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Tomar el sol, pero... ¡con la protección adecuada!

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Si tu embarazo coincide con los meses de verano ten mucho cuidado a las manchas y a las quemaduras. En este artículo, te ofrecemos los consejos y las reglas para tomar el sol de forma segura.

Con la llegada del verano, es casi imposible resistirse a la tentación de tumbarse al sol y broncearse. Pero, durante el embarazo, antes de pasar a la “operación bronceado”, es bueno tener en cuenta algunas cosas.

- Durante los nueve meses que dura el embarazo deben seguirse al pie de la letra todas las recomendaciones de los dermatólogos sobre los riesgos de la exposición excesiva al sol.

- La protección es muy importante: debes utilizar productos de protección solar de buena calidad con un factor alto, de 30 a 50. Las hormonas del embarazo, por un lado, estimulan un bronceado más rápido e intenso, pero, por el otro, pueden provocar la aparición de las famosas manchas cutáneas.

- En particular, hay que centrarse en la delicada área de la cara, donde puede formarse la llamada máscara del embarazo o cloasma, manchas de pigmentación marrón que se localizan en la frente y en los pómulos. Un buen escudo puede ser el uso de un sombrero de paja y gafas oscuras, así que no olvidemos meterlos en la maleta de las próximas vacaciones.

- Otra regla básica es mantener hidratada la piel. La exposición al sol puede causar mayor sequedad en las pieles más sensibles, por lo que lo mejor es una exposición gradual, evitando las horas más calurosas del día, de 11 a 15. Una piel seca y deshidratada se llena de estrías inmediatamente después del parto.

- Debemos tener cuidado de no coger demasiado calor en la barriga, debido a que el feto ya se encuentra en un ambiente cálido y no debe ser recalentado. Por esta razón, es esencial beber mucha agua y utilizar frescas blusas de lino blanco durante la canícula.

- Como todos sabemos, la circulación sanguínea de las mujeres embarazadas en verano es especialmente fatigosa; permanecer demasiado tiempo tumbada en la playa en la misma posición sólo puede empeorar las cosas. Para evitar problemas en las venas, un viejo truco es alternar la natación clásica con breves paseos por la orilla con las piernas sumergidas en el agua.

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