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Anemia en el embarazo: los consejos de la matrona

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Muchas futuras mamás sufren de falta de hierro durante su gestación. De hecho, la anemia es la complicación más frecuente en el embarazo. La matrona te explica cómo se diagnostica y cuál es el tratamiento que se debe seguir.

La anemia es la complicación hematológica más frecuente en el embarazo. Se trata de la disminución de los niveles normales de hemoglobina, la proteína encargada del transporte de oxígeno en la sangre, debido a la hemodilución fisiológica de la sangre que tiene lugar durante el proceso de gestación. Una anemia desconocida o no tratada durante el embarazo puede provocar efectos adversos, tanto a la madre (predisposición a tener infecciones urinarias, cansancio, disnea, taquicardias, etc.) como al feto (retraso de crecimiento, parto prematuro, etc.). 

Generalmente, la anemia se descubre durante el control prenatal, a través de un análisis de sangre rutinario realizado en algún trimestre gestacional. Durante el embarazo, se deben efectuar al menos dos controles analíticos, en los cuales será fundamental incluir datos como los niveles de hemoglobina y hematocrito, así como de ferritina (proteína almacenadora de hierro). 

¿Cómo se trata la anemia? 

Los niveles de hemoglobina determinan el estado de anemia, dado que se deberá iniciar el tratamiento con hierro oral siempre que la hemoglobina se encuentre por debajo de los 11 g/dl. El análisis de los niveles de hemoglobina deberá repetirse a las 2-4 semanas de haberse iniciado el tratamiento. 

• A veces, los suplementos de hierro son mal tolerados por la embarazada y pueden provocar náuseas, diarrea, estreñimiento, etc. Esto hace que, en ocasiones, se abandone el tratamiento, y se tenga que cambiar el preparado o dar otras pautas de administración. 

Lo ideal es ingerir el hierro en ayunas para asegurar una absorción óptima, pero, si esto produce muchos efectos adversos, se puede aconsejar la toma con alimento o antes de acostarse. Se debe evitar ingerir el hierro con alimentos ricos en calcio, como los lácteos. En cambio, si tenemos que mezclarlo, es aconsejable hacerlo con alimentos ricos en vitamina C y en ácido cítrico, como el zumo de naranja. 

• Habitualmente, a este aporte de hierro se asocia la administración de ácido fólico, que, de ser posible, se habrá administrado desde la planificación del embarazo, para evitar, además de la anemia, los defectos del tubo neural del feto. Para prevenir esta situación, se debe adoptar una actitud activa y responsable sobre la maternidad, tratando de tener una buena ingesta nutricional antes y durante el embarazo, así como un buen y correcto control del mismo. 

Una alimentación rica en hierro

La alimentación debe ser variada y diversificada antes y durante la gestación. En la dieta de la mamá, se deben incluir alimentos ricos en hierro, como: almejas, cereales integrales, vísceras (hígado de carne vacuna, morcilla, etc.), legumbres, vegetales verdes (espinacas y acelgas) y carnes (vacuno, cerdo, pollo, etc.).

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 Rocío Mellado Martínez. 
Matrona de Atención Primaria Centro de Salud Torre-Pacheco (Murcia). 

 

 

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