Mi bebé y yo

¿Guardería o la búsqueda de trabajo?

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El coste excesivo de los centros privados, obliga a la joven mamá a buscar una plaza en un jardín de infancia público para intentar construirse un futuro laboral.

Las vacaciones son ahora un recuerdo lejano, se vuelve a la cotidianidad y nuestros pequeños afrontan un gran paso en su crecimiento: el inicio de la guardería. Es este momento en el que a nosotras, las mamás, nos inunda una ola de sentimientos contradictorios, que van desde el inevitable sentimiento de culpa a la resignación dictada por la necesidad. Pero ¿qué pasa cuando la decisión le corresponde a una joven mamá que, además de querer estar con su bebé, también querría construir su futuro laboral? En este caso, los costes prohibitivos de las guarderías dificultan la inserción del niño en una estructura privada, por lo que es necesario esperar entrar en las listas para los centros públicos, que en los últimos años son realmente largas.

La decisión de mandar a la guardería al niño, para una joven mamá desempleada, es una exigencia derivada por el deseo y la necesidad de garantizarse un futuro para ella misma y para su hijo, sin dejar que pasen demasiados años desde la finalización de los estudios. Obviamente, no faltan ni pros ni contras para la elección de la guardería. Sin duda, el niño estará más expuesto a riesgos de enfermedades infecciosas, pero, según los expertos, se aceleran los procesos de “aprendizaje inmunológico” y, en definitiva, el fortalecimiento de las defensas inmunológicas.

A veces, es todavía más problemática la separación de la mamá, a menudo vivida como una especie de abandono. En general, el drama se experimenta por ambas partes: el pequeño llora, la mamá no consigue irse y el pensamiento de saber que pueda estar mal la persigue. Al final del día, sobre todo al principio, el niño se muestra particularmente posesivo con ella: quiere estar en brazos, se vuelve más caprichoso, y a menudo irritable y agresivo. Sin embargo, para muchos niños, la guardería es un lugar extremadamente estimulante que les permite socializarse más rápidamente y tener menos problemas en el futuro colegio.

Para las mamás, éste será un período muy duro, dividido entre las dificultades de buscar un trabajo que se adapte a su rol de madre y el pensar en su hijo que se queda en la guardería. Sería bueno poder contar con la ayuda de los abuelos y confiarles a nuestro hijo, pero ser joven hoy en día no es del todo positivo, porque a los 50 años la jubilación todavía está lejos.  

En este caso, enviar al niño a la guardería, por lo tanto, no es una decisión tomada con el fin de mejorar su desarrollo psicológico e intelectual, sino que deriva de la necesidad de los padres de dejar al niño debido a las exigencias laborales y a la ausencia de los abuelos. Pero, con tiempo, un poco de paciencia y tenacidad, se podrá recuperar el equilibrio justo; para las mamás jóvenes todo es más complicado, pero valdrá la pena haber luchado tanto.

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