Mi bebé y yo

Boca del bebé: aftas, muguet y estomatitis herpética

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La boquita del bebé es el blanco de virus y bacterias. Enrojecimiento, llagas, escozor o picor...  Así, puedes reconocer la presencia de una infección.

Para un niño, la boca es una parte importante del cuerpo, que le permite conocer el mundo. De hecho, en los primeros meses, se lleva instintivamente los objetos a los labios, para descubrir sus características. Sin embargo, la boca también es una puerta de entrada para los virus y las bacterias presentes en el ambiente: las sustancias desinfectantes contenidas en la saliva no siempre son suficientes para defenderla. Te explicamos los trastornos que se presentan con más frecuencia.

Manchas blancas en las mejillas: el muguet

En los primeros meses del bebé, pueden aparecer unas pequeñas manchas blancas en el interior de sus mejillas, de consistencia similar a la de la leche cortada. Los tejidos que hay debajo se ven especialmente enrojecidos y, sobre la lengua y el paladar, se puede apreciar una fina pátina blanca.

- Son los síntomas del muguet, una infección por hongos que los médicos definen como micosis. Normalmente, el contagio se produce en el momento del parto, cuando el microorganismo responsable de la enfermedad (la cándida albicans, que forma parte de la flora vaginal materna) pasa al bebé. Los resultados se manifiestan unas semanas más tarde.

- El pediatra puede prescribir suspensiones o geles a base de sustancias antimicóticas, que se deberán aplicar tres o cuatro días seguidos, como mínimo. Los productos se deben aplicar cuatro veces al día sobre las manchas con una gasa estéril, o bien aplicar en el chupete, si el bebé lo utiliza. El pequeño ingerirá parte del fármaco, lo que facilitará la eliminación de los hongos que hubieran podido llegar al esófago. El bebé no corre ningún riesgo, puesto que el antimicótico no se absorbe y actúa únicamente contra los “intrusos”, provocando su eliminación.

- Si el bebé se alimenta al pecho, la mamá puede limpiarse el pezón y la areola con agua y bicarbonato, antes y después de la toma: se creará un ambiente alcalino desfavorable para la supervivencia del hongo. Asimismo, puede aplicarse la pomada antimicótica prescrita al bebé. Las precauciones necesarias para evitar que se instaure un círculo vicioso: la cándida albicans puede contaminar esta zona del cuerpo materno y, durante la succión, el pequeño podría volver a infectarse. Si el niño toma biberón, el chupete y las tetinas deben esterilizarse cuidadosamente después de cada toma.

Llagas dolorosas: se trata de aftas

El interior de la boca está plagado de microlesiones (aftas) que, a veces, llegan incluso a la lengua y la garganta, con un aspecto de puntitos blancos. Son muy dolorosas y el niño tiene dificultades para tragar y comer. A menudo, el pequeño también tiene fiebre, malestar general y dolores musculares.

- Se trata de estomatitis herpética, una infección provocada por un virus (el Herpes simplex de tipo 1), que el niño contrae a través de personas que tienen un herpes labial (ver recuadro). Cuando se sufre por primera vez, el virus no provoca la clásica “fiebre” en el labio, pero puede dar lugar a una infección más generalizada. En algunos casos, no se manifiestan síntomas o se presenta un malestar que se puede confundir con la gripe.

- Es preciso consultar al pediatra, que podrá prescribir antivirales específicos para acelerar la curación. El organismo del pequeño puede eliminar la infección solo (en general, entre siete y diez días), pero el fármaco ayuda a su sistema de defensa. Mientras tanto, es necesario administrarle alimentos frescos y líquidos (no ácidos, para evitar que le escueza), ya que son más fáciles de tragar. Si la deglución es muy dolorosa, el médico puede prescribir colutorios o caramelos a base de anestésicos suaves.

- En ocasiones, las aftas se manifiestan sobre la lengua, con ampollitas sin líquido, rodeadas de un halo rojizo y recubiertas de una membrana blanca. Son las “aftas vulgares”, pequeñas lesiones de las que se desconoce la causa, pero que se suelen presentar con los cambios de estación o en los momentos de cansancio o estrés. No requieren ningún tratamiento, al margen de un colutorio desinfectante suave. Si las ampollas se presentan  a menudo, es preferible hablar con el pediatra, ya que podrían ser el síntoma de una carencia de ácido fólico o hierro, por lo que el pequeño podría sufrir una leve anemia, o bien podría tratarse de un síndrome de malabsorción, como la celiaquía.

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