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Hidratación de la mamá durante la lactancia

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La hidratación, indispensable para el bienestar del organismo, es aún más importante durante el período de lactancia. Descubre cuánta agua necesitas si das el pecho al bebé.

La necesidad diaria de hidratación de la mamá que da el pecho aumenta en cerca de un 30% durante el período de lactancia materna. Veamos cómo y en qué cantidad debes aumentar la ingesta de líquido durante la lactancia.

La leche materna

Desde los primeros días después del parto, el pecho produce calostro, sustancia de alto contenido en proteínas y sales minerales. La subida de la leche propiamente dicha se produce entre tres y cinco días después del parto. En los seis primeros meses, la mujer llega a producir 800-1.000 ml de leche al día, y el agua representa una gran cantidad de esta leche.

Cuánta agua debes beber

Durante todo este período, aumenta significativamente la necesidad de agua por parte del organismo materno. Además de la producción de leche, el organismo también necesita el agua para la irrigación arterial y venosa del tejido mamario, es decir, el aporte sanguíneo que el cuerpo debe proporcionar, con el correspondiente gasto energético.

Bebe mucha agua, sobre todo en verano

Una correcta hidratación durante la lactancia comporta un aporte de agua de entre 2,5 y 3 litros de agua al día. Por tanto, el riesgo de deshidratación es factible, sobre todo, en el caso de las mujeres que son mamás en verano, cuando el calor provoca un aumento de la sudoración y la consiguiente pérdida de líquidos y sales minerales.
Por esta razón, es fundamental cuidar muy bien la hidratación de la mamá en los meses más cálidos, reintegrando los líquidos perdidos rápidamente.

Cómo hidratarse correctamente

- Para una hidratación adecuada, es aconsejable tomar agua de mineralización baja o media, ideal para las mujeres que sufren problemas como retención de líquidos e hinchazón, y bien tolerada por el organismo del recién nacido. Paralelamente, hay que cuidar la dieta diaria, que debe ser variada y equilibrada, para garantizar al organismo todos los nutrientes básicos. Es importante consumir alimentos ricos en fibra y proteínas, presentes en las frutas y las verduras.

- En cambio, es conveniente reducir el consumo de azúcares simples, como el azúcar refinado, los dulces y las bebidas azucaradas, así como dar preferencia a los azúcares complejos: pan, pasta y arroz.

- La mejor fuente de grasa es el aceite de oliva: no cambia el sabor de la leche materna y aporta al recién nacido ácidos grasos monoinsaturados, beneficiosos para la estructura de todas las células.

- Por último, no nos olvidemos de la importancia de los omega 3, ácidos grasos esesnciales contenidos, sobre todo, en el pescado, e importantísimos para el desarrollo crebral del pequeño.

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