Mi bebé y yo

¡Ay, las cervicales!

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Un molesto dolor en el cuello, tal vez acompañado por otras molestias. El embarazo por sí solo no aumenta la probabilidad de sufrirlas, pero, si las cervicales se te “resisten” durante los nueve meses, ¿qué puedes hacer?

Las cervicales (o, mejor dicho, la cervicalgia, porque “cervicales” es simplemente un adjetivo que se refiere a la parte superior de la columna vertebral) es un problema bastante común, tanto que se podría decir que todos, al menos una vez en la vida, hemos sufrido la experiencia. La cervicalgia es menos debilitante respecto a las molestias que implican a la parte baja de la espalda, y por eso es menos frecuente recurrir al médico: si el dolor no es particularmente fastidioso, se espera simplemente a que pase, como sucede en la mayoría de los casos.

Cómo reconocerla

El síntoma inconfundible es el dolor localizado en la nuca, o, mejor dicho, desde la mitad de la cabeza hasta la altura de los omóplatos y los hombros. A veces, se asocia con el dolor de cabeza muscular y tensional, que parte de la nuca y se extiende hasta la frente y sobre los ojos. Mucho menos frecuentes son los vértigos o las náuseas, que se presentan, en general, como resultado de un trauma, como, por ejemplo, el síndrome del latigazo.

En una minoría de los casos, el dolor se puede extender hasta un hombro y hasta el brazo, a menudo acompañado de hormigueo: en este caso, se podría sospechar de una hernia discal, que está en contacto con las raíces nerviosas cervicales que inervan la extremidad inferior.

En el origen, un error de postura

Además de la hernia cervical o el traumatismo, que son, afortunadamente, casos poco frecuentes, la causa más habitual de la cervicalgia se encuentra en los errores de postura, ligados a estilos de vida actuales. Pasar mucho tiempo frente al ordenador, por ejemplo, es un factor importante para la predisposición a la cervicalgia, así como los trabajos de precisión, ya que, al estar atentas al trabajo que desarrollamos, no nos damos cuenta de la rigidez de los muslos del cuello y de los hombros. No se debe infravalorar el rol que juega el estrés, que provoca tensiones musculares y que, por la estrecha correlación entre psique y cuerpo, lleva a modificar la postura y hace aumentar la percepción del dolor.  

¿El embarazo favorece la cervicalgia?

El embarazo en sí no es un factor que predisponga a la cervicalgia, ya que los cambios posturales determinados por el crecimiento de la barriga implican sobre todo a la zona lumbar, que recibe la mayor carga. Aun así, podrían aparecer algunos dolores en los meses sucesivos al parto, si la mamá adopta posturas incorrectas mientras tiene en brazos al bebé o le da el pecho, pero no es un hecho que esto vaya a ocurrir.

¿El principal tratamiento? ¡Moverse!

La primera regla para prevenir o tratar la cervicalgia es desterrar el sedentarismo. Hacer ejercicios específicos y practicar una actividad física que implique también al cuello y los hombros es muy útil para evitar tensiones musculares. Pero también cuando el dolor ya ha aparecido, el movimiento permite una recuperación más rápida, ya que favorece una mejor microcirculación local, que sirve tanto para transportar las sustancias algógenas, las que se producen cuando se ha producido una inflamación y originan la sensación dolorosa, como para proporcionar oxígeno y nutrientes a los tejidos en los que se ha producido la inflamación, ayudándolos a recuperar su condición óptima. Por último, si hay una contractura muscular, una actividad física dirigida ayuda a relajar el músculo contraído y a asimilar el ácido láctico acumulado.

Para aquellas a las que les gusta nadar, lo ideal es alternar entre varios estilos, que permiten mover el cuello, los brazos y la espalda de forma diferente. Sin embargo, lo importante es nadar con la cabeza sumergida. De lo contrario, los músculos cervicales podrían ser sometidos a un estrés todavía mayor, que podría favorecer el dolor en lugar de reducirlo: si no consigues estar con la cabeza bajo el agua, es mejor evitar el estilo libre y la braza, y dar prioridad al estilo de espalda, que permite un buen movimiento de los hombros y los brazos y preserva los músculos cervicales.

¿Y los medicamentos? Durante el embarazo, es mejor recurrir a ellos lo menos posible. Sólo en una fase aguda se podría tomar paracetamol, que atenúa un poco la inflamación y el dolor.  

Cuándo acudir al médico

En general, la cervicalgia se resuelve espontáneamente en unos pocos días. Sin embargo, si el dolor se hiciera persistente e impidiera el desarrollo de la actividad normal, sería aconsejable dirigirse al médico, que valorará la posibilidad de hacer estudios instrumentales para descartar una hernia discal, tales como una resonancia magnética (si es indispensable, se puede hacer también durante el embarazo, aunque normalmente se intenta dejarla para después del parto). También se puede pedir opinión a un especialista.  

Aun así, debe tenerse en cuenta que, en la gran mayoría de los casos, la hernia tiende a resolverse por sí sola o con la ayuda de algunos tratamientos y ejercicios de gimnasia asociados a manipulaciones o masajes, que debe ejecutar un buen quiromasajista u osteópata. A diferencia del pasado, hoy en día, la hernia cervical ya casi no se opera.

La posición correcta ante el ordenador

En realidad, no existen posturas correctas. Incluso las que teóricamente son mejores, si se mantienen durante demasiado tiempo, pueden causar problemas. El verdadero secreto consiste en cambiar a menudo de postura, incluso modificando sólo la posición de una pierna, el apoyo de los brazos en los reposabrazos o de la espalda en el respaldo. He aquí algunas indicaciones generales:  

- La altura de la silla debe ajustarse de modo que los pies estén completamente apoyados en el suelo, sin que haya una compresión de la parte posterior del muslo.

- Es preferible elegir una silla con respaldo regulable y reposabrazos, de modo que se pueda disponer de apoyos útiles y cambiar al menos parcialmente la posición del asiento.

- El monitor debe estar colocado frente a ti, un poco por debajo de la línea de los ojos para que la cabeza esté ligeramente hacia abajo.

- Los hombros deben estar relajados, los codos flexionados, formando un ángulo de alrededor de 90 grados, los antebrazos apoyados sobre el escritorio, la columna apoyada en el respaldo, bien apoyada a nivel lumbar, de modo que se conserve la lordosis fisiológica (si es necesario, puedes usar un cojín).

- De vez en cuando, tómate un descanso, levantándote del escritorio, caminando un poco o simplemente practicando algunos ejercicios para estirar: existen programas descargables gratuitamente de Internet (por ejemplo, workrave.org) que “imponen” las pausas que debes hacer: a intervalos prefijados, ajustados por el usuario, bloquean temporalmente el ordenador y muestran algunos ejercicios para relajar los músculos.

Para relajar la musculatura

He aquí algunos ejercicios para realizar incluso mientras se está sentado en el escritorio, cuando sentimos que necesitamos relajar los músculos cervicales. Cada uno se puede repetir alrededor de 10 veces.

- Ejecuta rotaciones del cuello, primero hacia la derecha y luego hacia la izquierda, como si quisieras decir “no” de forma lenta (de otro modo se podrían experimentar mareos), teniendo cuidado de no flexionar la espalda.

- También lentamente, flexiona la cabeza hacia delante y hacia atrás como si dijeras sí, y después lateralmente, hacia el hombro derecho y hacia el izquierdo.

- Con las manos apoyadas en los hombros, haz rotaciones de los codos, primero hacia delante y luego hacia atrás, intentando “abrir” bien los hombros. 

- En posición sentada, cerca del escritorio y con los codos apoyados en la superficie y la barbilla en las manos, haz flexiones de la cabeza hacia delante, haciendo resistencia con las manos.

- En posición sentada, con las manos cruzadas detrás de la nuca, extiende la cabeza hacia atrás, poniendo resistencia con las manos.

- En posición sentada y mirando hacia delante, lleva la barbilla hacia atrás, manteniendo la cabeza bien derecha.

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