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El agua más adecuada en el embarazo

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No es tan sólo un líquido; es todo un nutriente. Por eso, es importante saber elegir el agua que beberás durante el embarazo. Y, sobre todo y más importante, debes tener presente que hay que beber mucho.

Por extraño que parezca, estamos hechos principalmente de agua y la primera regla de salud debería ser respetar y mantener el equilibrio hídrico del organismo. Sólo una pérdida de un 2,3% de agua del cuerpo acentúa la sensación de fatiga e induce al nerviosismo. Un adulto, en condiciones normales, gasta unos 2 litros y medio de agua al día; una pequeña cantidad se forma directamente en el organismo, otra parte se toma a través de alimentos, pero la mayoría, al menos 1 litro y medio, debe introducirse como bebida.

Más agua en el embarazo

Para las que esperan un bebé la demanda de agua aumenta de forma significativa: es necesaria para contrarrestar el mayor flujo de sangre, para construir los tejidos del pequeño, para formar el líquido amniótico, etc. Durante el embarazo, es necesario aumentar en 300 ml. diarios la ingesta de agua (600-700 ml. en el caso de las mujeres en período de lactancia). Beber a menudo es, por lo tanto, un imperativo categórico para la futura mamá, como lo será durante la lactancia, cuando la misma producción de leche requiera el consumo de agua.

¿Mineral o del grifo?

Las madres españolas deben enfrentarse a un dilema que a la mayoría de las otras madres del mundo no se le ocurriría ni siquiera considerar: ¿agua mineral o del grifo? En este sentido, la ley es categórica: el agua es potable o no lo es, y no hay diferentes grados de potabilidad. Es decir, el agua debe ser bacteriológicamente pura, libre de gérmenes nocivos para el organismo. Sin embargo, si bien ambas se mantienen dentro de los límites legales y son sustancialmente seguras, no tienen la misma composición, ni el mismo sabor. Es por esto que, durante el embarazo, es importante conocer la composición del agua que estás bebiendo, pues un agua que contenga calcio y magnesio en cantidades adecuadas supondrá un beneficio tanto para la futura mamá como para el bebé, que necesita crecer. Y esta garantía sólo la proporciona el agua embotellada mineral natural.

Los más adecuados para el embarazo

Los parámetros a evaluar para identificar el agua adecuada para la mamá:

Residuo seco ideal durante el embarazo = 150-250 mg/l

El residuo indica la cantidad de minerales disueltos en el agua: son aguas de mineralización muy débil las que tienen un residuo fijo menor de 50 mg/l, débil las que tienen un contenido de entre 50 y 500 mg/l, mineralizadas las que tienen un promedio entre 500 y 1.500 mg/l y las aguas muy ricas en minerales tienen un residuo superior a 1500 mg/l (son aguas especiales que se venden en farmacias). Para aliviar la tensión de los riñones, pero proporcionar al mismo tiempo las sales necesarias, el agua ideal para la futura mamá debe ser de bajo contenido en minerales (con residuos alrededor de 150-250), con la opción de pasar a una muy débil si aparecieran hinchazones y tendencia a la retención de líquidos.

El pH ideal en el embarazo = 5,7 a 6,7

Especifica el grado de acidez del agua. No es un factor determinante para la elección, pero un pH ligeramente ácido, de entre 5,7 y 6,7, favorece la digestión y ayuda a las madres que tienen problemas de digestión.

El bicarbonato (HCO 3) ideal en el embarazo = 100 mg/l

Tampoco puede ser considerado un factor determinante, pero el bicarbonato (HCO 3), contenido en grandes cantidades en algunas aguas, puede favorecer la digestión y evitar la acidez gástrica, la causa de la acidez estomacal de muchas mamás.

Calcio (Ca ++) ideal en el embarazo = 100 mg/l

Si está presente en buena cantidad, el Calcio (Ca ++) hace que el agua sea una fuente importante de este mineral, que resultará imprescindible a lo largo de los nueve meses.

* El sodio (Na +) ideal en el embarazo = máximo de 20 mg/l

Como ya normalmente tendemos a introducir demasiado sodio en la dieta, y dada la mayor tendencia a la retención de agua en el embarazo, no hay necesidad de asumir cantidades excesivas con el agua. Sin embargo, el sodio presente en el agua incide muy poco en el balance global: es mucho más importante reducir la ingesta de embutidos y quesos.

¿Con o sin gas?

Es una duda clásica. En realidad, entre el agua con y sin gas la mayor diferencia es sólo el sabor: la gasificación consiste, de hecho, en la simple adición de dióxido de carbono, un gas que hace que el agua con burbujas sea más aceptable sin cambiar en modo alguno sus propiedades. Es más, además de emitir una sensación agradable al paladar, las burbujas también tienen un efecto anestésico leve en las membranas mucosas, remitiendo mejor la sed. También se ha demostrado que la efervescencia ayuda a muchas madres a resistir mejor las náuseas del primer trimestre.

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