Mi bebé y yo

El masaje infantil

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El masaje piel a piel crea una continuidad con las sensaciones que el bebé experimentó en el vientre materno, y responde a su fuerte necesidad de contacto y tranquilidad. Aquí tienes una guía sobre cómo hacer los ejercicios.  

La leche materna es el alimento para el cuerpo del bebé y le asegura un crecimiento óptimo. Los mimos, el contacto y las caricias son el alimento para el alma. El masaje es una importante forma de comunicación, una oportunidad para profundizar la relación y el intercambio afectivo entre los padres y sus hijos, además de tener efectos positivos en su desarrollo físico. Concretamente:

- Garantiza un estado de bienestar y de relajación, ya que estimula la producción de hormonas relajantes, como las endorfinas o la oxitocina, y ayuda al bebé a descargar y aliviar la tensión que le producen las situaciones nuevas, el estrés o las pequeñas molestias.

- Estimula, fortalece y regulariza el sistema circulatorio, respiratorio, muscular y gastrointestinal.

- Acelera la maduración del sistema nervioso.

- Influye sobre los niveles de ACTH, la hormona del estrés, y, por lo tanto, puede convertirse en una ayuda para los trastornos en el ritmo entre sueño y vigilia.

- Favorece la conciencia del propio cuerpo y la formación de una imagen positiva de sí mismo.

¿Cuál es el momento adecuado?

Algunas mamás asocian el ritual del masaje al baño o, a veces, al cambio de pañal. Otras se reservan esta cita para la hora de acostarlo por la noche. De hecho, no hay un momento “ideal”: cada padre tendrá que basarse en las características de su bebé y las “señales” que le envía. Generalmente, el bebé aprecia más que lo toquen cuando se encuentra en un estado de “vigilia tranquila”, es decir, cuando no está durmiendo ni reclamando la toma.

Una vez determinado el momento “justo”, dado que el bebé no tiene muchas referencias de espacio y tiempo y necesita una cierta “rutina”, el masaje podrá convertirse en una cita diaria que se repita siempre con el mismo ritual.

Respecto a los papás, tendrá que tratarse de un momento tranquilo, libre de distracciones externas y ruidos de fondo (la radio, la televisión, etc.) y en el que se excluyan otras ocupaciones (tal vez, convenga desconectar el teléfono) y se dediquen exclusivamente a su bebé. Antes de empezar, se sugiere a la mamá o al papá que adopten una postura cómoda y relajen el cuello y los hombros haciendo respiraciones profundas. Durante la inspiración, se puede visualizar un pensamiento positivo que se quiera hacer propio, mientras que, cuando se espira, se intentan alejar las preocupaciones. Después de quitarse los anillos o las pulseras que puedan molestar al bebé y haber calentado las manos con aceite, por ejemplo, de almendras, antes de tocar al pequeño es necesario “pedirle permiso” mirándole a los ojos. Será suficiente una frase, como: “¿Puedo hacerte un masaje en las piernecitas?”, y mostrarle las manos mientras se frotan con el aceite. Esta petición nos recuerda que debemos escuchar al bebé, prestar atención a las señales y a sus reacciones, y estar preparados para posponer o interrumpir el masaje si muestra que no le gusta.

El ambiente tiene que ser tranquilo y acogedor, con una iluminación suave y una temperatura agradable, de modo que el pequeño, una vez desnudo, no pase frío.

La posición de la madre y el bebé

La mamá o el papá se arrodilla en el suelo y el bebé se coloca boca arriba frente a él o ella, ambos sobre una alfombra suave. Durante el masaje, las miradas se encuentran, y éste es un elemento importantísimo que contribuye a reforzar el vínculo. Si el bebé es muy pequeño y se encuentra en posición supina sin ningún punto de apoyo o contención, es posible que se sienta perturbado por algunos reflejos innatos propios del bebé, como el reflejo tónico del cuello (debido al cual gira la cabeza hacia un lado en lugar de mantenerla de frente), o el reflejo de Moro, que hace que extienda los brazos. Para evitar estas reacciones, y hacer que el bebé, que tiene poca conciencia sobre sus propios límites físicos, se sienta “contenido”, lo ideal sería la posición “de cuna”.

Se consigue de la siguiente manera: el padre o la madre se sienta en el suelo con las rodillas separadas y flexionadas y la espalda apoyada a una pared o un mueble, con las plantas de los pies tocándose entre sí. El espacio que se crea entre sus piernas (que se puede cubrir con una manta) constituye una especie de cuna, donde el bebé se sentirá más recogido y protegido. Como alternativa, si esta postura resulta incómoda, se puede utilizar un cojín “nido”, realizado con materiales naturales y aconsejado para dar el pecho más cómodamente.

Cómo proceder a hacer el masaje

PIERNAS Y PIECECITOS

Sigue con el pulgar la planta del piececito del bebé, desde el talón hasta la base de los dedos, presionando ligeramente. Puede ser que al bebé no le guste el contacto porque le recuerde a la extracción de sangre del talón, un análisis que se hace antes de que salga del hospital. En este caso, se procederá gradualmente, primero tocándolo suavemente y habituándolo poco a poco a una caricia más firme.

ESPALDA

Puede ser particularmente útil para relajar al bebé y hacer que se duerma, ya que se parece a la posición en la que duerme: si durante el masaje se queda dormido en posición prona, será necesario girarlo delicadamente sobre su espalda, tal y como sugieren las directrices para la prevención del SMSL, es decir, el síndrome de la muerte súbita en lactantes. El masaje se debe hacer evitando la columna vertebral: lo ideal, por lo tanto, es utilizar la técnica del “peine”, pasando los dedos de la mano separados desde la cabeza del bebé hasta las piernas, con un movimiento dulce y suave.

BARRIGA

Debe ser tratada de forma delicada y sólo si el bebé da muestras de que le guste, con una caricia que se vaya haciendo más firme poco a poco. En caso de que el bebé sufra de cólicos, dificultad de evacuar o de expulsar el aire, el masaje se tiene que efectuar siempre en el sentido de las horas del reloj (si el bebé está en posición supina de frente a la mamá, ella moverá las manos de izquierda a derecha), siguiendo la dirección del intestino, bajo la caja torácica. Si, en cambio, el bebé sufre de diarrea, el masaje tendrá que hacerse en el sentido contrario a las agujas del reloj, es decir, contrario a la dirección de la persitalsis intestinal.

CARA

Si al bebé le gusta particularmente el contacto, para relajarlo y prepararlo para dormir, después de haberle masajeado las piernas y los piececitos, se podrá proseguir con el rostro. Primero, se masajean la boca y la nariz, después, se continúa con un movimiento delicado sobre los párpados, cepillándolos suavemente con los dedos, y se sigue con un masaje de las cejas a la nariz.

Más allá de los primeros meses

El masaje es una forma de comunicación que no se limita a los primeros meses: también cuando el pequeño crece, sigue siendo una ocasión muy valiosa para mimarlo y estar con él de una manera especial. A partir del segundo año de vida, el masaje adquiere un valor lúdico.

He aquí un ejemplo de masaje-juego: la mamá es la pizzera y el niño… ¡La pizza! El pequeño está estirado sobre la espalda y la mamá prepara la pasta de la pizza, “amasando” al niño con un decidido masaje sobre la espalda; después, la masa se suaviza muy bien acariciando la espalda y girándola, haciendo que el niño ruede desde la espalda al lado y después de nuevo hacia la espalda. Después, se añaden varios ingredientes a la masa (tomate, mozzarella, etc.), cada uno de ellos acompañado de una manera de tocarlo con los dedos diferente cada vez. Y al final, cuando la pizza está lista, la mamá se la come… ¡a besos!

Cuando el bebé no se siente bien

El masaje también puede ser útil en los casos en los que el bebé esté sufriendo algunas molestia leves, como un resfriado o los cólicos, esos dolores de barriga que normalmente se presentan de noche y que provocan un llanto prolongado, difícil de calmar.

SI EL BEBÉ SUFRE DE CÓLICOS

En este caso, la barriguita debe ser masajeada preferiblemente dos veces al día (lejos de los momentos de “crisis”), durante al menos dos semanas. Además del “tradicional” masaje en el sentido de las horas del reloj, se puede probar este otro ejercicio: tomando los piececitos del bebé, acompaña sus rodillas con movimientos delicados hacia la barriguita y, ejercitando una leve presión, efectúa un movimiento circular (siempre desde la izquierda a la derecha) y luego extiende las piernecitas. Repite el movimiento varias veces.

Si acompañas este gesto con la voz, utilizando una simple fórmula (por ejemplo, “uno, dos, tres, ¡op!”), el bebé se divertirá y además incluso aprenderá los pasos del ejercicio y anticipará los movimientos con las piernecitas.

SI TIENE UN RESFRIADO

Cuando un bebé muy pequeño se despierta a menudo debido a un resfriado, el mejor remedio es darle el pecho, ya que la succión ayuda a descongestionar su nariz. En este sentido, el masaje puede ser también una ayuda, haciendo movimientos delicados desde el puente de la nariz hacia los pómulos. Otro ejercicio consiste en dibujar pequeños círculos en torno al pabellón auricular para luego descender con los dedos hacia la barbilla.

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