Mi bebé y yo

Abrazos maternos: los consejos de la matrona

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Coger a nuestros hijos en brazos refuerza el apego, lo que ayuda no sólo al desarrollo de la inteligencia, sino también al buen crecimiento fisiológico. La matrona te da algunos consejos sobre ello. 

Los hijos piden brazos al estar cansados, si tienen sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan e, incluso, por motivos que sólo ellos conocen. En estos momentos, en los cuales la madre o el padre cogen al niño, nunca falta una voz cercana que diga: "Lo vas a malcriar". Esta idea tan extendida en la población occidental, ¿en qué se basa? Los argumentos populares que apoyan esta idea suelen ser los siguientes: coger en brazos al niño lo malcría, ya que sirve para darle gusto; si le das a tu hijo lo que le gusta, nunca dejará de pedirlo porque se volverá adicto; los niños piden los brazos por capricho, para molestar. Estos argumentos son fácilmente rebatibles: 

• Cuando se coge a un niño en brazos, ¿es para darle gusto al niño o a nosotros mismos? ¿Acaso el bebé que juega plácidamente con sus manos y sus pies en la cuna le está pidiendo al abuelo que lo coja? 

• Respecto al segundo argumento, ¿se ha visto algún bebé adicto a la sillita de paseo? ¿O a un niño de 12 años pidiendo a sus padres que lo cojan en brazos? 

• Y, finalmente, el tercer argumento implica proyectar en el niño sentimientos adultos que no corresponden al propio niño. Quien lo considera un capricho es el propio adulto, no el niño. 

¿Qué es el apego? 
Esta dependencia o esta necesidad del bebé de estar en brazos de su madre es el apego. El niño necesita los brazos maternos/paternos para generar confianza en sí mismo, desarrollar su personalidad y su inteligencia. En los tres primeros años de vida, el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de las estructuras que son responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico del resto de su vida. Por lo tanto, el niño necesita sentirse seguro para tener un adecuado desarrollo. 

Consecuencias de la falta de apego 
Sunderlan, experta en psicología y desarrollo del niño, cita un estudio en el que se demuestra que el 76% de las mujeres que no habían sido atendidas cuando lloraban de niñas desarrollaban dificultades digestivas en la edad adulta. También se ha demostrado que el hecho de poner a los niños en sus camas a las pocas semanas de vida aumenta los niveles de cortisol, lo que hace que los pequeños estén más estresados e irritables. 

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Mª del Carmen Mejías Paneque. Licenciada en Antropología Social y Cultural. 

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Comentarios (1)

Pues yo a mis dos primeros hijos los he cogido en brazos todo lo que he podido, es más, hasta hace poco he seguido cogiendo a mi niño de cinco años (entre lo que pesa y mi barriga ya no puedo con él) y cuando llegue el tercero dentro de cuatro meses haré lo mismo, no hay nada mejor en el mundo que coger a tu bebé y sentirlo cerquita de tí:)