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Obesidad infantil

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La obesidad infantil es una cuestión de salud. Si un niño o un bebé sufre sobrepeso, desde los primeros meses de vida, corre el riesgo de sufrir trastornos importantes en el futuro.

 



La obesidad infantil se trata de una cuestión de salud. Porque si un niño o un bebé es gordo o tiene sobrepeso, corre el riesgo de sufrir, de adulto, algunas molestias.

La palabra clave sólo es una: la prevención, que debería basarse en una correcta educación alimentaria a partir de la infancia, y en el mantenimiento de un estilo de vida correcto, sin excesos y, sobre todo, con una constante y adecuada actividad física y una dieta equilibrada.

Las costumbres y los buenos hábitos empiezan en el hogar y en la escuela primaria, durante los años del desarrollo. En este sentido y según los expertos, la tercera parte de la obesidad adulta se desarrolla en la infancia.

Y para los adultos obesos, una terapia farmacológica asociada a dietas hipocalóricas e hipolipídicas, y un gran apoyo psicológico, sin el cual el paciente a menudo no consigue progresar en sus esfuerzos.

Por tanto, es importante no sólo el tratamiento, sino también la rehabilitación: la obesidad grave debe ser considerada como una enfermedad crónica que raramente se cura del todo ni a tiempo, y que puede desarrollar complicaciones que requieran una asistencia sanitaria constante.

 
Obesidad infantil: Consulta al pediatra

Será el pediatra quien evalúe si hay sobrepeso y quien sugiera una dieta destinada a resolver el problema. Ten presente que sobre todo es necesario aclarar si el peso del "niño gordito" se debe a factores genéticos o si, por el contrario, los kilos de más son debidos a una mala educación alimentaria. Si es así, la prevención debe realizarse en casa.

Existe una predisposición genética que lleva a algunas personas a engordarse más fácilmente que otras. Esta disposición está determinada por un gen, que hace acumular más grasas respecto a lo normal. El hecho de que un niño lo tenga no significa que sea obeso, sino sólo que tiene una mayor predisposición a engordar.

Sobre la obesidad pesan también factores externos; los primeros de ellos son las malas costumbres alimentarias, que son aprendidas desde pequeños y que pueden convertir en obesos incluso a los niños que no tienen este gen.

 

 

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