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Aumento de peso en el embarazo: ¿verdadero y falso?

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Cuántos quilos se aumentan, cuántas veces hay que pesarse, la relación entre el peso de la mamá y la del bebé, cómo tiene lugar el incremento de peso durante el embarazo… Lee las respuestas a todas tus preguntas.

Hay mujeres que desde el día del test de embarazo empiezan a controlar con mucha atención su peso, mientras que otras que no se preocupan mucho de ello, o incluso aprovechan del embarazo para satisfacer todos sus “antojos”. Pero ¿es realmente tan importante tener los quilos bajo control durante los nueve meses? ¿Cuántos quilos hay que ganar? Aquí sabrás las verdades y las mentiras sobre este tema tan importante para ginecólogos y futuras mamás.

VERDADERO: el aumento de peso recomendado no es el mismo para todas las mujeres

No existe un aumento de peso “correcto” para todas las futuras mamás: en primer lugar, hay que considerar cuánto pesaba la mujer antes de quedarse embarazada. Normalmente, si la mujer tiene un peso normal, el aumento puede oscilar entre los 8 y los 12 kg. Quienes al principio del embarazo están bajo peso, deberían ganar algún quilo más, mientras las que ya tienen muchos quilos de más tendrán que tener más cuidado y, si fuera necesario, acudir a un nutricionista para que se les indique una dieta apropiada. Es por eso que, ya desde el primer control, el ginecólogo nos hace subir a la báscula, para apuntar el peso de partida y prever, aproximadamente, cuánto debería haber aumentado al final de la gestación.

FALSO: durante el embarazo, la necesidad de calorías se duplica

De esta leyenda urbana procede la idea que la mujer deba comer por dos. En realidad, para garantizar la correcta alimentación a mamá y bebé, es suficiente con tomar 300-400 calorías diarias más, pasando de las normales 2000 calorías diarias necesarias para una mujer adulta a las 2300-2400. Tampoco hace falta cambiar totalmente la costumbres alimentarias, sino que es suficiente con seguir una dieta variada y equilibrada. El modelo mejor es la clásica dieta mediterránea.

FALSO: el aumento de peso se debe sobre todo al feto y a la placenta

El feto y la placenta representan sólo un tercio del peso total, ya que al nacer el bebé pesa alrededor de 3 quilos y la placenta, al final del embarazo, llega a los 300-500 gramos. ¿Y de que dependen los demás quilos? La suma es muy fácil: además del líquido amniótico, que en el noveno mes alcanza el medio litro, también hay que considerar el incremento de volumen plasmático, es decir, de la parte líquida de la sangre, que aumenta de 1,5-2 litros; también el útero contribuye al aumento de peso: fuera del embarazo no pesa más de 30 gramos, mientras que en las últimas semanas alcanza casi el quilo; otros 3-4 kg están constituidos por el tejido adiposo, que ya desde el principio es producido por el metabolismo materno para garantizar un almacenamiento de lípidos. Además, se añade el volumen del tejido glandular mamario, que durante el embarazo se duplica para preparar el pecho a la producción de leche. Finalmente, también hay que tener en cuenta una mayor retención de líquidos, que hasta ciertos niveles se considera fisiológica, sobre todo a finales del embarazo. La suma es parecida si se esperan gemelos. El único factor que cambia es el peso del segundo feto que, sumado a la placenta, podría comportar un extra de tres quilos como mucho, considerando también que los gemelos pesan un poco menos que los fetos individuales.

VERDADERO Y FALSO: las futuras mamás ganan un quilo al mes

Se suele decir que, durante el embarazo, una mujer gana un quilo al mes. En realidad, el aumento no es tan preciso y constante. En el primer trimestre, hay mujeres que no suben ni un gramo (sobre todo las que sufren de náuseas y vómitos) y otras que aumentan de uno a dos quilos. Es todo normal, porque en la segunda parte del embarazo el peso empieza a aumentar de verdad, hasta 1,5-2 kg al mes. Sin embargo, incluso en este período, no necesariamente el aumento es igual para todas las mujeres.

FALSO: los quilos del embarazo no se vuelven a perder

Si el aumento de peso se queda en los límites correctos, después del parto no será difícil volver al peso inicial: en pocas semanas, los líquidos acumulados durante el embarazo se pierden sin problemas, hay menos retención de líquidos, el volumen plasmático disminuye y el útero vuelve a su tamaño original: todo vuelve a la normalidad. Será aún más fácil volver al peso ideal si se hace una moderada actividad física (incluso pasear con el carrito del bebé) y si se le da el pecho al bebé: muchas mujeres todavía están convencidas de que dar el pecho hace engorda, pero es ciertamente lo contrario, porque para producir leche se gastan unas 500 calorías al día.

FALSO: para que no falten los nutrientes necesarios, es mejor tomar complementos alimenticios

Si la mamá se alimenta de forma equilibrada, no necesita ningún tipo de integrador, a excepción del ácido fólico que se prescribe ya algunos meses antes de la concepción para prevenir defectos del tubo neural del bebé, como la espina bífida. Distinto es el caso de carencias: si por ejemplo la futura mamá es alérgica a la leche, el ginecólogo le recomendará unos complementos de calcio. Si el análisis de sangre evidencia anemia, será necesario que la mujer tome complementos de hierro. Sin embargo, se trata de casos específicos.

VERDADERO: aunque la mamá aumente poco de peso, el bebé crece de forma normal

Hay mujeres que se alimentan normalmente de forma equilibrada y, gracias a un metabolismo, digamos, “afortunado”, al final del embarazo no han ganado más de 6-7 kg. En esto caso, el crecimiento del bebé y su peso al nacer serán totalmente normales porque sus exigencias nutricionales han sido satisfechas. Distinto es el caso de mujeres que no se alimentan de forma adecuada, como las que sufren de anorexia o viven en países del tercer mundo: estas mamás pueden tener carencias nutricionales serias, incluso pueden causar un escaso crecimiento del bebé.

FALSO: ganar demasiados quilos sólo es un problema estético

No cabe duda de que cuantos más quilos se ganan durante el embarazo, más difícil será perderlos después del parto. El problema, sin embargo, no es exclusivamente estético: con el aumento excesivo de peso, es más fácil que la mujer sufra las molestias típicas de los nueve meses, como problemas vasculares (varices, hemorroides, dolor de espalda, etc). Pero, sobre todo, el trabajo de parto podría ser más difícil y con mayor probabilidad de tener que recurrir a intervenciones obstétricas, como la ventosa o la cesárea. Todo esto no sólo porque el bebé es demasiado grande y podría tener dificultades para pasar por el canal de parto, sino sobre todo porque la mamá tiene un cuerpo menos ágil y se cansa más fácilmente. Finalmente, una mujer obesa está mas sujeta a algunas patologías del embarazo, como diabetes gestacional, hipertensión y preeclampsia.

FALSO: si la mamá engorda demasiado, el bebé crecerá inevitablemente más de lo normal

No existe una relación directa entre el aumento de peso de la mamá y el crecimiento del bebé, porque lo que aumenta es el tejido adiposos materno, mientras que el niño sigue recibiendo sólo la alimentación necesaria para su crecimiento. En algunos casos, puede tener lugar incluso la situación opuesta: algunas patologías que podría sufrir una mujer con sobrepeso, como la preeclampsia o la diabetes gestacional, podrían incluso provocar un crecimiento menor del bebé, porque la placenta funciona mal y no lo alimenta de forma adecuada.

FALSO: hay que pesarse todas las mañanas

Hay muchos factores que pueden influir en un mayor o menor incremento del peso: algunos días, las náuseas provocarán una disminución del apetito, mientras que, otras veces, se satisfará algún antojo más, y otras habrá una mayor retención de líquidos. Por esta razón, controlar tan asiduamente el peso puede comportar el riesgo de ansiedades injustificadas. Normalmente, pesarse una vez al mes durante los controles ginecológicos de rutina es más que suficiente.

Cuando la culpa es de la tiroides

A veces, un aumento excesivo o escaso de peso no depende de la alimentación de la futura mamá, sino que puede deberse a un funcionamiento incorrecto de la tiroides. El embarazo es una condición que puede poner a prueba la tiroides y llevar a luz un hipotiroidismo oculto, que determina un aumento de peso, o un hipertiroidismo, que causa la pérdida de peso. Por ello, desde hace algunos años, el control de los valores de la tiroides es uno de los exámenes de rutina al principio del embarazo; en caso de eventuales desequilibrios, éstos se pueden corregir con un tratamiento adecuado que deberá efectuarse durante los nueve meses.

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