Mi bebé y yo

¿Llora y no puedes calmarle? Tres sugerencias para ti

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El llanto es un indicativo de vitalidad del bebé que acaba de nacer, una señal de que es fuerte, está sano y es capaz de hacerse oír. Cómo evitar perder la calma cuando su llanto es inconsolable.

​​​El llanto del bebé siempre despierta la alerta en la mamá. Es importante que se manifieste, puesto que es uno de los sistemas más importantes que el bebé tiene para comunicarse. Durante muchos meses, el llanto seguirá siendo su principal forma de comunicarse, de expresar necesidades o simples deseos. Aceptar y entender su "lenguaje" será uno de los desafíos más grandes para la nueva mamá.​

Sugerencias para no perder la calma cuando llora

- Conocerse para entenderse. La tentación de aplacar el llanto lo antes posible es muy fuerte y, muchas veces, se intenta acallar al bebé incluso antes de saber por qué está llorando, poniéndole el chupete o el pecho en la boca. Hay que aceptar la idea de que se necesita un poco de tiempo para conocerse y comprenderse. Esto significa que hay que coger al pequeño en brazos para mirarle, observarle y tratar de descubrir qué le ocurre. Naturalmente, la respuesta no tiene por qué ser inmediata. Sobre todo, en los primeros días, la mamá puede sentirse desorientada si el bebé llora continuamente. Pueden hacer falta unas semanas para empezar a compenetrarse con el pequeño y averiguar qué necesita para recibir consuelo.

- Responde siempre, aunque te lo pida muchas veces. Se calcula que, alrededor de las seis semanas, un bebé llora dos horas al día de media, incluso cuatro, en ciertos casos. A partir de los tres meses, el llanto se reduce progresivamente, hasta convertirse en un instrumento de comunicación más. Sin embargo, todos los niños son diferentes, y no hay duda de que unos lloran más y otros, menos. Pero, incluso si se trata de un niño muy exigente, no hay que tener miedo a malacostumbrarle.
El llanto siempre requiere una respuesta y una presencia. En los tres primeros meses, el bebé llora aunque sólo sea para oír voces a su alrededor o para que le cojan en brazos. Aunque grite muy fuerte, esto no significa que tenga una necesidad vital, si bien siempre hay que atenderle; de lo contrario, podría ser contraproducente para el pequeño.

- Ten paciencia si no puedes calmarle. El siguiente paso es admitir que, a veces, no se puede hacer otra cosa que estar ahí, aunque esto puede poner a prueba la capacidad de aguante. A las mamás les cuesta aceptar el hecho de que no siempre pueden satisfacer las necesidades expresadas por el niño en ese momento.
Cuando se da esta situación, hay que intentar no perder los nervios: con sólo unos días, los bebés tiene las "antenas" muy sensibles y se dan cuenta de si hay tensión a su alrededor, lo que, por supuesto, no contribuye a calmarles. Pero, para no alarmarse, es importante saber que el llanto intenso y prolongado no indica la presencia de ninguna enfermedad. En cambio, si el pequeño está verdaderamente mal, tan sólo lloriquea y se queja.


 

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