Mi bebé y yo

¿Quieres saber cómo cambia tu barriga?

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También se trata del signo más evidente de la nueva vida que llevas dentro. Tu barriguita, con sus cambios, te lanza pequeños mensajes día tras día. ¿Quieres saber cómo interpretarlos?

Cambia mes tras mes, pero su transformación nunca es constante ni regular. El desarrollo de la barriguita, de hecho, siempre está ligado a la constitución física de la futura mamá, y también al número de embarazos que ya haya tenido.

En el primer embarazo, la barriga tarda más tiempo en hacerse evidente, dado que tanto el útero como la musculatura tienen una capacidad de “contención” mayor. En general, en las primerizas, se empieza a notar alrededor del cuarto mes, mientras que a quien ya ha tenido hijos anteriormente se le nota ya hacia el segundo o tercer mes. Pero es en el quinto mes cuando se produce una verdadera “explosión”. En esta época, la estructura física del pequeño ya está completada y la barriga empieza a subir.

En las últimas semanas de embarazo, en cambio, la barriga podría incluso reducirse un poquito: esto sucede cuando el bebé ya está colocado con la cabeza en la pelvis. El vientre desciende un poco y sobresale menos.

Una línea llamada alba

Normalmente, la línea alba aparece alrededor del tercer mes: se trata de una línea oscura, que tiende a ser de color marrón y que va desde el ombligo hasta el pubis, dividiendo la barriga por la mitad. Respecto al bienestar de la mamá y del bebé, no tiene ningún significado. Los cambios en la pigmentación son bastante comunes durante el embarazo, y están ligados a una mayor estimulación de los melanocitos, las células de la piel que producen la melanina, el pigmento que da color a nuestra piel. Incluso los lunares se pueden volver temporalmente más oscuros y, tal vez, más grandes y numerosos, mientras que en la cara, sobre todo en la frente, la nariz, los pómulos y los alrededores de la boca, pueden aparecer unas manchitas marrones, el llamado cloasma gestacional o manchas del embarazo.

Después del nacimiento del bebé, la línea alba, así como las otras pigmentaciones irregulares, tiende a ir desapareciendo gradualmente y de forma espontánea, hasta desaparecer del todo en el intervalo de algunos meses.

Esas estrías sobre la piel

Durante los meses del embarazo, la piel del abdomen se ve sometida a una fuerte tensión y alcanza una extensión extraordinaria, cosa que puede llevar a la formación de las molestas estrías.

Este fenómeno, naturalmente, varía mucho de mujer a mujer, dependiendo del tipo de piel. La mejor manera de prevenir esta imperfección es intentar no engordar demasiado y aumentar de peso de forma constante y no repentina, siguiendo una dieta variada y equilibrada.

También es importante nutrir la piel: ya desde el tercer mes, por ejemplo, después del baño o de la ducha, sería conveniente hacer masajes diarios con un aceite delicado (por ejemplo, aceite de almendras) o bien con un producto específico antiestrías, para suavizar la piel y favorecer su elasticidad. Además de la barriga, no debemos olvidarnos del pecho, las caderas y los glúteos.

¿Por qué la barriga está "alta" o "baja"?

"Aún hay tiempo: la barriga todavía está alta…”. ¡Cuántas mamás han tenido que escuchar esta frase hacia el final del embarazo! Efectivamente, la barriga que “desciende” nos dan a entender que el parto se está acercando. En las primerizas, sin embargo, esto puede suceder incluso cuatro semanas antes del evento. Por lo tanto, conviene no dejarse condicionar demasiado por este cambio.

La barriga “baja” se debe al hecho de que el bebé se ha puesto en la posición adecuada para el parto. Si el pequeño ya está empujando hacia la pelvis y si se apoyan las manos un poco por encima del pubis, será posible notar su cabecita. Otra prueba tangible de este descenso es el espacio que se crea bajo el pecho: entre éste y el principio de la barriga, debería haber un espacio del tamaño de una mano. Se trata de un cambio que hace que la mamá tenga la sensación de respirar y digerir mejor.

¿Cuándo volveré a tener el vientre plano?

Alrededor de diez días después del nacimiento del bebé, el útero deja de ser perceptible desde el exterior. Aun así, se recomienda no utilizar fajas o bandas elásticas: el útero, así como el resto de los órganos del abdomen, necesita espacio para poder asentarse y volver a su posición natural.

Su involución puede verse facilitada por la lactancia materna. El pequeño, con cada succión, estimula la producción de oxitocina, la hormona responsable de la contractilidad del útero: esto es por lo que, en el momento de la toma, muchas mujeres perciben los llamados mordiscos uterinos, o entuertos, contracciones naturales que podríamos definir como una “limpieza” del órgano. Gracias a ellas, se cierran los vasos sanguíneos a los que estaba enganchada la placenta y se facilita la salida de pérdidas después del parto.

Las molestias provocadas por los entuertos pueden ser más o menos intensas, pero se perciben especialmente desde el segundo parto en adelante. En general, duran sólo algunos días y pueden ser atenuadas mediante la toma de algunos remedios naturales, como la utilización de gránulos homeopáticos de belladona o manzanilla.

¿Qué indica la forma de la barriga?

En el pasado, se pensaba que la observación de la barriga permitía adivinar el sexo del bebé. Hoy en día, las matronas todavía controlan la forma, pero para obtener otro tipo de informaciones. Por ejemplo, podría ayudar a entender la posición del bebé: una barriga muy protuberante podría señalar que el bebé es podálico, es decir, que viene de nalgas.

La cantidad de líquido amniótico también influye. Si el nivel es el normal, el aspecto de la barriga será más suave, más “redondo”. En el caso de que el líquido se vea reducido, por ejemplo, hacia el final del embarazo, cuando tiene lugar una caída fisiológica, la barriga tendrá una forma menos redondeada.

¡Mira cómo se mueve!

Cada mujer vive a su manera la sensación que le provocan los primeros movimientos del pequeño en la barriga: un parpadeo, un abrir y cerrar de ojos, pequeñas burbujas de aire que se rompen y fluctúan en la barriga…

Pero ¿cuándo pasa? Los bebés empiezan a moverse ya alrededor de la octava semana de embarazo, cuando miden alrededor de 2,5 cm, pero, para que la mamá perciba los movimientos, debe pasar todavía algo de tiempo. En general, empiezan a ser perceptibles entre la semana 16 y la 24.

Hacia la mitad de la gestación, dentro de la barriga, el bebé hace de todo: patea con fuerza, hace volteretas, se chupa el dedo, tiene hipo y tiende a relajarse cuando le hablan dulcemente.

A medida que se acerca el término del embarazo, en cambio, los movimientos disminuyen porque el espacio en el interior de la barriga es más limitado. Sin embargo, se trata de movimientos más organizados, que tienden a seguir fases y a parecerse cada vez más al ritmo sueño-vigilia del neonato.

Hace un tiempo, para confirmar que el bebé estuviera bien, se aconsejaba a las mamás que contaran al menos 10 movimientos a lo largo del día. Sin embargo, hoy en día, este sistema se utiliza cada vez menos: hay bebés más activos, que dan patadas todo el día, y otros más perezosos, que apenas se perciben. Lo importante es que la mamá sienta con cierta constancia lo que su bebé la haya acostumbrado a sentir.

Pequeñas e inofensivas contracciones

A lo largo del embarazo, es normal sentir algunos pequeños dolores. En los primeros meses, se puede notar una sensación de pesadez y dolor que afecta, más que a la barriga en un sentido estricto, a toda la zona lumbar, ya que las inervaciones del útero se dirigen más hacia la espalda.

Estas molestias tienden a presentarse hacia el tercer trimestre, y es en esta etapa del embarazo cuando, a veces, también se puede notar la rigidez del útero. Son señales de que el órgano está “trabajando”, que sufre modificaciones y se agranda. Es posible que las mujeres que ya hayan dado a luz noten estas contracciones incluso durante todo el embarazo, sobre todo por la noche. Sin embargo, atención: nunca deben ser dolorosas.

Pero ¿cómo podemos saber si estas molestias son normales o si hay alguna cosa que no va bien? Es la misma mujer, en general, quien se da cuenta de que se trata de un dolor “diferente”. El consejo es hablarlo con la matrona o el ginecólogo de todas maneras, para valorar juntos la situación. En muchos casos, una visita a un osteópata puede ser muy útil para reducir estas molestias.

Un ambiente bien protegido

En caso de que se produzca un pequeño golpe a la barriga o un resbalón accidental, ¿qué es lo que el bebé sentirá desde dentro? En general, el líquido amniótico amortigua los impactos y hace que la caída sea advertida por el bebé de forma muy sutil. En estos casos, es normal asustarse un poco, pero lo mejor que se puede hacer es respirar a fondo, no perder la calma y no esperar que el pequeño se mueva inmediatamente. Es probable que el bebé se esté quieto durante unos 10 minutos: él también se ha dado cuenta de lo que ha sucedido y necesita su tiempo para tranquilizarse. Aun así, si tienes dudas, no dudes en hablar con el médico.

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