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Cerclaje: qué es y cuándo es necesario

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El cerclaje permite prevenir un parto prematuro. Esta técnica, sin embargo, está indicada sólo en algunos casos específicos. En este artículo, te explicamos cuáles son esas situaciones que requieren un cerclaje.

El útero se adapta, desde el momento de la concepción, a la presencia de una nueva vida en él, y también lo hace su cuello (cérvix), un pequeño conducto que conecta este órgano con la vagina. En los meses de embarazo, el cuello se queda bien cerrado para evitar que el bebé nazca antes de lo debido y para evitar el paso de agentes infecciosos externos. Además, dentro del orificio del cérvix, se forma un tapón de moco, llamado tapón mucoso, producido por las glándulas del cuello mismo, que es rico en sustancias naturales antibacterianas. Este tapón “sella” el útero y lo protege aún más.

Cómo funciona el cérvix

El cuello, o cérvix, está formado, sobre todo, por fibras musculares y tejido fibroso: eso le proporciona la elasticidad necesaria para dilatarse durante el parto y formar un único conducto con la vagina. Al aproximarse el parto, se producen algunos cambios en su composición: las fibras elásticas aumentan y el colágeno disminuye, haciendo que sea más blando y adaptable, y que esté listo para acortarse y abrirse, y dejar paso al bebé.

Cuándo se produce la incontinencia cervical

Menos de una mamá de cada cien, debido a factores congénitos, tiene un útero que no aguanta lo suficiente. Es decir, el cuello es incontinente y tiende a abrirse, con el riesgo de causar un parto prematuro. La única forma para asegurarse de la longitud del cuello uterino es medirlo a mitad del embarazo con una ecografía transvaginal. Esta ecografía permite, además, comprobar que el orificio interior del cérvix esté bien sellado: si no lo está, los riesgos aumentan. Si la longitud del cuello es inferior a los 25 milímetros en una mujer que ya ha tenido un parto prematuro en el pasado, o inferior a los 15-20 milímetros en una mujer que no está en una situación de riesgo, es posible que el nacimiento ocurra mucho antes de lo esperado. Esta probabilidad aumenta con la disminución de la longitud del cuello.

Cerclaje: cómo funciona y cuándo se hace

La mujer que sufre de incontinencia cervical congénita no suele tener ningún síntoma: es el ginecólogo quien se da cuenta de este problema. Si durante un control de rutina el cuello es permeable al dedo (es decir, deja pasar la punta de un dedo) y la ecografía evidencia que también es corto, es probable que el médico decida efectuar una pequeña y breve intervención: el cerclaje uterino.

La operación se hace con anestesia epidural o total. Sirve para dejar cerrado el cuello uterino con una tira de material sintético pero biocompatible, que se inserta en el interior del cuello del útero. La tira tiene una anchura de un centímetro y la operación se suele efectuar en la semana 13 de embarazo, es decir, cuando ya no hay riesgo de aborto espontáneo. Se ha observado que es importante realizar esta intervención cuanto antes para que dé el resultado esperado.

Sin embargo, no siempre el simple cerclaje es suficiente. Es útil cuando el cuello no consigue quedarse cerrado por un defecto congénito, pero si la dilatación depende de otros problemas (por ejemplo, contracciones dolorosas del útero debidas a una infección) el cerclaje no está indicado. Casi siempre se interviene, incluso aunque no haya dilatación, en presencia de un cérvix corto asociado a un anterior parto prematuro.

El cerclaje, una vez pasado el período crítico, se quita, normalmente, un mes antes del parto o si se inicia el parto. Dejarlo en el cuello podría ser peligroso: si el útero se contrae, existe el riesgo de que el cuello se lacere.

La eliminación se hace durante un control ginecológico rutinario, y consiste en cortar y sacar la tira, sin anestesia. Una vez quitada la cinta, puede ocurrir que el trabajo de parto se inicie al cabo de poco tiempo.

(Te interesa: Parto: Todo lo que debes saber)

Las causas de la incontinencia cervical

Muchas veces, la incontinencia es congénita, es decir, que está presente desde el nacimiento:

- Las fibras del cuello pueden ser menos resistentes, sobre todo por la insuficiencia de colágeno, una sustancia proteica que compacta los tejidos.

- Los úteros “malformados” (por ejemplo, el útero “didelfo”, con cuerpo y cuello dobles), pueden presentar mayor debilidad en el cérvix.

Otras veces, el problema puede estar causado por algún factor:

- Una menor resistencia puede deberse a laceraciones del cuello causada por partos anteriores.

- A veces, algunas operaciones, como la extirpación de pólipos o la conización (es decir, la extirpación de las células precancerosas), pueden hacer que los tejidos sean más débiles y la dilatación del cérvix más probable.

Cuidado: en los embarazos gemelares, el riesgo de trabajo prematuro se debe al mayor volumen del útero.

(Te interesa: Enfermedades en el embarazo)

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