Mi bebé y yo

Diez preguntas sobre los fibromas

( 0 votos) load

¿Los fibromas pueden ser un obstáculo para el embarazo? ¿Hay que quitarlos siempre antes de la concepción? ¿Y si se descubren cuando ya hay un embarazo en curso? Las respuestas del ginecólogo.

¿Qué son los miomas?

Los fibromas, o miomas, son una patología tumoral benigna del tejido muscular del útero, el miometrio. Pueden ser individuales o múltiples, de tamaño variable, desde pocos milímetros hasta más de 15 centímetros. Aparecen normalmente en la edad fértil (se detectan más frecuentemente en las mujeres mayores de 35 años) y tienden a disminuir con la menopausia, cuando termina la producción de hormonas sexuales por parte de los ovarios.

¿Por qué se forman?

Las causas todavía no están muy claras, por eso no es posible indicar normas de prevención. La hipótesis más probable  es que algunas células del miometrio respondan más que otras a las normales estimulaciones hormonales de los estrógenos. Sin embargo, se trata de nódulos de tipo benigno, que sólo en casos muy raros, alrededor del 1 por 10.000, pueden tener una degeneración maligna.

¿De qué tipo pueden ser?

En base a su posición, se pueden distinguir tres tipologías: los fibromas subserosos, que crecen en la pared exterior del útero, fuera de la cavidad uterina; los intramurales, que se desarrollan en el espesor de la estructura muscular; los submucosos, que crecen al interior de la cavidad uterina, donde debería desarrollarse el embrión.


¿Cuáles son sus síntomas?

En el 50% de casos, los fibromas son asintomáticos, sobre todo los subserosos. En los demás casos, pueden provocar ciclos abundantes y largos (menorragias), pérdidas más o menos abundantes entre una menstruación y otra (metrorragias), dolor menstrual (dismenorrea). Si son muy voluminosos, pueden provocar síndrome de compresión: los que están en la parte anterior, por ejemplo, pueden comprimir la vejiga, determinando un estímulo frecuente de orinar u obstaculizando el normal vaciado de la vejiga: esto provoca una acumulación de líquidos con riesgo de cistitis. Los que se encuentran en la zona posterior, en cambio, comprimen el recto produciendo dificultad para evacuar.

¿Cómo se diagnostican?

El diagnóstico se hace a través de una ecografía, abdominal o, mejor aún, transvaginal (que permite identificar incluso fibromas de pocos milímetros). Los más grandes y subserosos son detectables también con un control ginecológico.

¿Cómo hay que actuar si se descubre un fibroma antes de la concepción?

Si no comporta molestias y es de tamaño reducido, hay que comprobar con qué velocidad crece: existen fibromas que se quedan pequeños toda la vida, para los que no hay que hacer nada, y otros que crecen rápidamente. En el segundo caso, si la mujer no quiere un embarazo de forma inmediata, se puede hacer un tratamiento con píldoras anticonceptivas: disminuyendo la cantidad de estrógenos, ralentiza el crecimiento del fibroma, además de reducir las pérdidas de sangre. Si la mujer quiere un hijo y, sobre todo, el mioma comporta molestias (dolores o hemorragia) o es muy grande (más de 5-6 cm de diámetro), es mejor extirparlo. La extirpación es necesaria, sobre todo, si los fibromas están cerca de una trompa, porque pueden comprimirla hasta cerrarla, obstaculizando la concepción o, si son submucosos, porque pueden aumentar el riesgo de aborto y de sangrado. Un motivo más para hacerse un control ginecológico antes de buscar un embarazo.

¿Cómo se extirpan?

Depende de su posición, cantidad y tamaño. Los miomas submucosos pueden extirparse por histeroscopia: se inserta en el útero, a través de la vagina, una sonda óptica dotada de un hilo de metal con corriente eléctrica, que permite seleccionar el fibroma. Los miomas intramurales o subserosos pueden extirparse por laparoscopia, que prevé pequeñas incisiones abdominales a través de las cuales el fibroma se secciona y se extirpa.

Sin embargo, si los fibromas son muy grandes o hay más de tres, se interviene con la clásica incisión en el abdomen (laparotomía). Una técnica reciente y no invasiva, de momento usada sólo en pocos hospitales, es la termoablación por radiofrecuencia: a través de un aparato, parecido al que se usa para las ecografías, se necrosa el fibroma por calor que después tiende a ser absorbido.

¿Qué hay que hacer si se descubre más de un fibroma cuando ya estás embarazada?

No hay que hacer nada. Los fibromas tienden a crecer con el aumento de volumen del útero (sobre todo en el primer trimestre), pero no suelen provocar molestias. Sólo en algunos casos podrían causar dolor abdominal o provocar una mayor contractilidad uterina, que puede tenerse bajo control con medicamentos antiespasmódicos o tocolíticos (que reducen las contraciones). Los subserosos, que crecen hacia el exterior, podrían comprimir el estómago, la vesícula biliar o el intestino, provocando problemas de digestión que, sin embargo, no interfieren con el buen avance del embarazo.

¿Pueden ser un obstáculo para el parto natural?

En la mayoría de casos, no. La cesárea puede ser necesaria sólo si el fibroma es especialmente voluminoso y está posicionado en la parte inferior del útero, ya que podría obstaculizar la dilatación del cuello y la salida del bebé. También podría ser necesaria si se trata de un fibroma intramural de gran tamaño porque, estando en el tejido muscular, podría alterar las contracciones y prolongar los tiempos de dilatación del útero. De todas formas, la evaluación se hace siempre durante el trabajo de parto.

¿Es posible extirparlo durante el parto?

Está absolutamente desaconsejado. Que sean de grandes o pequeñas dimensiones, los fibromas no se quitan nunca durante la cesárea: por un lado, el útero está muy vascularizado y la extirpación podría provocar un sangrado abundante e incontrolable; por otro lado, después del parto, los fibromas tienden a reducirse de forma espontánea.

¿Y si hay un pólipo?

El pólipo es una formación benigna del endometrio, la mucosa que reviste la cavidad uterina en la que ocurre la anidación del embrión. Puede tener dimensiones variables, de pocos milímetros a algunos centímetros. Su presencia provoca sangrados entre una menstruación y otra, y leves dolores en el bajo vientre, y es muy fácil que se diagnostique antes del embarazo. Lo ideal sería extirpar el pólipo antes de quedarse embarazada, con una pequeña intervención por histeroscopia, porque las formaciones más grandes podrían obstaculizar la concepción y provocar degeneraciones neoplásicas. Si se descubre cuando ya hay un embarazo en curso, no es necesario hacer nada: el volumen no varía durante los nueve meses y, a menos que sea muy grande, no interfiere el avance del embarazo.

INFORMACIÓN PATROCINADA

Te puede interesar

Diez preguntas sobre los fibromas Y tú ¿Qué opinas?

Tienes que estar registrada para escribir un comentario o votar. Puedes registrarte aquí o si ya tienes una cuenta, puedes acceder a ella.
ACCEDE A TU CUENTA
Recuérdame
Entrar
REGÍSTRATE GRATIS
ÚNETE A LA COMUNIDAD DE MI BEBÉ Y YO
REGÍSTRATE GRATIS
¿Por qué registrarme?

Comentarios (0)