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Toxoplasmosis: qué hacer para prevenirla

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Se trata de una infección que, si se contrae durante el embarazo, puede causar graves consecuencias en el desarrollo del feto. Aun así, evitar la toxoplasmosis es bastante fácil: basta con considerar algunas estrategias de prevención.

El responsable de la enfermedad es el Toxoplasma gondii, un protozoo que puede vivir en los animales domésticos y de granja, desde el gato hasta el pollo, pasando por el cerdo, el conejo o la vaca. La vía de transmisión más común es la comida, y por eso es necesario prestar una atención particular a la dieta.  

Sólo con un test se puede descubrir la inmunidad

A lo largo de nuestra vida, no es fácil saber si se ha enfermado de toxoplasmosis, porque, en la mayoría de los casos, quien la contrae no presenta síntomas. Aun así, las molestias que puede provocar pueden ser confundidas con las de una gripe común. La enfermedad se resuelve en unos 5 o 6 días y es entonces cuando se desarrollan los anticuerpos y una inmunidad permanente.

Hay una forma de saber si en el pasado se contrajo la toxoplasmosis y si, por lo tanto, se ha desarrollado la inmunidad: a través de un análisis de sangre. En los análisis de rutina que se hacen a las mujeres embarazadas, se incluye la búsqueda de los IgC y los IgM. Los primeros evidencian si se pasó la infección en el pasado, mientras que los IgM detectan que la toxoplamosis está en curso, en cuyo caso podría pasar también al feto.

Si ambos análisis dan negativo, significa que la mujer no tiene la infección, pero que tampoco ha desarrollado los anticuerpos y, por lo tanto, si se contagia durante los meses de embarazo, podría enfermar. Para tener controlada la situación, durante el embarazo, quien no es inmune debe repetir el análisis más o menos cada mes y medio. De este modo, en caso de infección, se puede recurrir a un tratamiento antibiótico para bloquear el contagio del bebé o limitar los daños a su salud.

Los riesgos para el bebé

Si el contagio tiene lugar durante la gestación, las primeras 26 semanas de embarazo (cuando se forman y se desarrollan los órganos del feto) son las que implican más riesgos. Si la futura mamá cae enferma de toxoplasmosis en este período, se enfrenta al riesgo de un aborto o a una muerte fetal en el primer trimestre, mientras que, en el segundo trimestre de embarazo, el feto podría sufrir daños graves, como encefalitis, hidrocefalia y calcificación cerebral, infecciones oculares, sordera, neumonitis o malformaciones cardíacas. Es menos grave si la madre enferma durante el tercer trimestre, aunque tampoco estaría exenta de peligros: el feto podría desarrollar una forma de anemia, que podría manifestarse también de forma severa.

¿El tartar de carne cruda? Sólo después del parto

Como la vía de transmisión más común de la enfermedad es la comida, es necesario prestar mucha atención, sobre todo a la alimentación: está totalmente prohibido comer carne cruda, sea del animal que sea. Por lo tanto, hasta después del parto, es necesario decir adiós a lo siguiente:

- Carpaccio

- Tartar

- Embutidos en general, y en particular salchichón y embutidos blandos. También hay que evitar el jamón serrano, si no está bien curado. Es mejor decantarse por el jamón cocido, más seguro porque está producido con carne cocida.

De hecho, es la cocción la que destruye completamente el protozoo, que podría estar presente en las carnes. Por esto, es conveniente cocinar bien toda la carne presente en el menú de la futura mamá. Y, cuando es la misma mujer embarazada la que cocina en casa, siempre debe recordar lavarse bien las manos con agua y jabón después de haber manipulado carne cruda, antes de la cocción. Aun así, vale la pena señalar que la toxoplasmosis no se puede contraer a través de la piel, pero sí cuando, sin querer, se llevan a la boca las manos que han estado en contacto con el protozoo.

También hay que tener cuidado con la fruta y la verdura, ya que pueden haber sido contaminadas por las heces de animales infectados. Antes de consumirla, deben ser lavadas a fondo y cuidadosamente.

El gato se puede quedar en casa

En el banquillo de los imputados, responsables de la difusión de la toxoplasmosis entre los humanos, siempre encontramos al gato, en cuyas heces, si está enfermo, se esconden los huevos del toxoplasma. Por lo tanto, cuando se está embarazada, ¿es necesario librarse del gato o confiarlo al cuidado de otra persona, al menos hasta después del parto?

Éstas son soluciones drásticas y absolutamente innecesarias. El gato doméstico, que vive en casa y que se alimenta sólo de alimentos enlatados o secos y no de carne cruda, difícilmente estará infectado. Aun así, es cierto que, para eliminar completamente el riesgo de contagio, es necesario considerar algunas precauciones. Una de las reglas que hay que seguir a rajatabla es la de no limpiar la caja de arena del gato de la casa; de esta tarea puede ocuparse el futuro papá, que no corre ningún riesgo. Si no hay alternativa, la futura mamá puede proceder a limpiarla, pero no antes de haberse puesto unos guantes de plástico desechables y que luego siempre se lave cuidadosamente las manos.

Es distinto el discurso respecto a los gatos callejeros, que se encuentran por la calle o en el campo, y los gatos que no se conocen, que tal vez se encuentren en casa de otra persona: a ellos es mejor no acercarse y, si se les acaba tocando, una vez más, sólo hay una solución: lavarse las manos con abundante agua y jabón.

¿Un bebé en camino? Antes que nada, el toxotest

Todas las simples reglas de prevención de la toxoplasmosis indicadas para las embarazadas no inmunes deben ser consideradas también para quien está planeando quedarse embarazada, a partir de los exámenes de sangre para comprobar la posible inmunidad o presencia de la infección de toxoplasma. Además, quien quiere tener un bebé, si no es inmune, debe continuar haciendo el toxotest periódicamente, no comer carne cruda ni ensaladas crudas cuyo origen no se conozca y comportarse con su gato siguiendo las mismas las normas higiénicas que debe respetar la mujer que ya está embarazada.  

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