Mi bebé y yo

El embarazo de papá

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Durante el embarazo, las ansiedades y las expectativas del papá pasan a un segundo plano, pero también el hombre necesita ser escuchado para reinventar su rol de padre en el siglo XXI.

Cuando se habla de embarazo, la protagonista indiscutible es la futura mamá: es con ella con quien el niño crea una relación única y especial, gracias a una simbiosis que, durante un tiempo, es física y emocional. Pero ¿qué significa esperar un bebé para un hombre? ¿Qué emociones, miedos y reflexiones suscita la espera en él? He aquí los “mecanismos” psicológicos que caracterizan la gestación del futuro padre.

¡El test es positivo!

El descubrimiento de que hay un bebé en camino desencadena reacciones intensas, tanto si el embarazo es inesperado como si ha sido deseado durante mucho tiempo. En la mayoría de los casos, el pensamiento del hombre se dirige al bebé ya nacido: el futuro papá imagina cómo será este hijo, que, a sus ojos, representa la mejor parte de sí mismo, y qué es lo que hará con el. Sin embargo, para la mujer, las transformaciones psicológicas van de la mano de las fisiológicas, y la creación de una relación con el bebé que crece dentro de ella sucede de forma “natural”. Para el hombre, es necesario un poco más de compromiso y de esfuerzo. De hecho, tras el entusiasmo y las emociones del primer momento, muchos hombres tienden a continuar con su vida diaria sin concentrarse especialmente en el embarazo y dejan para otro momento, cuando el parto sea inminente o ya haya sucedido, la reflexión sobre su propio rol y sobre los cambios que la llegada de un recién nacido traerá a sus vidas.  

Sin embargo, algunos hombres vuelcan su atención en aspectos más prácticos y organizativos, ligados al futuro nacimiento o a eventuales elecciones en el ámbito profesional, organizando sus actividades laborales (cuando es posible) para garantizar mayores ingresos para su familia.

Pero para vivir esta experiencia de forma consciente, es importante iniciar un camino que llevará al hombre a cuestionarse como hijo como padre y como persona, y a participar lo más activamente posible en el embarazo, preparándose para acoger al pequeño que nacerá y para apoyar a su compañera en su rol de madre.

Tiempo para reflexionar...

La espera de un hijo lleva al hombre a replantearse su relación con su propio padre en un viaje recesivo, no siempre fácil, entre sentimientos y episodios de su juventud y su infancia. También la mujer reconsiderará su relación con su madre, y, en base a esto, podrá decidir si seguir el modelo o distanciarse de él. Pero, en el caso del hombre, la diferencia es que, aunque la relación con su padre haya sido feliz, difícilmente podrá “moldearse” en su propia experiencia, ya que los papás de hoy son profundamente distintos a los de las generaciones precedentes. Durante un tiempo, el hijo representaba la continuación de la estirpe y el padre, la autoridad. Hoy en día, estos roles se han superado y los hombres tienen dificultades a la hora de encontrar un modelo de referencia en el que basarse. Imaginar el padre que serán les resulta más difícil.

Los padres del 2000 se enfrentan a una ardua tarea: “inventar” un nuevo modelo que no tiene precedentes en la historia. De hecho, es la primera vez que el hombre comparte la experiencia del embarazo y participa en el parto y en los cuidados del bebé, entrando en un mundo en el que, hasta hace pocas décadas, estaba considerado como una competencia exclusiva de las mujeres. Pero los nueve meses son un momento privilegiado también para reflexionar sobre sí mismos y hacer un balance de la situación, reconsiderando sueños, planes y prioridades. 

… y para conocerse

La creación de una imagen mental del bebé que crece en su vientre es, para las mujeres, un proceso natural, espontáneo. Para los hombres, en cambio, requiere un cierto esfuerzo. El futuro padre se encuentra físicamente excluido de la relación privilegiada que liga a la madre y al bebé, y, por este motivo, es útil que la mujer lo haga partícipe y, naturalmente, que el hombre esté preparado para participar.

La proximidad y el intercambio entre los futuros papás es importante para la futura mamá, que, gracias a la presencia del compañero, vive el embarazo con más serenidad, pero también es una oportunidad muy valiosa para el hombre, que, poco a poco, aprende a conocer a su propio pequeño. Para esto son de gran ayuda los primeros movimientos del bebé, que el futuro papá puede sentir posando la mano sobre la barriga. Muy pronto, el bebé aprenderá a reconocer la voz paterna y a interactuar con él, respondiendo al saludo y a las caricias del papá con una serie de patadas y piruetas.

También los controles ecográficos pueden facilitar que padre e hijo se “conozcan”. Ver a su bebé en el monitor es una oportunidad para crear un escenario mental más realista.

A riesgo de exclusión

Por último, una experiencia común para muchos futuros padres es la sensación de estar excluido. La atención general es en torno a la futura mamá, a sus necesidades, a sus sensaciones físicas y emocionales. Del padre y de lo que experimenta, nos preocupamos poco. Sin embargo, también el hombre, aunque esté menos acostumbrado a expresar sus sentimientos, puede sentir la necesidad de dar voz a sus temores y a las emociones que la paternidad despierta en él.

La mujer, en general, tiene muchas personas a su alrededor (familiares, amigos, matronas, etc.), pero el riesgo está en que esta “comunidad femenina” haga que el hombre se sienta aún más excluido. En lugar de esto, el embarazo puede ser la ocasión idónea para crear un espacio de diálogo privilegiado en la pareja: si la mujer hace partícipe a su compañero de la experiencia que está viviendo, confiando en él sus emociones (más que en ningún otro), se abrirá un canal comunicativo que les permitirá reunirse y sentirse más cercanos, antes y después del nacimiento del bebé.  

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