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Fumar en el embarazo: ¡adiós al cigarrillo!

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Los riesgos más comunes, los menos comunes pero más graves, los daños para la mamá y el feto por la exposición al tabaquismo pasivo y los consejos para dejarlo, incluso antes de quedarte embarazada.

Fumar durante el embarazo es peligroso para el feto. Sin embargo, muchas mujeres fumadoras no lo dejan ni siquiera cuando se quedan embarazadas: entre un 10 y un 12% de ellas no consigue ni siquiera reducir el número de cigarrillos que fuman al día. Aunque el humo no comporta automáticamente daños para la salud del bebé, los riesgos aumentan, y son mayores cuanto más alto es el número de cigarrillos consumidos.

Bebés bajos de peso

El humo del tabaco contiene alrededor de 4.800 substancias dañinas, de las cuales 80 son indudablemente cancerígenas. La consecuencia más frecuente del consumo de cigarrillos durante los meses de embarazo es que el bebé tenga un peso demasiado bajo cuando nace. Este fenómeno está estadísticamente demostrado, y también se ha evidenciado una relación directa de causa y efecto. El humo del tabaco contiene, entre otros, monóxido de carbono (CO), que penetra en los pulmones y sustrae oxígeno: de este modo, disminuye la oxigenación del feto, provocando una ralentización de su crecimiento. Además, la nicotina provoca un vaso-espasmo, es decir, un estrechamiento momentáneo de las arterias, por las que se reduce el flujo sanguíneo. En definitiva, el humo daña el flujo sanguíneo que llega al feto a través de la placenta, tanto desde el punto de vista de la calidad como del de la cantidad.

¿Es posible cuantificar con exactitud el aumento del riesgo? De hecho, depende de cuantos cigarrillos se fumen. La única cantidad segura son cero cigarrillos.

Otros riesgos

Con menos frecuencia, fumar durante el embarazo puede causar problemas más serios, considerados riesgos aumentados y no consecuencias inevitables, como:

- Abortos espontáneos

- Partos prematuros

- Placenta previa

- Embarazos extrauterinos

Problemas respiratorios del neonato

Además, aunque por suerte se trata de casos relativamente raros, aumentan significativamente las muertes súbitas de los bebés de mujeres que fumaron durante el embarazo, con una frecuencia proporcional al número de cigarrillos. Finalmente, no debemos olvidar que también la salud de la madre puede ser dañada por la nicotina. Además de los riesgos que todos conocemos, como las enfermedades del aparato cardiocirculatorio, una mujer embarazada que fume se expone a un peligro adicional: aumentan, por ejemplo, las probabilidades de sufrir de tromboflebitis, una inflamación de las venas que puede dar lugar a una tromboembolia.

Cuanto antes se deje de fumar, mejor

Lo mejor que se puede hacer, por lo tanto, es romper con el hábito de fumar antes de dar inicio a un embarazo. Si una mujer deja de fumar justo antes del inicio de la gestación, en lo que respecta a la salud del bebé, es como si nunca hubiera fumado. Sin embargo, puede pasar que el embarazo sea inesperado, o que la mamá no se dé cuenta enseguida de estar embarazada. No tengas miedo: siempre estás a tiempo de dejar de fumar.

También está demostrado por un estudio publicado en julio del 2011 por Nick Macklon, experto en ginecología del Hospital Universitario de Southampton (Inglaterra), titulado Dejar de fumar apenas se tiene una confirmación del embarazo evita las consecuencias negativas ligadas al tabaco en el nacimiento. El estudio examinó el parámetro más indicativo de los daños debidos al consumo de tabaco en el embarazo, es decir, el peso del bebé en el nacimiento. Macklon y sus colaboradores analizaron el peso de los bebés de mujeres que pertenecían a diversas categorías: fumadoras, no fumadoras, exfumadoras y fumadoras que dejaron el tabaco justo después del inicio del embarazo o apenas tuvieron la confirmación. Para las mujeres pertenecientes a esta última categoría, los resultados evidenciaron que el peso medio del bebé en su nacimiento era sensiblemente mayor respecto a los bebés de las fumadoras “empedernidas”. Además, la duración media del embarazo era comparable a la de las no fumadoras.

El concepto fundamental, por lo tanto, es que decir adiós a los cigarrillos reduce el riesgo de dañar al bebé, y la reducción del riesgo es mayor cuanto antes se deje de fumar.

Tabaco y lactancia

Muchas mujeres consiguen dejar de fumar durante el embarazo, pero retoman el hábito justo después del parto o la lactancia. Se trata, ante todo, de una oportunidad perdida: teóricamente, dejar de fumar durante tanto tiempo debería llevar fácilmente a decir adiós para siempre a los cigarrillos. Si la vuelta al tabaco se produce mientras todavía se está dando el pecho, se expone al bebé a riesgos para su salud. Las sustancias nocivas que contiene el humo del tabaco, en líneas generales, pasan a la leche, que se ve empobrecida tanto desde el punto de vista de la calidad como del de la cantidad. Una de las consecuencias puede ser que el bebé tenga más dificultades para dormir, algo que se traduce en una mayor irritabilidad y, en definitiva, también en menos horas de sueño para los padres. Otro de los efectos negativos es que el pequeño tiene más probabilidades de sufrir de cólicos intestinales. Además, hay muchas patologías que pueden derivar del humo respirado por los bebés: por ejemplo, en lo que respecta al asma bronquial, se calcula que un 15% de los casos está ligado al humo de los familiares que fuman a su alrededor.

Las mejores técnicas para decir basta

Existen varias técnicas a las que se puede recurrir. Algunas de éstas prevén la administración de fármacos, como la vareniclina o el bupropion, que se encuentran entre las más utilizadas para este fin en todo el mundo. Por desgracia, estos remedios se encuentran entre las sustancias que hay que evitar durante el embarazo. Si una mujer tiene pensado tener un bebé en un futuro próximo, podría someterse a estos tratamientos antes de concebir. Por seguridad, basta con suspender la toma del fármaco un mes antes de empezar el embarazo.

Si, en cambio, el embarazo ya se ha iniciado, es necesario recurrir a otros métodos, como, por ejemplo, una terapia psico-conductual, ya sea de forma individual o en terapia de grupo. Naturalmente, en lo que respecta a las mujeres embarazadas y los padres en general, la salud de los hijos es, o al menos debería ser, un estímulo añadido.

Los daños del tabaquismo pasivo

El humo pasivo que respira la madre también hace daño al feto, aunque en mucha menor medida que el humo activo. También en este caso, el aumento del riesgo depende de la cantidad a la que la madre esté expuesta.

Contactos para conseguir ayuda

El Ministerio de Salud ofrece diversos recursos informativos para dejar de fumar, como la Guía se puede dejar de fumar: claves para conseguirlo, el Programa para dejar de fumar y la campaña Los exfumadores no abandonan, todas ellas disponibles on-line en la página web del Ministerio. ( https://www.msssi.gob.es/ciudadanos/proteccionSalud/tabaco/ayuda.htm)

Además, ofrece un listado de centros y recursos por comunidad autónoma para que puedas recurrir al centro más cercano para que te ayuden a dejar de fumar. ( https://www.msssi.gob.es/ciudadanos/proteccionSalud/tabaco/ayudaCCAA.htm)

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