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Cesárea: ¿cuándo es realmente necesaria?

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Para que la futura mamá pueda tomar una decisión razonada, es importante que reciba informaciones correctas y asistencia durante el embarazo. Veamos en qué casos es necesario intervenir.

Es importante aclarar desde el principio que la cesárea es una operación quirúrgica que ha de ser hecha en casos de necesidad real. Si la situación es inapropiada, la cesárea no es la modalidad de parto más segura y tampoco puede considerarse una alternativa de fácil ejecución. Si se piensa que para hacer una cesárea sirve un equipo médico de dos cirujanos, un anestesista, un instrumentista, un enfermero, una matrona y un pediatra neonatólogo, está claro que se trata de una verdadera operación quirúrgica y, como tal, comporta unos riesgos. Veamos cuáles.

$1-        En el momento de la intervención: en ocasión de la operación pueden ocurrir complicaciones de tipo quirúrgico, infeccioso, tromboembólico y  hemorrágico, además de complicaciones debidas a la anestesia total y local.

$1-        Después: la cesárea es una intervención en los tejidos abdominales y pélvicos y puede comportar la formación de adherencias (con la necesidad, en los casos más graves, de intervenir quirúrgicamente por oclusiones intestinales) y causar dolor pélvico crónico. Además, puede afectar a la fertilidad futura de la mujer porque crea las condiciones para una serie de complicaciones en un posible futuro embarazo. A causa de la cicatriz uterina, aumentan las probabilidades de una posición invasiva o anómala de la placenta (placenta adherente y placenta previa) y de un nacimiento pretérmino del bebé, ya que normalmente la cesárea se planifica para la semana 38.

No es lo mejor para el bebé

La cesárea no es la mejor modalidad de nacimiento ni siquiera para el bebé. En primer lugar, a causa de la costumbre de programar la intervención para la semana 38-39, el recién nacido nace antes de que el embarazo llegue a su fin. Esto le comporta el riesgo de complicaciones respiratorias y aumenta las probabilidad de que tenga dificultades para engancharse al pecho. Además, se le priva de la compresión pulmonar que tiene lugar durante la salida por el canal de parto, condición importante para terminar el recorrido que lleva el bebé a la autonomía respiratoria.

Sin embargo, si hay indicaciones médicas que evidencian la necesidad de la cesárea, lo ideal – si no hay una situación de urgencia o patologías que requieren una anticipación de la operación – sería esperar el comienzo natural del trabajo de parto. Sobre todo si se trata de la segunda cesárea: es mejor intervenir cuando el trabajo ya ha empezado que programar la operación para la semana 38.

¿Cuándo es necesario hacerla?

El parto natural es la modalidad de nacimiento ideal, pero existen algunas condiciones que hacen que un nacimiento espontáneo sea imposible o poco seguro. Veamos cuáles son estas situaciones que, según la Organización Mundial de la Salud, no deberían afectar a más del 15% de los partos.

La cesárea electiva

Es una operación inevitable si se presentan condiciones patológicas – maternales y/o fetales – que hacen que el parto natural sea imposible o peligroso. Es el caso de:

$1-        Anomalías en la posición del bebé (que no sea cefálico).

$1-        Anomalías en la inserción de la placenta (placenta previa, es decir, demasiado baja).

$1-        Enfermedades maternas graves (de tipo físico y/o psicológico).

$1-        Desproporción entre las dimensiones del bebé (macrosoma) y las caderas maternas.

$1-        Condiciones patológicas del embarazo que no permiten la inducción del parto natural.

$1-        Algunos embarazos gemelares (aunque si hay dos sacos amnióticos y dos placentas y los gemelos son cefálicos pueden nacer naturalmente).

En cuanto a la desproporción feto-pélvica, una de las causas más frecuentes de cesáreas en nuestro país (sobre todo en las clínicas privadas), hay que aclarar de qué situaciones se trata: la cesárea se hace necesaria en caso de niños que pesan 5 o más quilos (4,5 kg si la madre es diabética).

Un discurso a parte son las “segundas cesáreas”, es decir, la repetición de la operación en mujeres que ya han tenido una. En realidad, la cesárea anterior no implica necesariamente una segunda. En ausencia de indicaciones médicas que indiquen la necesidad de la intervención, la mujer puede dar a luz naturalmente con un porcentaje de éxito que se acerca al 80%.

En caso de urgencia

Cuando empieza el trabajo de parto, es necesario hacer una cesárea si:

$1-        Hay un distres fetal o sufrimiento fetal agudo señalado por una alteración de los latidos cardíacos.

$1-        Hay anomalías en la mecánica del parto (cuando se bloquea la progresión, es decir, la cabecita del bebé no baja).

$1-        Se observan anomalías en el cuello del útero (que no se dilata).

$1-        Hay un desprendimiento de la placenta.

$1-        El cordón umbilical se desprende (si entra en el canal de parto, la cabeza del bebé lo aplasta).

$1-        Hay complicaciones graves de la gestosis.

¿Las mujeres quieren realmente hacérsela?

Para que la futura mamá pueda tomar una decisión razonada, es importantísimo que se les proporcionen informaciones correctas y una buena asistencia durante el embarazo. Si la futura mamá pide la cesárea y se le informa de todos los riesgos que comporta esta modalidad de parto, y además tiene un apoyo adecuado para superar sus miedos y sus dudas, en la mayoría de casos cambia de idea y se siente más preparada para vivir la experiencia de un parto natural.

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