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Sangre de la nariz en el embarazo

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Este trastorno, que es bastante común en el embarazo, recibe el nombre de epistaxis. En este artículo, te explicamos por qué sucede, y qué hacer para detenerla y evitarla.

 Se trata de un problema bastante común durante los primeros cuatro meses de embarazo. Tiene lugar porque las hormonas de la gestación, en concreto la progesterona, provocan una mayor fragilidad de las mucosas, sobre todo las orales y las nasales. Por esta razón, el sangrado de las encías y la epistaxis se hacen más frecuentes. Si, además, la mujer ha sufrido de epistaxis en el pasado, tal vez de niña, será todavía más propensa a tener este tipo de trastorno.  

A veces, la situación se complica por una inflamación de los cornetes nasales: estas pequeñas formaciones, que cumplen el cometido de filtrar el aire que respiramos, tienen una estructura de esponja y, normalmente, están rociadas con sangre. Seguidamente a las alteraciones hormonales que tienen lugar en el embarazo, aumenta su vascularización y los cornetes nasales se hacen hipertróficos, es decir, se hinchan y están particularmente expuestos a inflamaciones. A esta condición se le llama “rinitis del embarazo” y se caracteriza por una cierta dificultad al respirar.

Qué hacer para detenerlo

- No colocar la cabeza hacia atrás, pensando que de esta manera se detendrá el sangrado. En realidad, es necesario hacer lo contrario: la cabeza se debe inclinar hacia delante (es decir, paralela al suelo), para asegurarse de que la sangre no sea ingerida, ya que esto comporta el riesgo de vómitos, entre otras cosas.

- No sonarse la nariz: de ese modo, el sangrado aumenta. Conviene, en todo caso, apretar con dos dedos los orificios nasales, de modo que se comprima el pequeño vaso de donde proviene el flujo sanguíneo.

- Aplicar hielo, que tiene un efecto vasoconstrictor, sobre la frente (lugar de donde provienen las arterias que llevan la sangre a la nariz) o sobre el paladar: por ejemplo, se puede obtener un efecto beneficioso comiendo un helado.

- Mojar un pequeño trozo de algodón en agua oxigenada, hacer una bolita e introducirlo en la nariz. En cambio, es mejor no utilizar algodón hemostático, que tiende a adherirse a la mucosa nasal.

- Una vez se haya detenido el flujo de sangre, también se puede aplicar una pomada hemostática.

- Después del episodio, conviene evitar sonarse la nariz durante algún tiempo.

Los remedios para prevenirlo

- Para mantener la mucosa nasal bien humedecida, evitando que se seque en exceso, con la consiguiente formación de costras que pueden favorecer el sangrado, se pueden utilizar pomadas lubricantes a base de vaselina, que se deben aplicar varias veces al día.

- Para mejorar la respiración, son muy útiles los lavados nasales con agua de mar. Está bien recordar que también el lavado tiene que hacerse con la cabeza paralela al suelo: de este modo, el agua entra en la cavidad nasal y sale de inmediato, llevando consigo partículas de moco.

- Evitar los esprays nasales vasoconstrictores. El alivio que provocan estos productos es temporal, mientras que, a largo plazo, empeoran la situación, ya que someten a las mucosas nasales a un efecto de “sube y baja” entre vasoconstrictores y vasodilataciones, agotando los pequeños vasos sanguíneos. Pero, sobre todo, su utilización durante el embarazo está desaconsejado porque contienen sustancias que podrían causar contracciones uterinas.

¿Es necesario llamar al médico?

En la mayoría de los casos, el problema se puede solucionar en casa, a menos que el sangrado venga de la parte posterior de la nariz: en este caso, resulta imposible taponarlo con el algodón, la sangre tiende a fluir en la garganta y la situación se hace menos gestionable.

Aun así, siempre es oportuno hablarlo con el médico. Pese a que en la gran mayoría de los casos se trate de una molestia absolutamente benigna, algunas veces, la epistaxis puede ser indicadora de patologías más serias, como la hipertensión o la trombocitopenia gestacional. Tanto el aumento de la presión sanguínea como la disminución de  plaquetas en la sangre, y, por lo tanto, una reducida capacidad de coagulación, son condiciones que exponen a este problema. Para descartarlo, será suficiente con hacer dos sencillas pruebas: el control de la presión arterial y un análisis de sangre, para valorar el hematocrito. Si, una vez descartados estos problemas del embarazo, el sangrado continuara de forma particularmente excesiva y recurrente, el ginecólogo dirigiría a la mujer a un otorrinolaringólogo para hacer más pruebas. 

Basta con un pequeño estornudo…

¿Hay un momento del día en el que los episodios de epistaxis se presenten con mayor facilidad? Más que en un momento determinado del día, el fenómeno tiende a aparecer cada vez que hay un pequeño aumento de la presión en la nariz . Basta con sonarse la nariz o estornudar. A veces, la epistaxis sucede cuando la futura mamá se mete en la cama: de hecho, la posición estirada favorece el aumento de presión sanguínea en la cabeza. 

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