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Cordón umbilical: respondemos a tus dudas

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Se trata de un órgano indispensable para la supervivencia del feto durante los meses de embarazo. Conozcamos qué es, las alteraciones más comunes y cómo actuar para garantizar el bienestar del bebé.

El cordón umbilical se extiende desde el ombligo del feto hasta la placenta. Suele medir de 50 a 60 centímetros, tiene forma helicoidal y está recubierto por la membrana amniótica.

Cuándo se forma el cordón umbilical

Desde el punto de vista anatómico, ya desde la semana 5 de embarazo, empieza a desarrollarse el pedúnculo de conexión entre el embrión y el trofoblasto (la futura placenta). De este esbozo de cordón, deriva, en la segunda mitad del segundo mes, el cordón umbilical en sí, que alcanzará su madurez funcional al término del primer trimestre.

Respecto a los embarazos múltiples, a menudo, los gemelos monocigotos comparten la misma placenta, y tal vez el mismo saco amniótico, pero cada uno de ellos tiene siempre su propio cordón umbilical.

Características anatómicas del cordón umbilical

El cordón es un conducto flexible con un diámetro de 1 centímetro y medio y una longitud de unos 50-55 centímetros, que une la placenta al ombligo del bebé. En el 5% de los casos, mide menos de 35 centímetros y, en otro 5%, supera los 80. Tiene un desarrollo helicoidal, con un número de espirales que puede llegar a 380. Muy robusto, ¡soporta una carga de unos 5-6 kilos!  

En su interior, concurren tres vasos sanguíneos: una vena y dos arterias, que siguen la forma en espiral del conducto y que, a veces, están envueltas en una cobertura gelatinosa que las aísla y las protege de nudos y torceduras. Esta sustancia, llamada gelatina de Wharton, está constituida por tejido conjuntivo, pero contiene también una cierta cantidad de células estaminales (o madre) mesenquimales. A diferencia de las que se retiran de la sangre del cordón después del parto (de tipo hematopoyético, es decir, especializadas en la regeneración de los elementos de la sangre), las células madre mesenquimales pueden originar células de diversos tejidos (óseo, cartilaginoso, adiposo, hepático, etc.).  

Funciones del cordón umbilical

El cordón umbilical es el vínculo fisiológico principal entre el bebé y la madre. No es el único, ya que algunas sustancias presentes en el líquido amniótico son “inhaladas” o “aspiradas” por el pequeño; pero, a través de este tubo enrollado, transitan los nutrientes fundamentales.

El sistema circulatorio de la mamá y del bebé funcionan separadamente, en el sentido de que su sangre no se mezcla nunca: son el oxígeno, las sustancias nutritivas y los anticuerpos los que se filtran del uno al otro a través de la placenta. Desde aquí, la sangre fetal enriquecida y oxigenada penetra en el organismo del bebé a través de la vena del cordón umbilical y, al llegar al hígado, la sangre se desvía hacia la vena cava inferior. Entonces, va hacia el corazón, a la aorta y, finalmente, a las arterias periféricas, incluidas las dos ilíacas, que, convertidas en arterias umbilicales, llevan la sangre “sucia” a la placenta, y luego a la mamá.

Principales complicaciones del cordón umbilical

Durante el embarazo, pueden aparecer complicaciones asociadas al cordón umbilical. Algunas de las más comunes son:

- El prolapso del cordón umbilical, que se presenta cuando éste desciende por el canal del parto antes de que lo haga el feto. Esta anomalía suele producirse en el transcurso del parto y se debe solucionar con prontitud, pues, durante las contracciones uterinas, podría interrumpirse la circulación de la sangre a través del cordón, con la consiguiente anoxia (falta de oxígeno) del feto.

- Formación de nudos en el cordón umbilical o bien de enredos y vueltas del cordón alrededor del cuello o de diferentes partes del cuerpo del feto (manos, pies, piernas, tronco, etc.). La propia naturaleza del cordón hace que sea prácticamente imposible que estos nudos aprieten el cordón de tal forma que impidan el paso de la sangre y del oxígeno al feto.

- Alteraciones de la longitud del cordón: en algunos casos, el cordón supera la longitud normal de 50-60 centímetros. Éstos son los que suelen provocar más complicaciones.

Cuál es el momento más indicado para cortarlo

Normalmente, el “clampaje” (es decir, el pinzamiento de dos puntos del cordón umbilical para evitar su sangrado) y la resección posterior tienen lugar unos 30 de segundos después del parto. Sin embargo, estudios más recientes han demostrado que esta prisa típicamente moderna (en el tradicional parto en casa, la matrona esperaba a que el cordón dejara de palpitar antes de cortarlo) no aporta ningún beneficio; al contrario, priva al bebé de una cantidad muy valiosa de sangre de la placenta todavía presente en el cordón, que, en cambio, sería muy útil como base para contrarrestar una posible falta de hierro en los primeros seis meses de vida del bebé, sobre todo en los prematuros. Sin embargo, la práctica del clampaje con retraso, recomendada por la Organización Mundial de la Salud, tiene una contraindicación: hace difícil, si no imposible, donar la sangre del cordón.

Por qué es importante conservar la sangre del cordón umbilical

Muchas enfermedades de la sangre (de cáncer, como leucemias y linfomas, o congénitas, como la talasemia o la inmunodeficiencia del neonato) se pueden curar con un trasplante de médula ósea y de las células madre que la médula contiene. Sin embargo, no siempre es fácil encontrar un donante de médula genéticamente compatible, sea entre familiares o en los registros internacionales.

Hace unos 30 años, se descubrió cómo conseguir células madre a través de una fuente alternativa: la sangre de la placenta y del cordón umbilical, donde se encuentran en una concentración significativa. Y es lógico, si pensamos que el recién nacido es todavía un organismo inmaduro, en la fase inicial del crecimiento, y que, por lo tanto, tiene en sí mismo muchos elementos destinados a la fabricación de sangre y de tejidos.

¿Y si el cordón umbilical se enrolla?

Cuando el feto se mueve dentro del vientre, es fácil que el cordón umbilical se enrolle alrededor de las articulaciones o, más a menudo, alrededor del cuello. Sin embargo, dado que en el 20% de los partos vaginales fisiológicos se produce un enrollamiento (o más de uno en el 5% de los casos), se considera una situación no alarmante y, normalmente, no se investiga en el curso de las distintas ecografías.

Sólo en algunos casos poco frecuentes, en el momento del trabajo de parto, el cordón podría apretar alrededor del cuello del bebé, alterando el ritmo cardíaco e induciendo al equipo médico a considerar la posibilidad de una cesárea.

Ni siquiera un cordón umbilical muy corto, incluso de 13-15 centímetros, es motivo de preocupación. Resulta simplemente incómodo para el obstetra, que en el momento del parto se ve obligado a cortarlo antes de colocar al bebé en la mesa o el pecho de la mamá.


 

 

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