Mi bebé y yo

Cuando la vida se apaga

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Algunas veces, el embarazo no llega a buen término o el bebé muere nada más nacer. ¿Cómo podemos superar esta situación?

Quizás, una de las experiencias más devastadoras que los padres de un bebé pueden vivir es que su vida se apague antes de nacer, o al poco tiempo de haber visto  por primera vez la luz. Ante un test de gestación positivo, ante una primera ecografía donde se ve palpitar a ese diminuto corazoncito, todo son ilusiones, sueños y proyectos. Aunque es cierto que la sombra de los miedos surge de forma ocasional, las esperanzas de llegar a buen puerto vencen e iluminan esa transitoria negritud.

• Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, en España, de cada mil personitas que nacen, seis mueren durante la fase de embarazo, parto y posparto inmediato. Aunque algunas veces es posible determinar cuál fue el motivo de la muerte del feto, lo cierto es que, en una gran mayoría de los casos, nunca se llega a saber qué fue lo que ocurrió: no había un cordón enrollado al cuello, o una placenta que se soltó, o un corazón que no se había formado bien o unos riñones que nunca llegaron a existir...

• Para los que trabajamos en el ámbito de la maternidad, hablar sobre la posibilidad de un aborto, un huevo huero o una muerte perinatal es como invocar al pájaro de mal agüero; es nombrar lo innombrable y, por ello, el tema se torna en un poderoso tabú. Esto hace que, cuando una vida se desvanece, estemos envueltos en una neblina de frustración, dolor y falta de herramientas que realmente actúen como un bálsamo para los dolientes. Precisamente, por esta falta de hablar y tratar la presencia de la muerte, ocurre que no se siguen muchas de las recomendaciones que ayudan a los padres a digerir su dolor; incluso se toman decisiones o se mantienen actitudes que empeoran la capacidad de los padres de sobreponerse a esa herida.

¿Cómo actuar?

1. No huir. Es muy común enterarse de que alguna familia conocida ha perdido un bebé o ha tenido un aborto, y la evitamos bajo el convencimiento de que así no agravamos su dolor al tener que hablar del tema. Muy al contrario; lo que hay que hacer es ir a su encuentro y apretarles un brazo con empatía y cariño, o darles un acogedor abrazo.

2. Escuchar, escuchar y escuchar. Incluso hay que dar lugar a que hablen preguntándoles “¿Cómo te sientes? ¿Cómo lo llevas?”.

3. No menospreciar su dolor. Es importante reconocer que tienen derecho a llorar al bebé, aunque nunca haya respirado. Porque esa personita existió y fue vida, y motivó muchísimos proyectos.

¿Qué debe hacer el personal sanitario?

1. Fomentar que los padres se despidan del bebé como espontáneamente les apetezca.

2. Habilitar un espacio donde los padres tengan intimidad y puedan estar con las personas que ellos quieran.

3. Permitir que los padres visiten al bebé, que escojan la ropa, que lo acunen en sus brazos...

4. Animarles a conservar recuerdos: una foto, la huella del pie...

5. Dar toda la información de que se disponga, con palabras comprensibles y contestando siempre a todas las preguntas.


Fuente: María Jesús Rey Merino, Matrona del Centro de Salud de Coria (Cáceres)

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