Mi bebé y yo

Reflujo y regurgitación: ¿qué hacer?

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Tu bebé acaba de tomar el pecho, pero la leche le ha vuelto a subir. ¿Es normal? ¿Por qué ocurre? ¿Cuáles son las precauciones más útiles para aliviar esta molestia? Todo sobre el reflujo y la regurgitación.

En el primer año de vida, la regurgitación es un fenómeno fisiológico, debido a la inmadurez del aparato digestivo y sobre todo del cardias, la válvula que impide el retorno de la comida del estómago al esófago y que al principio no se contrae adecuadamente. Las regurgitaciones frecuentes y abundantes pueden preocupar un poco, pero si el bebé está bien, moja siete pañales en 24 horas (con presencia regular de heces), está tranquilo y crece bien, no hay por qué preocuparse. Normalmente, la molestia se resuelve sola a los 7-8 meses, cuando el bebé empieza a comer alimentos sólidos, aprende a estar sentado y el cardias completa su formación.

Al contrario del vómito, la regurgitación no es muy molesta ni dolorosa: la leche sube del estómago con el aire y sale de la boca sin que el pequeño haga ningún esfuerzo. Sólo si la regurgitación se acompaña de un constante malestar y llanto, habrá que consultar al pediatra para descartar posibles problemas.

Cómo aliviar los síntomas

Los bebés que sufren este trastorno pueden mostrarse más agitados y susceptibles, pero existen algunas precauciones que les permiten estar mejor. Veamos cuáles.

- Las tomas de leche

Ofrécele el pecho más a menudo y durante menos tiempo. Si la cantidad de leche tomada durante las 24 horas está repartida en comidas más cortas y numerosas, la digestión es más rápida y el retorno de la leche es menos frecuente.

Busca posiciones más verticales para la toma, con el culito del bebé más bajo que tu estómago, siempre que su cara esté frente al pecho y con la nariz a la altura del pezón. De esta forma, se evitarán lesiones o grietas que pueden provocar dolor durante la toma.

Una buena solución es la posición de rugby, con el cuerpo del bebé debajo de tu brazo, del mismo lado en el que toma el pecho (con los pies hacia tu espalda) y la cabecita a la altura del pecho, apoyada en la mano. También la posición tradicional “de cuna” puede ser mejorada un poco, poniendo su culito en la barriga de la mamá y con un cojín en la espalda.

- El cambio de pañal

Es mejor no cambiarle el pañal después de la toma porque, al levantarle las piernas, se comprime el estómago, facilitando el retorno de la leche al esófago. Lo ideal sería cambiarle antes de la comida. No aprietes demasiado el pañal: dejándole un poco suelto, evitarás comprimir su barriguita.

- El eructo

Para los pequeños que tienen regurgitación, éste es un ritual indispensable. Cuando el bebé ha acabado la toma de leche de un pecho, antes de ofrecerle el otro debes hacer una pausa para dejarle hacer un eructo. Para facilitar la salida de aire, que podría haber tragado durante la succión, lo ideal es tenerlo en posición vertical, sosteniéndole por las axilas o apoyándole en tu hombro: sólo de esta forma, el estómago se “estira”.

Cuándo consultar al pediatra

¿Cómo se distinguen las regurgitaciones normales, fisiológicas en los primeros meses, de un problema de reflujo gastroesofágico? Si además de tener regurgitaciones frecuentes el bebé llora a menudo, parece agitarse y sufrir, está molesto también durante el sueño y su crecimiento no es adecuado, todo esto quiere decir que hay un problema y es necesario consultar al pediatra. Será el médico quien observará si el pequeño sufre de reflujo y decidirá si es necesario hacerle exámenes más detallados. Cuando es posible, se tiende a no prescribirle exámenes invasivos y aliviar los síntomas con precauciones en la alimentación. En la mayoría de casos, el reflujo mejora de forma espontánea con el crecimiento del bebé, hasta desaparecer totalmente antes de los dos años.

En los casos más graves y más insólitos en los que el reflujo, además de manifestarse con regurgitación y/o vómito, también provoca una irritación de las vías respiratorias, causando tos o asma, o si provoca una inflamación del esófago, el médico evaluará la posible necesidad de prescribirle un tratamiento.

También para estos bebés la leche materna es el alimento ideal, preferible a cualquier fórmula artificial “adensada”. Cuando hay un problema de reflujo, dar el pecho es aún más importante, porque la fórmula artificial es más difícil de digerir y se queda más tiempo en el estómago irritando las mucosas del esófago y del mismo estómago. En casos de reflujos más graves, si es necesario, el médico puede prescribir un tratamiento a base de antiácidos, útiles para aliviar los síntomas de la molestia.

En la cuna, en posición inclinada

Aquí tienes algunas sugerencias para asegurar un sueño tranquilo a tu bebé que sufre de regurgitación frecuente o de reflujo gastroesofágico. Lo ideal sería que durmiera boca arriba, inclinando el colchón de la cunita un 25-30%. En esta posición, el retorno de líquidos del estómago al esófago está obstaculizado por la fuerza de la gravedad. Para inclinar el colchón, puedes poner un cojín por debajo, en el extremo donde el niño apoya la cabeza. Si el bebé se ha dormito tomando el pecho, no es necesario despertarle para hacer el eructo: es suficiente con esperar algunos minutos antes de meterlo en la cunita, teniéndolo en brazos en posición vertical.

Enlaces de interés

IBCLC – Consultores de lactancia certificados ( http://www.asociacionsina.org/2011/05/24/ibclc-consultores-de-lactancia-certificados/)

CML – Comité de lactancia materna ( http://www.aeped.es/comite-lactancia-materna/grupos-apoyo-lactancia-materna)

La liga de la leche España ( http://www.laligadelaleche.es)

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