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Lactancia: qué medicamentos se pueden tomar

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Durante la lactancia, hay medicamentos que están contraindicados, otros que se puede tomar con precaución y otros que son seguros. ¡Conócelos!

​ La mayoría de los fármacos se pueden considerar seguros, ya que sólo pasan a la leche en cantidades insignificantes, y la mamá puede seguir dando el pecho, naturalmente, con el estricto control del médico. Sin embargo, en algunos casos, los medicamentos están totalmente contraindicados.

Los medicamentos contraindicados
Los medicamentos que no se pueden tomar si se da el pecho son los fármacos basados en sustancias cuya potencial peligrosidad para el niño ha sido demostrada por los estudios científicos, o bien razonablemente sospechada. Estos fármacos son muy pocos, pero imponen la suspensión de la lactancia. Los principales son los siguientes.

- Los antitumorales. Los fármacos que contienen radioisótopos, es decir, sustancias que comportan la liberación de radiación en el organismo, hacen imposible la lactancia.

- Los psicotrópicos (para psicosis agudas). Los principios activos de estos fármacos son el plomo y el litio que, si pasan a la leche, podrían interferir en el sistema nervioso del pequeño o alterar su comportamiento.

- Los anticonceptivos a base de estrógenos. Si bien en pequeña cantidad, podrían pasar a la leche materna, interfiriendo en el crecimiento del bebé y provocándole leves efectos de "feminización". Sí se pueden tomar anticonceptivos a base de progestínicos.

- Los antidepresivos y antiepilépticos en dosis elevadas. No existe una contraindicación absoluta, pero, si se toman en cantidades muy elevadas, puede ser necesario suspender la lactancia. Podrían interferir en los ritmos fisiológicos del pequeño (somnolencia, inapetencia, etc.).

Los medicamentos que hay que tomar con precaución
Los efectos de algunas sustancias no se conocen totalmente. Por lo tanto, no pueden catalogarse ni como peligrosas, ni como seguras al cien por cien. El médico debe administrar estos fármacos a la mamá lactante con cautela. Son un ejemplo de esta categoría los fármacos psicoactivos, que actúan sobre el sistema nervioso (como los antiepilépticos, los antidepresivos y los tranquilizantes).

Los medicamentos seguros
Son los fármacos compuestos de sustancias que no pasan a la leche o que no son absorbidas por el intestino del lactante, o bien los que carecen de efectos perjudiciales para el organismo del niño. Es el caso, por ejemplo, de la heparina (un antitrombótico). También son seguros gran parte de los antibióticos.

Los medicamentos para trastornos temporales
En el caso de la mamá sufra un trastorno pasajero, siempre consultando con el pediatra, puede tomar algunos medicamentos. Te ofrecemos unas indicaciones generales.

- Resfriado y gripe. Se puede tomar paracetamol con total tranquilidad, o bien ácido acetilsalicílico a dosis bajas durante un período de tiempo breve.

- Infecciones bacterianas. Los antibióticos de uso común (por ejemplo, los aminoglicosídicos, la penicilina y la cefalosporinas) pueden utilizarse con toda tranquilidad, siempre bajo prescripción médica.

- Sustancias que hay que evitar. Las tetraciclinas, el cloramfenicol, las sulfamidas, los quinolónicos de nueva generación, el antihistamínico clemastina, las sales de oro (para la artritis reumatoide), los corticoesteroides y la ergotamina (contra la migraña).

Los medicamentos para las enfermedades crónicas
En líneas generales, éstos son los criterios básicos a los que atenerse, en el caso de las patologías más comunes.

- Anemia. Si bien son inocuos para el niño, los complementos de hierro podrían provocarle trastornos en la barriga.

- Diabetes. La insulina puede ser administrada con total tranquilidad a la mujer lactante. Aunque pasa a la leche materna, esta sustancia se destruye en el tracto intestinal del bebé.

- Epilepsia. Gran parte de los fármacos antiepilépticos pueden consumirse con tranquilidad durante la lactancia, puesto que no comportan efectos secundarios peligrosos para el pequeño.

¿Y en caso de anestesia, radiografías y prótesis mamaria?
- Anestesia. Si resulta imprescindible someterse a un tratamiento odontológico que comporte la administración de anestesia local, no hay que suspender las tomas, dado que las sustancias que componen la anestesia no pasan a la leche. En el caso de una intervención quirúrgica que comporte una anestesia general, al despertar, se puede poner al niño al pecho con total tranquilidad, y no hay necesidad de extraerse la primera leche, como se hacía años atrás.

- Radiograífías. No son en absoluto peligrosos, puesto que no provocan radiactividad en la leche materna ni pueden alterar su calidad, aunque los rayos X se dirijan cerca del pecho.

- Escintografía. Las sustancias radiactivas inyectadas pueden pasar a la leche, si bien sólo de forma temporal. Por tanto, es necesario suspender la lactancia durante un período de tiempo que el médico debe establecer en función del caso.

- Prótesis mamaria. Si se trata de una prótesis «de relleno» con fines estéticos, el tejido glandular no está afectado, por lo que se puede dar el pecho. Sin embargo, si la intervención ha alterado la estructura glandular de la mama (en general, después de una mastectomía parcial o total), no se puede lactar.

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