Mi bebé y yo

Guía de belleza para el embarazo

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Los meses de embarazo regalan un cutis luminoso y un cabello denso y brillante. Sin embargo, en este período, hay más probabilidades de que surjan determinados problemas estéticos, como manchas en la piel o estrías. Te ofrecemos todos los consejos para prevenirlos.

Sucede a menudo: cuando anunciamos a familiares y amigos que estamos esperando un bebé, la respuesta que recibimos es: “No me extraña, ¡tienes un aspecto radiante!”. Y es cierto: en la mayoría de los casos, el embarazo regala, desde el principio, un rostro más luminoso y un color más rosado y brillante, mientras que el cuerpo adquiere firmeza y el cabello se vuelve más denso y brillante. ¿El mérito? Es de las hormonas, por supuesto, pero no sólo esto: esperar un bebé implica a todo nuestro organismo, desde el punto de vista físico y psicológico, y piel y cabello no son más que la manifestación externa de lo que sucede dentro de nosotros. La naturaleza nos ofrece una nueva belleza, y nos corresponde a nosotros preservarla, centrándonos en ciertos puntos críticos que, también gracias a las variaciones de este período, requieren más atención y cuidados. 

Piel sin manchas

Si bien es cierto que el cutis se ve más luminoso y brillante, también lo es que la gestación aumenta las probabilidades de que aparezcan manchas más oscuras sobre el rostro, especialmente en la frente, los lados de la nariz y la barbilla, llamadas, no por casualidad, cloasma gestacional. Las hormonas en circulación provocan una mayor tensión de los melanocitos, las células que producen el pigmento del bronceado, y es fácil encontrarse con alguna mancha, especialmente, si, durante el verano, no estamos atentas y no nos protegemos la piel del sol, que estimula todavía más la producción de melanina.

Esto es lo que hay que hacer:

Protege siempre tu piel, sobre todo, la de la cara, con una crema adecuada. Para la vida cotidiana, será suficiente con una crema de día enriquecida con filtros para los rayos ultravioleta, pero, si piensas estar más tiempo al aire libre, tendrás que aplicarte una crema solar con pantalla alta (50 o más). Durante el embarazo, es preferible utilizar cremas solares que contentan un porcentaje menor de filtros químicos, prefiriendo los protectores físicos, como el óxido de zinc o el bióxido de titanio, que crean una barrera física que impide la penetración de los rayos solares en la piel: son mucho menos pastosos de lo que eran antes y son seguros durante el embarazo, ya que la piel no los absorbe.

Si con la desaparición del bronceado nos encontramos con que se ha formado alguna mancha, al no poder acceder a tratamientos médicos de despigmentación (desaconsejados durante el embarazo), podemos aplicar una crema con moléculas levemente aclaradoras, como el ácido kójico o el ácido fítico, y eliminadores de radicales tipo vitamina C, que ralentiza la oxidación cutánea, potenciando la actividad de aclaramiento de la piel. También resultan óptimos los extractos de boldo chileno y mandarina japonesa, que atenúan la producción de melanina y uniforman el color de la piel. Sin embargo, utilices el producto que utilices, ¡recuerda que la constancia es la primera regla para que el tratamiento tenga éxito!

Y esto es lo que no hay que hacer:

Incluso en las estaciones más frías, evita salir durante el día sin protección: los rayos UVA están siempre activos y también pueden manchar la piel.

Durante el embarazo, están contraindicadas las cremas con hidroquinona, una sustancia con las mismas propiedades despigmentantes, pero no exenta de efectos colaterales. Entre otras cosas, en el 2005, se convirtió en un fármaco cuyo uso está prohibido en los cosméticos.

Estrías: mejor prevenirlas

Su formación está causada por el rápido aumento de volumen de ciertas partes del cuerpo (barriga, caderas, muslos, pechos), que, si la piel no es suficientemente elástica, lleva a los tejidos a desgarrarse. Aun así, existe una predisposición individual a la formación de estrías, por lo que puede suceder que algunas mujeres, incluso después de varios embarazos, tengan una piel muy limpia, mientras que otras, ya después del primer parto, sufran la aparición de estrías. Dicho esto, se pueden tomar algunas precauciones que pueden ser de ayuda para nutrir la piel de forma adecuada y hacerla más resistente a las tensiones de los nueve meses de embarazo.

Esto es lo que hay que hacer:

 Antes que nada, hay que tomar medidas con antelación. Es importante empezar a cuidar la piel desde los primeros meses de embarazo, y no cuando la barriga empiece a crecer.

Masajea todos los días las zonas de riesgo con un aceite vegetal. Los mejores son el aceite de rosa mosqueta, de germen de trigo, de girasol, de maíz y de argán, que tienen una óptima acción para la elasticidad y contra los radicales libres. Se pueden aplicar solos o junto a una crema hidratante básica. Es mejor que la crema esté enriquecida con sustancias antioxidantes, como vitamina E, ácido lipoico y vitamina C; reafirmantes, como los fitoestrógenos; o reparadores, como las células estaminales vegetales, que ayudan a la regeneración de los tejidos. Pero no te limites simplemente a extender el cosmético: estimula la piel con masajes, pequeños pellizcos y caricias, que favorecen la microcirculación y contribuyen a mantener bien nutrido un tejido que tiende a atrofiarse.

Aumenta el consumo de alimentos ricos en proteínas y aminoácidos, que el bebé necesita para formarse y la piel, para mantenerse elástica y tonificada. ¿Los más indicados? Pescado, pollo y huevos. Para estimular el metabolismo cutáneo y contrarrestar la acción de los radicales libres, necesitarás también mucha vitamina C. Para ello, consume fruta y verdura, siempre que sea posible, cruda y fresca.

Y esto es lo que no hay que hacer:

Evita las cremas con demasiados aditivos y conservantes químicos, en particular, los derivados del petróleo, como los parabenos y el petrolatum: es mejor utilizar una crema de base lo más natural posible (basta con leer atentamente la etiqueta o pedir consejo al farmacéutico, al herborista o al esteticista).

Evita engordar más de lo debido: cuanto mayor es el aumento de volumen, mayor es el riesgo de que las fibras elásticas “cedan”.

Sin varices en las piernas

Si bien el calor, en los meses más cálidos, provoca una vasodilatación que reduce el retorno venoso, en general, las variaciones hormonales del embarazo debilitan las paredes de los capilares y la presión ejercida por la barriga sobre los vasos sanguíneos obstaculiza la circulación de retorno. Entonces, pueden aparecer pequeñas venas superficiales sobre las piernas.

Esto es lo que hay que hacer:

Caminar, caminar y caminar: es el primer deporte y el más eficaz para la circulación, ya que facilita el trabajo de la bomba plantar, que envía la sangre hacia arriba.

Masajea tus piernas todos los días con sustancias protectoras de los capilares, como castaño de indias, escina, extracto de arándanos, uva, antocianina o ribes, útiles para mejorar la microcirculación y para proteger los capilares. Las cremas deben aplicarse con movimientos desde abajo hacia arriba. Para coordinar el efecto vasoconstrictor del frío con la acción de los principios activos, mantén la crema en el frigorífico.

Utiliza medias de compresión, ya que mejoran el retorno venoso.

Y esto es lo que no hay que hacer:

Evita exponer las piernas al calor: protege tus piernas de los rayos directos del sol e intenta refrescarlas con agua a menudo, bajo la ducha o en la bañera; no utilices agua demasiado caliente directamente sobre las extremidades inferiores; al contrario, haz duchas frías desde los tobillos hacia arriba.

Si los capilares ya han aparecido, evita los métodos depilatorios que afecten más a los músculos, especialmente la cera caliente.

¡Abajo la celulitis!

Las dificultades circulatorias, combinadas con el aumento de la retención de líquidos, frecuentes durante el embarazo, pueden provocar fácilmente la aparición de celulitis. Aunque para combatirla de manera más radical es necesario esperar al final de la lactancia, hay varios trucos que pueden ser de ayuda durante el embarazo.

Esto es lo que hay que hacer:

Practica regularmente una actividad física compatible con tu embarazo, que tenga beneficios sobre la circulación en general y contrarreste la retención de líquidos: natación, aquagym, bicicleta o paseos de, al menos, media hora al día.

Intenta no engordar más de lo necesario para evitar una mayor acumulación de tejido adiposo en las caderas y en los muslos.

Utiliza zapatos de los llamados basculantes o calzado rocker: gracias a una suela especial, simulan que el pie camina en un terreno irregular, como puede ser el de la arena de la playa con los pies descalzos, estimulando, de este modo, la acción de la bomba plantar y, por lo tanto, el retorno venoso y linfático.

Haz un masaje todos los días con una crema anticelulítica. Los productos más indicados en este período son los que mejoran la microcirculación y el drenaje de líquidos, que son los que contienen, por ejemplo, encina, castaño de Indias, arándanos, tallo de piña, etc., y que se pueden utilizar tranquilamente durante el embarazo.

De vez en cuando, regálate un masaje: por ejemplo, es excelente el drenaje linfático manual, que ayuda a desbloquear la retención de líquidos, además de dar una placentera sensación de ligereza en las extremidades inferiores.

Y esto es lo que no hay que hacer:

Evita las cremas a base de principios activos más “fuertes”, como los extractos tiroideos, las algas o la cafeína, que están contraindicados durante el embarazo.

¡No te olvides de beber! Principalmente agua, pero también tisanas con efecto de drenaje (pide consejo al herborista acerca de cuáles están permitidas en el embarazo), que ayudan a “borrar” los líquidos de los espacios intersticiales. Del mismo modo, evita los alimentos demasiado salados, como los embutidos, los quesos curados o los alimentos enlatados, ya que la sal provoca retención de líquidos.

Mantener el pecho “arriba”

El embarazo causa un agradable aumento del volumen de los pechos al que, sin embargo, conviene prestar especial atención, para evitar que se caiga en el futuro.

Esto es lo que hay que hacer:

La piel del pecho es por naturaleza más fina que la de las otras zonas y, por esto, necesita ser nutrida constantemente con ingredientes lo más naturales y “ricos” posible, como el aceite de argán, el de jojoba, de borraja o de avellana; vitaminas B5, E, y C, que tienen una acción elastizante y trófica, y estimulan la regeneración del tejido y previenen la pérdida de tonicidad y la formación de estrías. Vía libre también para los extractos vegetales, tales como la kigelia africana, el lúpulo o la salvia, que contienen un pequeño porcentaje de fitoestrógenos con un efecto reafirmante y tonificante.

Trata de practicar natación: es el mejor deporte para el pecho, ya que a la acción tonificante del agua fría se le añaden los movimientos de hombros y brazos que refuerzan los músculos pectorales.

Utiliza un sostén que recoja el pecho de forma adecuada.

Y esto es lo que no hay que hacer:

También la postura tiene su importancia: no tengas los hombros encorvados, ya que, a largo plazo, hacen que el pecho se “caiga”. Mantén siempre una postura erguida, con el clásico “sacando pecho”. De esta manera, los músculos pectorales pueden realizar mejor su trabajo.

Cabello resplandeciente

Los cambios hormonales que suceden durante los nueve meses del embarazo mantienen, en general, el cabello con buena salud, ya que prolongan la fase anágena, que es la de crecimiento del cabello.

Esto es lo que hay que hacer:

Lava bien tu cabello todos los días, pero elige un aceite como champú, respecto a un producto tradicional: produce poca espuma y podría dar la impresión de no lavarlo bien, pero, finalmente, tu cabello quedará muy suave y limpísimo.

Una vez por semana, haz una limpieza o mascarilla nutritiva, aplicando un aceite por todo lo largo del cabello. El mejor es el aceite de jojoba, que nutre sin apelmazar, algo que podría pasar, en cambio, con el clásico aceite de oliva, mucho más nutritivo. Deja actuar el aceite durante al menos media hora y, después, enjuágalo con una sola pasada de champú. Para mejorar la absorción de la mascarilla, envuelve el cabello con una papel transparente o con un gorro de ducha.

Para repararlo y protegerlo de agentes externos, aplica sobre el cabello, seco o mojado, un aceite seco que recubra totalmente el cabello sin crear un efecto graso, por lo que es perfecto para aplicar antes de ir al trabajo. Si vas a la piscina, continúa aplicando el aceite para el sol que hayas usado durante el verano: la consistencia es un poco más oleosa, pero preserva bien el cabello de la sequedad y la decoloración causada por el cloro.

Si, a pesar de todas estas precauciones, continúas notando que tu cabello está quebradizo y ves que en el peine queda una cantidad superior a la normal, consulta a tu ginecólogo: podrías sufrir una carencia de hierro, que tendrías que tratar tomando suplementos específicos.

Y esto es lo que no hay que hacer:

Si utilizas champú tradicional, no lo apliques directamente sobre la cabeza; dilúyelo en agua al menos en partes iguales: ¡el champú puro aplicado directamente sobre el cabello es un estrés para el pelo!

Si la temperatura lo permite, no utilices el secador, es mejor que dejes secar tu cabello al aire libre para evitar el efecto del calor, que lo seca.

 

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