a comer produce el efecto contrario. Lo mejor es respetar sus decisiones y reintroducir el mismo alimento unos días más tarde. La repetición de la oferta, sobre todo si se refuerza con el ejemplo, suele vencer a las reticencias.


 

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