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Mi bebé y yo

Las 10 claves para entender el sueño del bebé

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Entender mejor cómo funciona el sueño del niño permite a los papás ayudar a sus hijos a tener unos hábitos regulares que le ayuden a dormir mejor y, en consecuencia, a estar sanos y fuertes. Te ofrecemos las claves para comprenderlo.

Dificultad para dormirse, llantos repentinos, despertares frecuentes, pesadillas y terrores nocturnos son fenómenos totalmente normales, ya que las características del sueño del bebé son muy distintas a las de un adulto y, sólo con el tiempo y la maduración del sistema nervioso, los pequeños llegan a dormir como los adultos, de forma paulatina.  Entender mejor sus mecanismos permite a los papás ayudar a sus pequeños a que descansen mejor. Respondemos a las preguntas más frecuentes sobre el sueño del niño:



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1. ¿Por qué los bebés duermen casi todo el día?
Un recién nacido duerme unas 15-16 horas al día, pero sólo se trata de un término medio. Las diferencias individuales son notables. Algunos niños duermen 12 horas y otros, hasta 20. A los seis meses, la media baja a 12-14 horas de sueño al día. Al cumplir el año, duermen cerca de 12 horas al día. La variabilidad se debe tanto a factores constitucionales como a la adquisición de hábitos familiares y culturales.

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2. ¿Los recién nacidos distinguen el día de la noche?
No. Su sueño está fragmentado y distribuido de manera más o menos uniforme durante las 24 horas. El primer signo de un ritmo circadiano se manifiesta a las dos o tres semanas de vida, con la aparición de un período de mayor inquietud vespertina, incluso con agitación y llanto inconsolable: los llamados “cólicos del lactante”. Alrededor de las seis semanas, se produce un aumento  gradual de los períodos de sueño nocturno, que se consolidan entre los dos o tres meses.

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3. ¿Por qué el niño se mueve tanto en los primeros meses, da patadas y agita los brazos durante el sueño?
El movimiento del sueño se produce durante la fase REM, que es más prolongada en el recién nacido que en el adulto. A medida que crece, esta fase se irá acortando, de la misma manera que se reducirá la actividad motriz del niño mientras duerme.

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4. ¿Por qué la toma nocturna hace conciliar el sueño al bebé?
No sólo se trata de una cuestión de saciedad. La leche materna contiene endorfinas, sustancias opiáceas producidas por el organismo femenino que favorecen el sueño, y son especialmente ricas en la fase final de la toma. El pecho también tiene una función consoladora y tranquilizadora, que puede ser sustituida por otras formas de consuelo a medida que el niño crece.

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5. ¿Seguir una rutina de las buenas noches ayuda a los niños a dormir?
Seguir un pequeño ritual, una sucesión de pasos siempre iguales, que se repite cada noche antes de ir a dormir, ayuda muchísimo. Ya se trate del baño, los mimos, el cuento o la nana, lo importante es que se repita con regularidad, pero, sobre todo, como demuestran algunos estudios, que los papás realicen estas rutinas con convicción e implicación emocional. Debe ser un momento de intensa comunicación entre el niño y el adulto, porque, de lo contrario, pierde eficacia.

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6. ¿Por qué la mayoría de los bebés se despiertan repetidamente durante la noche? ¿Depende del hambre o de otra cosa?
Los despertares nocturnos están relacionados con la naturaleza cíclica del sueño y no con el hambre. El sueño está formado por ciclos, que, en los recién nacidos, duran 50-60 minutos y, en los adultos, cerca de 90. En los primeros dos meses, cuando el bebé se despierta, suele comer, ya que los ciclos del sueño y de las tomas son bastante coincidentes. A partir de los cuatro meses, para los lactantes, dormirse se convierte en una experiencia de separación de sus papás y, en los meses posteriores, dormirse y quedarse dormido después de despertarse son situaciones que reflejarán las características de la relación entre el niño y sus padres. Todos los pequeños de menos de un año se despiertan varias veces durante la noche. Los que se separan del adulto con más facilidad pueden volver a dormirse solos sin pedir ayuda.

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7. ¿Los recién nacidos también sueñan?
Estudios recientes parecen indicar que los niños sueñan ya en el útero materno. Observando los movimientos de sus músculos oculares, los investigadores han determinado que, en los últimos meses de embarazo, los bebés alternan fases de sueño tranquilo con fases de sueño REM, caracterizado por rápidos movimientos de los ojos.
Las emociones fuertes y los estados de excitación vividos durante el día se encuentran en el origen de las pesadillas de los niños. A veces, los sueños desagradables reflejan miedos evolutivos normales, como el miedo a la separación. Otras veces, se deben a episodios concretos que han llamado la atención del pequeño.

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8. ¿Es cierto que el sueño hace crecer a los niños?
Científicos de la Emory University, en Georgia (EE.UU.), han comprobado que los aumentos repentinos del número de horas de sueño en la rutina diaria del niño están estrechamente relacionados con saltos de crecimiento, tanto en altura como en peso. Existe la hipótesis de que este fenómeno está relacionado con la mayor producción de hormona del crecimiento durante el sueño profundo.

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9. ¿Practicar ejercicio de día ayuda a los niños a conciliar el sueño por la noche?
Cuantas más horas dedica el niño a la actividad física durante el día, menos le costará dormirse por la noche. Por el contrario, cada hora transcurrida en ocupaciones sedentarias aumenta en tres minutos el tiempo necesario para que el pequeño se abandone al sueño. La actividad física diurna favorece un buen descanso nocturno, pero conviene evitar los juegos demasiado excitantes a última hora de la tarde. De lo contrario, el niño, cargado de adrenalina, tendrá dificultades para relajarse.

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10. ¿El sueño favorece el aprendizaje?
Las siestecitas diurnas desempeñan un papel fundamental en el proceso de aprendizaje. Dormir y soñar ayudan al cerebro en desarrollo del niño a fijar los recuerdos de lo que ha aprendido durante el día, así como a elaborar la información recabada. Alrededor del año, los pequeños todavía no son capaces de permanecer despiertos todo el día, desde la mañana a la noche. Por su parte, los más mayorcitos pierden el hábito de la siesta de forma progresiva. Es bueno dar a los niños la posibilidad de dormir durante el día si lo desean, pero sin obligarles si no sienten la necesidad de dormir.

 

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