Mi bebé y yo

Así cambia nuestra vida el "recién llegado"

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Durante nueve meses todos están pendientes de nosotras, pero tras dar a luz ya no tenemos tiempo para nada que no esté relacionado con nuestro hijo. Pero ¡todavía nos podemos salvar!

Lo primero y lo más útil que puedes hacer es enfrentarte a los hechos: se acabó el tiempo en el que todos estaban a nuestro alrededor, preocupándose, sonriendo, midiéndonos la barriga, y haciendo todo lo que les pidiéramos. Durante nueve meses, hemos sido el centro de atención. Y ahora que el bebé ya ha nacido, allí están todos, familiares y amigos, alrededor del cochecito para lanzar gritos de asombro, haciendo muecas, discutiendo parecidos con ramas desconocidas de nuestra familia. Y, a veces, incluso se olvidan de saludar a la nueva madre, aunque esto nos podría aliviar... ¡porque nadie se dará cuenta de que estamos despeinadas, con ojeras y con manchas de leche dispersas!

Todo el mundo nos había advertido, todos nos lo decían y nosotras, en cambio, saltábamos de alegría, teníamos un ingenuo optimismo y éramos felices con nuestra hermosa barriga y no queríamos creerlo... Pero no te asustes, sólo estamos viviendo la misma experiencia que tantas madres han vivido antes que nosotras: simplemente nos hemos convertido en madres. Las primeras semanas con un recién nacido son una experiencia que no es ciertamente "tranquila". Nuestras energías son sólo para él, pero ¿y nosotras? Nada, ya no existimos, o mejor, existimos para otros, básicamente, sólo existes como una fuente primaria de alimento para el recién nacido. Y aquí empieza la avalancha de preguntas: “¿Tiene suficiente leche?”, “¿Se coge bien?”, “¿Cuánto pesa?”, “Si no duerme, ¿no será que tiene hambre?". Y así sucesivamente... Ahora, el tiempo que podemos dedicarnos a nosotras mismas es realmente muy poco, nuestra apariencia empieza a ser peor, estamos cansadas, todo nos da pereza. Si pasamos al lado de un espejo, lo notamos... Quizá, recordaremos tiempos mejores, cuando podíamos tomar un baño largo y silencioso en casa, ponernos la crema tranquilamente, irnos a cortar el pelo y una noche de sueño sin interrupciones...

Ahora, no podemos tener sueños y todas las cosas se quedan a un lado, aunque sólo momentáneamente. Nuestros días transcurren entre llantos, tomas y cambios de pañal. Pero, si somos pacientes y tenaces, al cabo de unos pocos días, el niño cogerá un ritmo más "vivible", durmiendo entre tomas, permitiéndonos descansar o llamar por teléfono a una amiga. Y nuestro pequeño será  "nuestro cómplice" para ir de paseo, porque los niños necesitan tomar un poco de aire. No olvidemos la inestimable colaboración de las madres y suegras que pueden aligerar nuestra jornada ayudándonos con el pequeño o con las tareas domésticas, lo que nos permitirá relajarnos un poco. Así, encontraremos el tiempo y las energías para preparar una cena especial de vez en cuando, algo muy sencillo pero especial para nosotros y para nuestro socio "abandonado”. No hay que olvidar que las primeras semanas te cambian la vida y son las más difíciles, pero tampoco que, en unos días, miraremos a nuestro bebé y pensaremos: "¡Valió la pena!"

¿Lograrán nuestras lectoras encontrar tiempo para contarnos cómo van las primeras semanas? Si no, siempre pueden "obligar" a papá a escribirlo.

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