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El andador es una sillita montada sobre una amplia base provista de ruedas y puede ayudar al pequeño en sus primeros intentos de desplazarse de pie. Se puede usar entre los seis y los 15 meses y, en cualquier caso, no después de los 18 meses.
Si se decide adquirir un andador, ha que usarlo con moderación y sólo de forma esporádica. De hecho, si, por un lado, puede ser útil en las situaciones en las que no se puede controlar al niño, por otro lado, también puede representar algunas desventajas:
- Obliga a permanecer sobre las puntas de los pies, una posición anómala que, con frecuencia, se mantiene de forma prologada en los meses posteriores.
- Retrasa la natural adquisición del gateo, es decir, el movimiento preparatorio para caminar.
- Impide al niño experimentar alguna caída y desarrollar el sentido del equilibrio y de la prudencia.
- Le impulsa a recorrer algunas etapas del desarrollo motor que no corresponden a las de su desarrollo psicológico: sus primeros pasos no son la expresión de sus ganas de explorar, sino el resultado de un proceso mecánico.
Por consiguiente, lo que puede parecer un instrumento para acelera la conquista de la autonomía y que, por otro lado, suele divertir muchísimo al niño, corre el peligro de convertirse en un medio que obstaculice su crecimiento armónico, sin mencionar los accidentes provocados por choques o vuelcos.


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