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Las estadísticas señalan que el temor de hacer daño al feto, un abdomen cada vez más voluminoso y la sensación de tener un pequeño “intruso” como testigo de la propia intimidad hace que el 50 por ciento de las parejas deje de tener relaciones sexuales conforme avanza la gestación. Sin embargo, mantener la armonía y la intimidad en la pareja durante el embarazo es bueno y útil, desde un punto de vista tanto físico como psicológico.
Para la mujer, que dentro de pocos meses tendrá que asumir el rol de madre, seguir haciendo el amor con la pareja es una confirmación importante de su papel como amante. Además, le hace sentir que mantiene un cuerpo erótico, atrayente y deseable, a pesar del embarazo.
Los hombres, por su parte, aprecian positivamente los cambios físicos que experimentan sus compañeras: el pecho se hace más turgente, grande y receptivo a las caricias, y las curvas de las caderas se marcan cada vez más, haciendo a la mujer más femenina.
Durante el embarazo, el amor resulta muy gratificante. A partir del segundo trimestre, la mujer está más predispuesta y se excita más rápidamente, gracias a un aumento de la vascularización y vasocongestión de los órganos genitales. Además, libres del temor de concebir un hijo, muchas mujeres se abandonan con mayor tranquilidad a la pareja, consiguiendo más fácilmente el orgasmo.
Una intimidad satisfactoria también tiene consecuencias beneficiosas desde el punto de vista físico: de hecho, el sexo es una “gimnasia” muy útil para estimular la circulación sanguínea, aliviar las tensiones del embarazo y liberar endorfinas (las “moléculas de la alegría”, que ayudan a eliminar el estrés y la depresión).
Te explicamos las mejores posturas sexuales para evitar que la barriga sea un inconveniente para disfrutar del sexo plenamente.
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LA POSTURA DEL MISIONERO Es la más clásica y “popular” de todas: la mujer se tumba boca arriba, con las piernas separadas, y el hombre se pone encima de ella. Pros: durante los primeros meses, se puede practicar sin dificultad. Además, resulta cómoda y natural para la pareja, que puede mirarse y besarse. Contras: a partir del quinto mes, puede resultar algo molesta para ella, porque puede experimentar una sensación de aplastamiento si el hombre no es bastante ágil como para no dejar caer todo el peso sobre la barriga. En estos casos, es preferible suspenderla y dedicarse a otras posturas que no “afecten” a la zona del vientre. ¿Un ejemplo? La variante “hot”: el arado. Coloca la pelvis al borde de la cama. Mientras, tu pareja, en pie o ligeramente arrodillado y con el busto erguido, deberá sostenerte por las piernas.
LA POSTURA DE LAS CUCHARAS La mujer se tumba de lado, con las piernas extendidas o ligeramente flexionadas en ángulo, y la pareja se pone detrás de ella. Pros: es muy adecuada en pleno embarazo, porque permite descargar lateralmente todo el peso de la barriga. Además, es una postura muy suave y relajante, que favorece las caricias y la intimidad en la pareja: el hombre también puede estimular otras zonas erógenas de la mujer, como el cuello y las orejas. Contra: es una postura difícil de mantener durante mucho tiempo (el pene puede salirse fácilmente). ¿Cómo evitar el problema? La variante “hot”: la boa. En la misma postura, intenta levantar una pierna, o ambas, y apóyalas sobre los muslos de él: de este modo, la penetración será más fácil.
LA POSTURA ANDRÓMACA La mujer está sentada a horcajadas sobre la pelvis del hombre, que está tumbado en la cama. Pros: es la postura favorita de muchas mujeres, además de ser muy estimulante para ambos miembros de la pareja. Resulta muy adecuada durante el segundo trimestre de embarazo, cuando la mujer mantiene todavía una buena agilidad física y mucha energía para dedicar a la actividad sexual. Ella es quien dirige y varía el ritmo del juego, libre de deslizarse sobre el compañero, que encuentra muy excitante admirar las formas de su compañera desde esta perspectiva “insólita”. Contras: si se realiza durante mucho tiempo, puede fatigar las piernas de la mujer. En este caso, la pareja puede ayudarla a moverse en vertical, empujándole con las manos las caderas. La variante “hot”: el columpio. Sentada a horcajadas sobre la pareja, aunque esta vez dándole la espalda y balanceándose hacia delante y hacia atrás. Aparte de resultar muy placentera para ambos, el hombre no ve la barriga y se excita con el movimiento de los glúteos.
LA POSTURA DEL PERRITO La mujer está a cuatro patas en la cama, con las piernas separadas, y el hombre detrás de ella, de rodillas. Pros: resulta ideal cuando a la mujer le empieza a molestar el peso de su pareja y quiere proteger la barriga de los movimientos demasiado enérgicos. Es la postura que más estimula las paredes frontales de la vagina y del punto G. Contras: buena parte del peso de la pareja recae sobre los brazos de ella. Para que esta postura resulte más agradable, es mejor apoyar las rodillas en un cojín. La variante “hot”: el antílope. Arrodillada en el suelo, levanta el dorso apoyándote con los brazos en el borde de la cama o del sofá. De este modo, tu pareja, que estará también de rodillas detrás de ti, podrá acariciarte el pecho y besarte la espalda.
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LA POSTURA DEL MISIONERO Es la más clásica y “popular” de todas: la mujer se tumba boca arriba, con las piernas separadas, y el hombre se pone encima de ella. Pros: durante los primeros meses, se puede practicar sin dificultad. Además, resulta cómoda y natural para la pareja, que puede mirarse y besarse. Contras: a partir del quinto mes, puede resultar algo molesta para ella, porque puede experimentar una sensación de aplastamiento si el hombre no es bastante ágil como para no dejar caer todo el peso sobre la barriga. En estos casos, es preferible suspenderla y dedicarse a otras posturas que no “afecten” a la zona del vientre. ¿Un ejemplo? La variante “hot”: el arado. Coloca la pelvis al borde de la cama. Mientras, tu pareja, en pie o ligeramente arrodillado y con el busto erguido, deberá sostenerte por las piernas.
LA POSTURA DE LAS CUCHARAS La mujer se tumba de lado, con las piernas extendidas o ligeramente flexionadas en ángulo, y la pareja se pone detrás de ella. Pros: es muy adecuada en pleno embarazo, porque permite descargar lateralmente todo el peso de la barriga. Además, es una postura muy suave y relajante, que favorece las caricias y la intimidad en la pareja: el hombre también puede estimular otras zonas erógenas de la mujer, como el cuello y las orejas. Contra: es una postura difícil de mantener durante mucho tiempo (el pene puede salirse fácilmente). ¿Cómo evitar el problema? La variante “hot”: la boa. En la misma postura, intenta levantar una pierna, o ambas, y apóyalas sobre los muslos de él: de este modo, la penetración será más fácil.
LA POSTURA ANDRÓMACA La mujer está sentada a horcajadas sobre la pelvis del hombre, que está tumbado en la cama. Pros: es la postura favorita de muchas mujeres, además de ser muy estimulante para ambos miembros de la pareja. Resulta muy adecuada durante el segundo trimestre de embarazo, cuando la mujer mantiene todavía una buena agilidad física y mucha energía para dedicar a la actividad sexual. Ella es quien dirige y varía el ritmo del juego, libre de deslizarse sobre el compañero, que encuentra muy excitante admirar las formas de su compañera desde esta perspectiva “insólita”. Contras: si se realiza durante mucho tiempo, puede fatigar las piernas de la mujer. En este caso, la pareja puede ayudarla a moverse en vertical, empujándole con las manos las caderas. La variante “hot”: el columpio. Sentada a horcajadas sobre la pareja, aunque esta vez dándole la espalda y balanceándose hacia delante y hacia atrás. Aparte de resultar muy placentera para ambos, el hombre no ve la barriga y se excita con el movimiento de los glúteos.
LA POSTURA DEL PERRITO La mujer está a cuatro patas en la cama, con las piernas separadas, y el hombre detrás de ella, de rodillas. Pros: resulta ideal cuando a la mujer le empieza a molestar el peso de su pareja y quiere proteger la barriga de los movimientos demasiado enérgicos. Es la postura que más estimula las paredes frontales de la vagina y del punto G. Contras: buena parte del peso de la pareja recae sobre los brazos de ella. Para que esta postura resulte más agradable, es mejor apoyar las rodillas en un cojín. La variante “hot”: el antílope. Arrodillada en el suelo, levanta el dorso apoyándote con los brazos en el borde de la cama o del sofá. De este modo, tu pareja, que estará también de rodillas detrás de ti, podrá acariciarte el pecho y besarte la espalda.

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