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La hipertensión en el embarazo: nuevas esperanzas en la investigación

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Un fenómeno que se debe tener bajo control durante los meses de gestación. A veces es incluso un síntoma de un síndrome de más riesgo, la preeclampsia o gestosis. Las novedades de la investigación científica.

Uno de los aspectos de la medicina sobre los que el progreso de la investigación científica está finalmente arrojando un poco de luz es la hipertensión durante el embarazo. Se trata de un fenómeno que en la mayor parte de los casos no comporta consecuencias serias, pero que es necesario tener controlado con atención. A veces es incluso síntoma de un síndrome más grave, la preeclampsia o gestosis.

El trastorno se manifiesta tras la semana 20 del embarazo. El síntoma más evidente es la misma tensión arterial, que alcanza y supera valores de 140 para la máxima y de 90 para la mínima. Otro síntoma importante, aunque se encuentra sólo con análisis clínicos, es la proteinuria, es decir, la presencia de proteínas en la orina.

Las causas aún son desconocidas, pero la investigación avanza

Sobre las causas de la preeclampsia todavía hay mucho por descubrir, pero ya se han producido grandes avances y muchos otros parecen cercanos. El estado del arte de la investigación ha sido en el centro de un convenio organizado hace algunos meses en el hospital Sacro Cuore-Don Calabria di Negrar de Verona (Italia), en el que participaron algunos de los expertos más importantes a nivel mundial.  

“La preeclampsia se produce cuando el sistema inmunológico de la mujer se activa inapropiadamente y causa una inflamación en todo el organismo”, explica Marco Scioscia, uno de los organizadores del convenio. “En el origen de esta anomalía todavía hay factores en parte desconocidos”, prosigue Scioscia, “pero son muchas las hipótesis consistentes. Para empezar, hay un acuerdo general sobre la idea de que es un síndrome multifactorial: es decir, no existe una causa única, sino una serie de causas relacionadas. Por ejemplo, un factor de riesgo, descubierto a nivel epidemiológico por el científico francés Pierre-Yves Robillard, está ligado a la vida sexual: si el embarazo se inicia cuando una pareja lleva poco tiempo junta, la probabilidad de que se manifieste una preeclampsia es mayor. Y viceversa: es menor si la pareja ha tenido relaciones sin protección durante mucho tiempo. Cuanto más aumenta este intervalo de tiempo, más disminuye el riesgo, aunque no llega nunca a cero”. En resumen, es un poco como si el conocimiento biológico entre los dos compañeros actuara como acción protectora. “Este vínculo con la esfera sexual es acertado, pero todavía no se conocen sus dinámicas”, precisa Scioscia. Otras causas consideradas probables son de naturaleza genética o incluso metabólica: la insulinoresistencia, una alteración metabólica en la absorción de los azúcares, aumenta siempre ligeramente durante el embarazo, pero, si aumenta mucho, aumenta también el riesgo de preeclampsia.

Caminos prometedores para pruebas más fiables

La misma resistencia a la insulina es un síntoma que se puede utilizar para hacer un diagnóstico precoz: ya ha sido patentada una técnica en este campo, elaborada por el mismo Scioscia. Por lo tanto, es probable que en poco tiempo llegue al mercado una nueva prueba.

Actualmente, sin embargo, está disponible un test que se basa en el flujo sanguíneo: la observación de base es que, en los casos en los que se desarrolle preeclampsia, el flujo de sangre en la arteria uterina es menor de lo normal desde el primer trimestre; aunque no todas las embarazadas con esta anomalía sufrirán de gestosis, se podría utilizar como un indicador precoz de riesgo.

Además, hay muchas esperanzas depositadas en otro descubrimiento reciente. Ananth Karumanchi, profesor nefrólogo de la Universidad de Harvard, ha identificado un vínculo entre una alteración de los niveles de algunas proteínas de la sangre a la aparición de los síntomas de la preeclampsia. Este descubrimiento, que podría conducir a pruebas más fiables, ha sido definido como “muy prometedor” por Irene Cetin, profesora asociada de la Universidad de Milán. Sin embargo, también este test podría resentirse de un defecto de base: las alteraciones de la placenta causadas por la preeclampsia son una de las posibles causas de los valores anómalos de las proteínas, pero no la única. Así pues, muchas mujeres tendrán valores teóricamente “de riesgo” aunque luego no desarrollen el síndrome. Según Irene Cetin, que es una de las expertas más notables a nivel internacional en el campo de la preeclampsia, “uno de los problema as de las pruebas actuales es que hay muchos falsos positivos”, es decir, mujeres que en base al test parecerían destinadas a manifestar una preeclampsia cuando en realidad no lo están. Esto reduce la fiabilidad de la prueba, pero sobre todo añade un cargo de ansia injustificada a muchas mujeres. Sin embargo, Irene Cetin confía en que “en el futuro, las pruebas serán más fiables gracias a la utilización de más parámetros”. En otras palabras, mientras que la alteración de un solo valor puede ser debida a varias causas además de la preeclampsia, cruzando diversos parámetros será muy improbable obtener un diagnóstico erróneo.

La importancia de la prueba está ligada al desarrollo de la patología. Por desgracia, la preeclampsia no se puede prevenir, pero una detección eficaz puede seleccionar más precisamente las mujeres que tienen más probabilidades de desarrollarla. En general, las categorías de mujeres con mayor riesgo son aquellas que tienen una edad inferior a 20 años o superior a 37, las que están en su primer embarazo, las que sufren o tienen una historia familiar de hipertensión, las que tienen sobrepeso o las que sufren determinadas patologías, como diabetes o artritis.

La importancia de un diagnóstico precoz

Aunque no existe un tratamiento resolutivo, un diagnóstico precoz podría ser de gran ayuda: como explica Irene Cetin, “el síndrome se manifiesta en la segunda mitad del embarazo, cuando el daño ya está hecho”. Si el diagnóstico es lo bastante precoz, sería más fácil controlar el estado de la patología durante el resto del embarazo, con un tratamiento antihipertensión y con controles más frecuentes y detallados, tanto ecográficos como para la tensión. Además, Irene Cetin recomienda que “en caso de un aumento comprobado del riesgo, las futuras mamás podrán intentar ser un poco más cuidadosas respecto a su estilo de vida: por ejemplo, con una alimentación equilibrada y, si es posible, una reducción del estrés, también en el trabajo. Además, sería adecuado hacer una actividad física moderada. Obviamente, no se habla de deportes competitivos durante el embarazo, pero un paseo diario puede ser adecuado”. La enfermedad es más fácilmente gestionable si se produce en el octavo o noveno mes de embarazo, mientras que si las manifestaciones empiezan ya en el sexto o séptimo mes, cuando el feto todavía no está lo suficientemente desarrollado para proceder a un parto prematuro, se intenta continuar con la gestación tanto tiempo como sea posible y favorecer con fármacos la maduración de los pulmones del bebé. Si no hay complicaciones, que afortunadamente no son frecuentes, el “tratamiento” más resolutivo es el parto: el nacimiento del bebé, además de ser (sobre todo) el evento más importante de por sí, resuelve la solución desde el punto de vista clínico.

Las complicaciones son poco frecuentes

En algunos casos, por suerte raros, la preeclampsia puede tener graves complicaciones. La principal es la eclampsia, de la que toma el nombre: el término preeclampsia indica que el síndrome puede evolucionar (afortunadamente no muy a menudo) en una eclampsia. Entre las mujeres que sufren de preeclampsia, las que desarrollan eclampsia son una pequeña parta, entre 1 de cada 10 y 1 de cada 100. En estos casos, el riesgo más serio para la madre es una crisis convulsiva, que a veces puede provocar una hemorragia cerebral. Para la supervivencia del bebé, en cambio, podría estar indicado el parto incluso en la semana 25 o la 26. “Por desgracia, la aparición de la eclampsia en el estado actual de la investigación no se puede prever: es un suceso ocasional e inesperado”, explica Scioscia, que concluye: “Afortunadamente es poco frecuente”. 

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