Mi bebé y yo

Feto, inteligente incluso antes de nacer

( 3 votos) load

Ya dentro del útero, la mente del bebé desarrolla una serie de competencias que le permitirán afrontar su nueva vida. ¡Descubramos, en este artículo, cuáles son!

Desde que existe la medicina moderna, sabemos que el bebé viene a este mundo con una estructura cerebral plenamente desarrollada desde el punto de vista físico. Sin embargo, sólo hace pocas décadas descubrimos que la mente del recién nacido no está vacía en absoluto. Todo lo contrario: gracias a las técnicas ecográficas siempre más avanzadas, hemos descubierto que la vida “interior” de un ser humano empieza mucho antes del parto, posiblemente incluso en las primeras semanas de gestación, tanto que algunos expertos hablan de “inteligencia fetal”. ¿Es una exageración? No: si por inteligencia se entiende la capacidad de resolver problemas de adaptación al ambiente, entonces incluso un pequeño ser de pocas semanas está indudablemente dotado de una mente.

Para empezar, el bebé es capaz de recibir los estímulos (que proceden no sólo del vientre materno, sino también del mundo exterior) a través de los órganos sensoriales, elaborándolos y dando su respuesta: por ejemplo, aumentando su latido cardiaco después de un ruido repentino o haciendo un movimiento en respuesta de la luz que penetra el saco amniótico. El pequeño demuestra claramente haber registrado los distintos estímulos adecuando sus reacciones a ellos, como si se estuviera “acostumbrando”. Este fenómeno evidencia la presencia de una memoria, capaz de almacenar informaciones para volver a usarlas en los momentos más oportunos.

Es más: a partir de la semana 13, los mismos estímulos aplicados a niños distintos muestran respuestas personales. Ya en este período, entonces, un feto puede considerarse un “individuo”.

Un impulso del sistema nervioso

La mente se alimenta de estímulos, y esto es posible sólo gracias a la presencia de órganos sensoriales. No es casualidad que los sentidos se desarrollen de forma increíblemente precoz (a excepción de la vista, el instrumento menos útil en el vientre materno). En cuanto al tacto, los receptores de la piel aparecen alrededor de la boca ya a partir de la semana 7, y en la misma época también se forma el sistema olfativo. A partir de la semana 8, los receptores del gusto se posicionan en la punta de la lengua, y también el órgano auditivo empieza a formarse. El nervio óptico empieza a formarse ya en la semana 7, pero la función de la visión se manifiesta entre el mes 4 y 6.

En una especie de círculo vicioso, los mismos órganos siguen desarrollándose sólo si se estimulan. Por ello, es importante que la mamá y el papá tengan una relación activa con el feto, hablándole, acariciándole, haciéndole escuchar música, mimándole como si fuera un bebé.

Me muevo, luego soy

Otra importante manifestación de la vida prenatal es el movimiento. Muchos estudiosos proponen como primera inteligencia la psicomotora. A través de la capacidad de hacer gestos y moverse en su pequeño espacio, el futuro bebé no se limita a tener comportamientos de simple reacción o de autodefensa, sino que empieza , más o menos alrededor de la semana 12 o 13 de embarazo, a hacer algo creativo, como “explorar” su carita o el cordón umbilical con las manitas. Si los movimientos al principio eran amplios y caóticos, con el paso de la semanas, se vuelven siempre más localizados y especializados: ya en la semana 10, se puede observar una coordinación de las piernas que apuntan hacia arriba, contra las paredes, empezando así los primeros “paseos” por el espacio amniótico.

Esta actividad motora también es un entrenamiento para el nacimiento y los esfuerzos necesarios para salir por el canal de parto. Y también para los momentos siguientes: por ejemplo, el acto de succionar y deglutir, visible ya a partir de la semana 12-13 de embarazo, sirve de preparación para la lactancia y la respiración aérea. Entre las semanas 15 y 20, cuando el cerebro está casi totalmente formado desde el punto de vista celular, los movimientos se hacen más armoniosos: el pequeño parece hipar, sonreír y llorar. Durante el sueño REM, que aparece al final del segundo trimestre, las ecografías tridimensionales han observado que el pequeño tiene expresiones de miedo, alegría o enfado. Él todavía no sabe qué son estos sentimientos, pero acostumbran al cuerpo para manifestarlos en el futuro.

Los primeros pasos hacia la afectividad

La fase REM, caracterizada por movimientos rápidos de los ojos, es la fase de máxima actividad psíquica del sueño, durante la cual el celebro “reorganiza” los datos almacenados durante la vigilia y reelabora las experiencias. Pero ¿qué experiencias puede tener un bebé encerrado en el saco amniótico? Seguramente, se trata de una serie de sensaciones táctiles, olfativas, gustativas y auditivas. Pero también de esa profunda conexión de amor que une a la mamá y al bebé. Esta relación presupone un aspecto de la inteligencia que tendrá una grandísima importancia también para el adulto: el aspecto afectivo y emocional.

Habilidades motoras precoces

Si observamos un recién nacido, notaremos que sus movimientos no son coordinados: no se trata de movimientos “intencionales”, sino automáticos. Sólo alrededor de los 5-6 meses de edad, el pequeño empezará a tener una armonía gestual y a decidir voluntariamente sus actos, como, por ejemplo, llevarse el pulgar a la boca. Resumiendo, la competencia motora de un feto es superior a la de un niño recién nacido. La regresión después del nacimiento tiene una explicación lógica: el niño ha entrenado su musculatura en un ambiente fluido y estrecho, y cuando debe afrontar la gravedad y la falta de referencias espaciales, ha de volver a aprender a moverse. En conclusión, a los ojos de la ciencia, el nacimiento ha pasado a ser de un salto vertiginoso entre dos universos muy diferentes (el vientre materno y el mundo exterior) a un crecimiento lineal y progresivo del individuo humano, que empieza a serlo mucho antes del parto.

Músicos… en el embrión

Hay muchos estudios que demuestran que las melodías escuchadas en el vientre materno, de alguna forma vuelven después del nacimiento. Algunos músicos afirman haber recibido las primeras “clases” de armonía de su madre durante la espera.

Un proyecto italiano, llamado inCanto, ha estudiado durante seis años, desde el sexto mes de embarazo hasta el sexto año de edad, un grupo de niños cuyas mamás, en la fase prenatal, se habían sometido a sesiones semanales de canto o de música. Se ha demostrado que no sólo los niños se acordaban de las melodías después del nacimiento, sino que también la lalación era más precoz y articulada que la media. La capacidad de cantar de forma afinada, además, se manifestaba antes de los tres años, mientras que lo normal es que aparezca a los 6-7 años.

El coeficiente intelectual pasa por distintos tipos de capacidades.

Hoy en día, es más común considerar las capacidades mentales como una “pluralidad de inteligencias”. Algunas de éstas demuestran un cierto nivel de desarrollo ya en la vida prenatal. Veamos cuáles son:

- Inteligencia espacial: el bebé es consciente del ambiente amniótico, en el que se mueve con agilidad.

- Inteligencia corporal cinestésica: es el control del cuerpo y del movimiento. El desarrollo de los órganos del equilibrio empieza en la semana 7. En el tercer trimestre, cuando la mamá escucha una música que le gusta, el bebé se mueve a su ritmo, “bailando” en el vientre.

- Inteligencia intrapersonal: es la capacidad de entender las emociones personales. Se piensa que el bebé experimenta sensaciones como el gusto, que expresa sonriendo.

-  Inteligencia interpersonal: es la capacidad de relacionarse con los demás. Observando, con las ecografías, el comportamiento de los gemelos durante la gestación, podemos reconocer gestos y actitudes que expresan una forma de relacionarse entre los dos niños. Cada pareja tiene su forma de hacerlo: cariñosa, indiferente o conflictual.

- Inteligencia lingüística: se ha establecido que, al menos en la semana 28, un niño ya es capaz de llorar en el útero. Los bebés prematuros, en este fase del embarazo, lo hacen. Gracias al análisis espectrográfico, el pediatra Henry Truby ha descubierto que los modelos de llanto de los niños prematuros tienen una cierta correspondencia con las entonaciones, los ritmos y las demás características de la forma de hablar de la madre. Es decir, el niño escucha e imita la voz de su mamá.

- Inteligencia musical: el feto demuestra reacciones distintas según el tipo música. Por ejemplo, se tranquiliza con Vivaldi y Mozart, y se agita mucho con Beethoven, Brahms y con la música rock.

- Inteligencia lógico-matemática: el “juego” de dar pataditas demuestra que el bebé sabe contar: si se dan 1, 2 o 3 golpecitos en la barriga de la madre, él responde con el mismo número de pataditas.

Te puede interesar

Feto, inteligente incluso antes de nacer Y tú ¿Qué opinas?

Tienes que estar registrada para escribir un comentario o votar. Puedes registrarte aquí o si ya tienes una cuenta, puedes acceder a ella.
ACCEDE A TU CUENTA
Recuérdame
Entrar
Entrar
ÚNETE A LA COMUNIDAD DE MI BEBÉ Y YO
REGÍSTRATE GRATIS
¿Por qué registrarme?

Comentarios (0)