Mi bebé y yo

Dejar de fumar durante el embarazo

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Tú también lo sabes: fumar es malo. Para ti y para el bebé que se está formando en tu vientre. Ahora ha llegado el momento de dejar este vicio. Esto es lo que puedes hacer.

 Si nunca has conseguido liberarte del hábito de fumar,  ahora que esperas un bebé, los motivos para hacerlo son muchísimos. Lo que se inhala con los cigarrillos, como la nicotina y otras sustancias producidas por la combustión (¡más de 4.000!), atraviesa la placenta y llega al feto, con los mismos efectos tóxicos que actúan en los adultos. Según estudios recientes, el bebé recién nacido presenta rastros de nicotina en la sangre del cordón umbilical, en el pelo y en el meconio, las primeras heces del bebé, que cuentan la “historia” de la exposición del feto al ambiente en el que ha vivido los últimos 4-5 meses (es decir, desde que su intestino empezó a ser activo). Si la nicotina, que es la molécula más grande, puede penetrar en la placenta, claramente también lo harán las sustancias más pequeñas. Este fenómeno, aunque en menor proporción, tiene lugar también si la mamá es fumadora pasiva: en las matrices biológicas del bebé, se halla la misma cantidad de sustancias que se encuentran en niños nacidos de mamás fumadoras ocasionales.

Los daños para el bebé…

Las consecuencias de los cigarrillos para el feto han sido comprobadas:

- Existe un riesgo más elevado de interrupción espontánea del embarazo: las causas todavía no están muy claras, pero es evidente que el ambiente uterino en el que se desarrolla el embrión no es adecuado.

- Es más fácil que el bebé nazca prematuro, con bajo peso y con un retraso en el desarrollo de la función respiratoria.

- En algunos bebés hijos de fumadoras, puede aparecer, en las primeras horas después del nacimiento, el llamado “síndrome de abstinencia neonatal de la nicotina”, que puede manifestarse con hiperactividad, asfixia y con verdaderas crisis epilépticas, alcanzando, incluso, un estado de sufrimiento que puede llegar a necesitar maniobras de oxigenación y suministro de medicamentos.

- El hecho de absorber, ya en el útero, las sustancias dañinas del tabaco también se asocia a una mayor probabilidad de SMSL, es decir, de síndrome de muerte súbita del lactante, que puede afectar a los bebés sin motivo aparente en los primeros meses de vida.

-  Durante la infancia, hay más probabilidades de que el niño sufra patologías respiratorias y alérgicas, como asma bronquial, bronquiolitis y, en general, inflamaciones del aparato respiratorio con secreciones de catarro. Esto ocurre, sobre todo, si la mamá sigue fumando durante la lactancia (las sustancias tóxicas se transmiten a través de la leche) o, de todas formas, cerca del bebé.

-  Estudios recientes demuestran que haber absorbido las sustancias tóxicas del tabaco ya durante la vida fetal podría interferir en el desarrollo intelectual del niño. Se trata de datos que han de ser confirmados por estudios más detallados, pero representan, sin duda, una señal de alarma.

…y para la futura mamá

El problema principal que la futura mamá puede tener ya antes de concebir un bebé es que, si fuma mucho, la capacidad de procrear disminuye de forma significativa. Es suficiente con mirar las estadísticas: en los casos de esterilidad sin causa aparente, prevalecen las parejas de fumadores. Algunos estudios sobre el líquido seminal han evidenciado que la motilidad de los espermatozoides disminuye progresivamente al aumentar la concentración de nicotina en el semen. Además, el tabaco puede modificar las características del moco cervical, como el pH y la viscosidad, haciendo que el ambiente sea más hostil para la fecundación y para la anidación del embrión.

Por lo demás, los daños observados en las mamás son los mismos que los de cualquier adulto expuesto al consumo de cigarrillos. Pero ¿se puede establecer un “límite de peligrosidad”? ¿Se puede decir, por ejemplo, que cuatro cigarrillos al día no representan un peligro? En realidad, existe una susceptibilidad individual que no se puede ni medir ni prever. Por este motivo, puede ocurrir que un fumador empedernido no coja ninguna patología, como enfisema o cáncer de pulmón, y que un fumador ocasional enferme después de pocos años de tabaquismo.

Lo mejor es, sin duda, dejar de fumar lo antes posible: ya 24 horas después del último cigarrillo, los valores de tensión y los latidos cardíacos vuelven a la normalidad; una semana después, se regeneran las papilas gustativas, que permiten a la futura mamá saborear mejor las comidas. Si una mujer se está planteando quedarse embarazada, lo ideal sería abstenerse de fumar (activa o pasivamente) ya a partir de 2-3 meses antes de la concepción.

 Métodos para dejarlo

Las herramientas para dejar de fumar han aumentado mucho en los últimos años: existen nuevos medicamentos y un mayor apoyo psicológico.

- Entre los medicamentos, los más útiles son los que contienen nicotina: chicles, pastillas y parches que previenen los síndromes de abstinencia. Pero ¿pueden tomarse durante el embarazo? Estos productos sólo llevan nicotina, que disminuye progresivamente durante el tratamiento, mientras que todas las demás sustancias de los cigarrillos están ausentes. Sin embargo, algunos estudios relacionan estos medicamentos con posibles retrasos del crecimiento del feto, aunque se trata de investigaciones llevadas a cabo en animales y que aún no han sido testadas en seres humanos.

-  Otro medicamento aconsejado es el bupropión, un antidepresivo cuya eficacia fue descubierta por casualidad por un grupo de médicos estadounidenses: se dieron cuenta de que sus pacientes tenían sensaciones desagradables al fumar. Sin embargo, este medicamento no ofrece resultados milagrosos, y no se descartan posibles daños para el feto durante el embarazo.

-  Últimamente, se está difundiendo mucho un fármaco nuevo, la vareniclina, un antagonista de los receptores de la nicotina, que sirve para superar el malestar psicológico debido a la ausencia de nicotina. Sin embargo, su descubrimiento es tan reciente que todavía no se conocen los posibles efectos secundarios en el feto.

Lo ideal, claramente, sería decidir dejar de fumar antes de la concepción, para poder realizar sin problemas un tratamiento farmacológico y depurar el organismo eliminando las sustancias tóxicas. Si ya hay un embarazo en curso y no se consigue dejar de fumar sin ayuda, también se puede recurrir a los medicamentos, pero siempre bajo recomendación médica y en la menor dosis posible, acompañando el tratamiento de una terapia psicológica.

Quién puede ayudarte

En España, hay centros antitabaco públicos y privados, aunque la mayoría se encuentran en hospitales (en el departamento de adicciones o de neumología) y permiten una aproximación al problema desde dos perspectivas: por un lado, se sigue un tratamiento farmacológico; por el otro, se dispone de un apoyo psicológico a través de terapias individuales o de grupo. Los tratamientos suelen durar varios meses, al principio, con reuniones semanales más frecuentes, para acabar con encuentros esporádicos de control. Los porcentajes de éxito son altos porque el fumador no se siente solo en un momento tan delicado. 

Enlaces útiles

Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo:   www.cnpt.es

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