Mi bebé y yo

El recién nacido: sus 5 sentidos

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Vista, oído, tacto, gusto, olfato... ¿Cómo están desarrollados los sentidos del bebé en el momento de su nacimiento? ¿Y a qué controles tendrá que someterse para verificar si funcionan correctamente?

¿Cuál es el grado de desarrollo sensorial?

En el bebé recién nacido, el sentido menos desarrollado es la vista, ya que es el menos utilizado dentro del vientre materno, aunque estudios más recientes han demostrado que hay una cierta cantidad de luz que penetra también a través de la barriga. En cambio, el tacto, el gusto, el olfato y el oído están suficientemente desarrollados. En el feto se desarrollan, además, justo en este orden. La primera sensibilidad en ser adquirida, entonces, es la táctil (entorno a la semana siete u ocho de embarazo), mientras que el último sentido en desarrollarse es el oído (hacia la semana 25 ó 26).  

¿Cómo es de sensible su piel?

Lo que generalmente llamamos tacto se compone, en realidad, de tres niveles de sensibilidad: táctil, térmica y dolorosa. En el recién nacido, la menos desarrollada es la sensibilidad térmica, dado que la temperatura a la que estaba habituado, inmerso en el líquido amniótico, era bastante estable. Las sensibilidades táctil y dolorosa están más avanzadas, esta última no porque el feto haya tenido experiencias anteriormente, sino, probablemente, porque se trata de una función importante para la adaptación a la vida extrauterina y se desarrolla a partir de las primeras semanas de gestación.

Al bebé le gusta mucho ser acariciado y masajeado, así como ser acunado: la sensibilidad vestibular (la que le proporciona la sensación de equilibrio) es muy aguda en el neonato, porque, en el feto, se desarrolla ya al principio del segundo trimestre de embarazo. Por otra parte, el movimiento es algo con lo que el pequeño convive constantemente dentro de la barriga, acunado por la misma respiración de la mamá.

¿Advierte el bebé los olores?

En la semana 11 de embarazo, la formación de los receptores olfativos del feto ya está completa y, un poco más adelante, se forman las fosas nasales (semana 15). Es el motivo por el que, a pocas horas de su nacimiento, el pequeño ya es capaz de percibir el olor de su mamá. Así es como consigue reconocer el olor de la leche materna, distinguiéndolo del de las otras mujeres.

¿Y es capaz de apreciar los sabores?

Las papilas gustativas se forman entre las semanas 12 y 13 del embarazo. Hacia el final del tercer trimestre, el pequeño ya es capaz de sacar la lengua para “probar” el líquido amniótico, percibiendo el sabor de los alimentos que ha comido su mamá. Esto es por lo que, cuando nace, el sentido del gusto ya está bastante desarrollado. Los sabores que más le gustan son aquellos a los que ha estado habituado a lo largo de los nueve meses de gestación. La recomendación para las mujeres que dan el pecho, por lo tanto, es que mantengan una alimentación similar a la que tuvieron durante el embarazo, para que la leche continúe teniendo un sabor que le guste al pequeño.

¿Consigue distinguir los sonidos?

Cuando nace, el bebé ya es capaz de reconocer con bastante claridad los sonidos y los ruidos que le llegaban cuando estaba en la barriga, especialmente, en el último trimestre de embarazo, si bien de forma un tanto ahogada. Lo que más le atrae son las voces, especialmente la de su mamá. También el latido del corazón de la madre lo tranquiliza mucho. Algunos estudios han determinado que, en general, los neonatos aprecian la música, con una predilección por los clásicos respecto al rock.

El primer control de audición se efectúa normalmente poco después del nacimiento, con la llamada prueba de emisiones otoacústicas (EOA). Se trata de un examen muy simple, que se hace con un pequeño auricular situado en el conducto auditivo del neonato, a través del cual se registran las ondas emitidas por el oído del bebé como respuesta a un estímulo sonoro, para hacer un primer acercamiento a las capacidades auditivas del bebé. Le corresponde al pediatra, por lo tanto, volver a controlar clínicamente el oído en las visitas sucesivas, a medida que el bebé crece.

¿Y ya puede ver bien?

Los ojos del feto se desarrollan entre el primer y el segundo trimestre de embarazo; y los movimientos oculares tienen lugar ya entre la semana 15 y 17 de gestación, mientras que los párpados permanecen cerrados hasta la semana 22 ó 23. Cuando nace, el bebé puede enfocar y ver bien lo que se le presenta a una distancia de entre 20 y 40 cm, que, además, es la distancia entre la cara de la mamá y la del pequeño durante la toma. El resto lo percibe desenfocado.

Lo que más le atrae son las características de los rostros humanos, pero también los contrastes (blanco y negro), los colores muy fuertes (especialmente, el rojo)  y las figuras en movimiento. El recién nacido es perfectamente capaz de seguir alguna cosa con la mirada, girando los ojos, siempre que esté bien cogido. Es decir, no debe tener que controlar ni su movimiento ni su postura, y puede, por lo tanto, concentrar toda su energía en la atención visual.

El control de los ojos en los primeros días de vida consiste en un test llamado “test del reflejo rojo”; una prueba que sirve para detectar problemas importantes, como las cataratas, el glaucoma u otras patologías graves. Se utiliza la transmisión de una luz roja de un oftalmoscopio, que, reflejada en el fondo del ojo, es enviada de vuelta. Cualquier alteración en el retorno de este reflejo rojo indica que hay algo que no va bien.

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