Mi bebé y yo

10 minutos de relax para empezar bien el día

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Comenzar el día con un ejercicio de meditación es un gesto de amor hacia ti misma, muy positivo durante el embarazo e indispensable para transmitir tu amor a los demás.

​Relajarse unos minutos al día es muy importante, simplemente para detenerse un instante, descansar y hacerse un regalo. Un regalo que es más importante que nunca durante el embarazo, puesto que, durante estos meses, el cuerpo y la mente realizan un trabajo extraordinario y se merecen una pausa. Concederse un pequeño momento de relajación constituye una ocasión perfecta para disfrutar de este período mágico. Asimismo, aprender a relajarse puede ser muy útil en el momento de la dilatación y el parto. Concentrarse únicamente en la respiración, en el momento presente, y no pensar en el dolor futuro, infunde calma y ayuda a afrontar mejor el nacimiento.

La mañana, el mejor momento
¿Cuál es el mejor momento para dedicarse a la relajación? Al contrario de lo que se podría pensar, es preferible evitar la noche. Al término de la jornada, estás más cansada y lo que más te apetece es dormir. Lo ideal es hacer los ejercicios por la mañana, momento en el que es más importante regalarse más atención. Concederse una pausa al principio del día permite empezar con buen pie, con la calma y la serenidad que facilitan llegar bien hasta la noche. Si tienes más hijos, espera a que vayan al colegio, prepárate un buen desayuno (que nunca debes saltarte, porque es una fuente importante de energía) y, después, dedícate a la relajación. En cambio, si tienes que ir a trabajar, pon el despertador diez minutos antes de lo normal. Al principio, te parecerá un sacrificio, pero, una vez que aprecies los beneficios, te resultará un momento irrenunciable. El lugar más adecuado es una habitación donde nadie te moleste. Elige un lugar silencioso y desconecta durante unos minutos.

Concentrarse en la respiración
¿En qué consiste la relajación? En un solo ejercicio, sencillo y difícil al mismo tiempo, que forma parte de las técnicas de meditación. Se trata de cerrar los ojos y concentrarse en la respiración, en el aire que entra y sale por la nariz. Poco a poco, hay que imaginar que la tensión se desliza desde los hombros y que, con cada respiración, se aligera cada vez más. Por supuesto, no es fácil dejar la mente en blanco. Sin embargo, si te concentras en la respiración, poco a poco, conseguirás aislarte del mundo exterior. Cada vez que la atención tienda a desplazarse hacia los pensamientos y las preocupaciones, tendrás que volver a concentrarte en la respiración y en el aire que entra y sale de la nariz. De esta manera, poco a poco, aprenderás a entrar  en tu "propio" mundo, a no pensar en nada y a sentirte sólo a ti misma. Verás que, al final de la meditación, te sentirás más tranquila y calmada.

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