Mi bebé y yo

El líquido amniótico

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Un preciado protector para el bebé.

Una cuna que lo protege, lo alimenta y lo mima durante los 9 meses. Esto es el líquido amniótico para el bebé que se está formando en el vientre de la madre. Está compuesto en gran parte de agua, sales minerales, lípidos y proteínas. Al principio del embarazo es producido por la placenta y las membranas que rodean la pared uterina, pero a partir del segundo trimestre está compuesto sobre todo por la orina del bebé. Sin embargo, se trata de una orina muy distinta de la de los adultos, mucho más parecida al suero (el componente líquido de la sangre). De hecho, el bebé bebe el líquido, lo digiere, lo absorbe en el intestino y, una vez que entra en circulación, es filtrado por los riñones que lo expulsan de nuevo en el saco amniótico. La cantidad de líquido aumenta hasta el sexto-séptimo mes de gestación, después se mantiene más o menos igual, hasta empezar a disminuir gradualmente en las últimas semanas, con el crecimiento del feto.

Para qué sirve

El líquido amniótico tiene una función mecánica: reduce los sonidos y los ruidos externos, que de esta forma llegan al feto de forma leve, mantiene la temperatura estable, atenúa posibles golpes. Por no hablar del hecho que representa un envoltorio estéril indispensable para proteger al pequeño del riesgo de infecciones.

Desde el punto de vista metabólico, es útil para el desarrollo del sistema digestivo: es ingerido por la boca, llega al estómago donde es digerido, pasa al intestino donde empieza la actividad de absorción, mientras que las primeras sustancias no digestibles (las células de descamación de la piel y de las mucosas) empiezan a acumularse, formando poco a poco el meconio (las primeras heces que el bebé expulsará tras el parto).

Otra función importante es permitir el desarrollo del sistema respiratorio. “En el útero, el niño hace movimientos respiratorios periódicos con los músculos del tórax y del diafragma; inhala el líquido a través de la nariz y la presión empuja los alvéolos y hace que se dilaten como si realmente respirara”, explica Ferrazzi. “En el momento del parto, finalmente, el líquido es en parte absorbido por los alvéolos pulmonares y en parte echado por los pulmones: el niño se prepara así para su primera respiración”.

Cómo se controla si está bien

Para que el líquido amniótico pueda llevar a cabo sus tareas, es importante que su cantidad sea siempre adecuada. Esto lo comprueba el ginecólogo durante los controles, evaluando el tamaño de la barriga y, con la mano apoyada en el útero, averiguando que el bebé consiga moverse libremente. En caso de dudas, se hace una ecografía para medir el ILA (índice de líquido amniótico). El útero es dividido, idealmente, en cuatro cuadrados de los cuales se mide el índice que corresponde al mayor espesor de líquido; después, se suman los cuatros resultados y se comparan con los valores de referencia.

Cuando es poco…

Una cantidad de líquido inferior a la norma (en medicina se habla de “oligohidramnios”) puede tener distintas causas:

- Puede depender simplemente de un escaso consumo de líquidos por parte de la madre, y puede fácilmente compensarse con un aumento del consumo de agua.

- Puede señalar un mal funcionamiento de la placenta, que no aporta al bebé suficientes alimentos y líquidos, provocando una disminución del crecimiento fetal.

- Puede deberse a una patología de malformación de los riñones del niño o a una obstrucción de la vejiga, que comportan que el niño no produzca orina.

- Finalmente, la ruptura de las membranas corioamnióticas puede provocar pérdidas de líquido, pero en este caso será la misma mamá quien se dará cuenta del problema, y el médico sólo tendrá que confirmar el diagnóstico.

Claramente, dependiendo de la causa del problema se decide cómo intervenir: en caso de un retraso de crecimiento, se puede optar por la posibilidad de adelantar el parto. Si se sospecha una malformación y la ausencia de líquido no permite hacer un diagnóstico ecográfico seguro, se puede recurrir a una amnioinfusión: se inyecta una determinada cantidad de suero fisiológico directamente en el saco amniótico: el fluido facilita el paso de los ultrasonidos, permitiendo hacer un estudio ecográfico adecuado.

…y cuando es demasiado

También la situación en que la cantidad de líquido es superior a la norma (polihidramnios) es anómala. Esta condición puede depender, en primer lugar, de la aparición de diabetes gestacional, que provoca una mayor ingestión de azúcares por parte del feto y, por tanto, una mayor producción de orina. El polihidramnios también puede señalar unas patologías del tramo gastrointestinal del feto, que no consigue deglutir el fluido, que se acumula más de lo normal. También en esta ocasión se hacen investigaciones para descubrir la causa, y después se decide cómo intervenir y si hacer nacer al bebé de forma prematura.

En algunos casos, puede ser necesario efectuar una amnioreducción, es decir, una aspiración del líquido en exceso con una aguja (con un procedimiento parecido a la amniocentesis), para evitar una excesiva distensión del útero: siendo un músculo, podría contraerse y empezar el trabajo de parto antes de lo debido.

La ruptura de las membranas

Al final del embarazo, el saco amniótico ha llevado a cabo su función y se rompe, dejando salir el líquido. En la mayoría de casos, esto ocurre cuando el trabajo ya ha empezado y la dilatación del cuello uterino ya ha llegado a 7-9 cm. En algunas embarazadas, en cambio, el saco se rompe antes de que las contracciones empiecen: en este caso, es oportuno ir al hospital dentro de unas horas: en primer lugar, porque de un momento a otro empezarán las contracciones; en segundo lugar, porque tras 12-18 horas desde la ruptura del saco es necesario administrar antibiótico a la mamá.

De hecho, cuando se rompen las membranas, el ambiente uterino puede convertirse en un lugar infectado por una infección que procede de la vagina, y es necesario proteger al feto. El líquido amniótico tiene su papel también durante el trabajo de parto, porque reduce el riesgo que las contracciones del útero puedan causar compresiones o incluso oclusiones del cordón umbilical: es por eso que en los trabajos normales es mejor respetar la naturalidad del parto y no romper las membranas de forma artificial para “ir más rápido”.

Si el líquido es “colorado”

Normalmente, el líquido amniótico es transparente y un poco opaco, a lo mejor ligeramente rosado porque, con la ruptura de las membranas, puede haber una leve pérdida de sangre. Sin embargo, en algunos casos puede aparecer un poco verdoso: “Es una señal de que el bebé ha expulsado un poco de meconio”, explica el Prof. Ferrazzi”. Pero no necesariamente esto indica un problema: según las investigaciones más recientes, si el feto está en una situación de estrés puede relajar los esfínteres, y por tanto dejar salir una modesta cantidad de contenido intestinal. Sin embargo, esto no quiere decir necesariamente que haya una condición de sufrimiento fetal. A veces, lo que provoca este fenómeno podría ser simplemente una momentánea – pero sustancialmente inocua – compresión del cordón umbilical. Además, aunque el bebé haya ingerido un poco de meconio, en el momento del nacimiento será aspirado con una sonda, para liberar enseguida las vías respiratorias”.

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