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Mi bebé y yo

¡Ayúdale a crecer!

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Hablarle a menudo, regalarle tiempo y atención, leerle cuentos, elogiarle cuando se porta bien, imponer pocas reglas, pero claras… Te explicamos qué puedes hacer para garantizar su bienestar y animarle en sus progresos.

La investigación lo ha confirmado: los niños nacen competentes y equipados para interactuar. Ya se acabaron los tiempos en los que se recomendaba dejar a los recién nacidos en la penumbra y en silencio. Hoy en día, ya se ha entendido que los bebés necesitan estímulos, reacciones e intercambios. Desde las primeras horas, los bebés demuestran predilección por las caras y las voces humanas. Están programados para la comunicación, una actividad que, en los primeros meses, consiste, sobre todo, en escuchar y en encontrar la mirada de los demás.

Por lo tanto, ¿qué pueden hacer los papás para estimular al niño correctamente? Te explicamos cuáles son los estímulos precoces que benefician el desarrollo del pequeño.



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Habla con él

Las diferencias en el aprendizaje empiezan en la primera infancia. os niños que escuchan un número de palabras relevante en sus primeros años saben identificarlas más rápidamente, acumulan un vocabulario más amplio y aprenden a leer y a escribir más fácilmente.

Para estimular el desarrollo verbal de tu hijo, no se necesitan métodos costosos. ¡Sólo hay que hablarle! ¿Cómo? Al principio, utiliza el baby talking, el lenguaje que los adultos adoptan instintivamente para comunicarse con los bebés, que hace hincapié en las vocales y acentúa las expresiones del rostro.

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Leéle muchos cuentos

Leer cuentos en voz alta y recitar poemas y canciones infantiles tiene efectos positivos. Aumenta la capacidad cognitiva y del lenguaje, y favorece el aprendizaje escolar. En definitiva, pone al niño en una situación ventajosa durante los seis o siete años posteriores. La repetición de las historias ayuda a recordar tanto las palabras como las relaciones semánticas y gramaticales entre ellas.

Los primeros libros deben ser manejables, grandes y llenos de ilustraciones que guíen el relato de la mamá. No hay que intentar dirigir demasiado al pequeño con estímulos, sino darle tiempo para descubrir qué le interesa más y seguirle en su recorrido. Hay que dejar que sea él quien pase las páginas. Recuerda que tu presencia es el valor añadido de la lectura.

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Escúchale
Es importante dedicar tiempo a observar al niño para aprender a descifrar sus mensajes y a responder a sus demandas: consolarle si está triste, animarle cuando está frustrado, y compartir su pequeñas alegrías y su entusiasmo.

Cuando son padres, los hombres y las mujeres  adquieren una especial habilidad para interpretar el llanto y las expresiones faciales del recién nacido. Se demuestran más hábiles a la hora de identificar las emociones de bebés vistos en fotografías, y pueden, incluso, identificar los distintos grados de malestar y de sufrimiento.

 

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Mantén la casa abierta
En la era del hijo único, es importante que a un niño nunca le falte la posibilidad de interacción social, más allá del estrecho contacto con sus papás y sus abuelos. Según un estudio reciente, vivir en un grupo numeroso y estructurado estimula las áreas del cerebro (la amígdala y algunas partes de la corteza cerebral conectadas con ella), que se encargan de los mecanismos de relación con los semejantes.

El mensaje que debes transmitir a tu hijo es que el mundo está lleno de amigos, que tiene que descubrir y conocer, y no de enemigos de los que
deba defenderse. Por lo tanto, vía libre a las ocasiones de socialización y a la asistencia a la guardería.

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Ayúdale a creer en sí mismo
Elógiale cuando lleva a cabo una tarea o se porta bien y enséñale a resistir ante las dificultades.

El elogio es beneficioso siempre que se administre bien y se refiera a un comportamiento verdaderamente meritorio, y no se exprese de forma rutinaria. En definitiva, como todas las cosas que tienen valor, no debe exagerarse. Los elogios siempre deben dirigirse a los comportamientos, y no al niño en su conjunto. Es preferible decir: “Has hecho un dibujo muy bonito” que “Eres el mejor de todos dibujando”. Lo que hay que valorar no es tanto el resultado como el esfuerzo por conseguirlo. 

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Hazle muchos mimos
Darle besitos en la barriga, cogerle en brazos, piel con piel, y acunarle son acciones naturales, que derivan del enamoramiento recíproco que se instaura entre la mamá y su bebé en las primeras semanas de vida.

La necesidad de contacto es una cuestión de supervivencia biológica. La obra de John Bowlby, publicada después de la Segunda Guerra Mundial, es ya todo un clásico. Habla de la fragilidad del sistema inmunitario de los bebés ingresados en los orfanatos, en condiciones de total privación de ternura y mimos, hasta el punto de tener influencia en la tasa de mortalidad. 

Déjate guiar por tu instinto y por el placer de contacto con tu hijo. Mimarle, acariciarle y masajearle debe ser un placer para ambos. Además, los besos y las caricias de la mamá relajan al bebé cuando está nervioso y alivian los cólicos.

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