Mi bebé y yo

Los 5 sentidos: así los ejercita el bebé en la barriga

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Para tu bebé, el vientre materno es una especie de gimnasio donde, semana tras semana, desarrolla las capacidades que le permitirán descubrir el mundo y comunicarse contigo.

Según algunos estudiosos de la psicología prenatal, el ser humano empieza a desarrollar sus capacidades sensoriales desde las primeras semanas de gestación. Pero ¿no se trata de una precocidad superficial, al encontrarse en un ambiente considerado siempre oscuro, tranquilo y carente de estímulos? En realidad, ésta es una concepción errónea: hoy en día, sabemos que el vientre materno es rico en sonidos, vibraciones emocionales transmitidas por la mujer, olores, sabores y, en algunos casos, luces. La barriga es un pequeño mundo con el que el bebé consigue relacionarse, entrenando sus sentidos y las áreas del cerebro que los gobiernan. Y, en el momento de su nacimiento, sus órganos sensoriales, ya bien desarrollados, le permitirán ver el rostro de la mamá, notar su contacto y reconocer su olor. Te explicamos cómo se desarrollan los sentidos del bebé durante los nueve meses de embarazo.

TACTO: percibe su cuerpo… y también tus caricias

La sensibilidad al tacto aparece temprano, primero en el área de alrededor de la boca, entorno a la 7ª semana; después, se extiende a la cara y a los genitales (10ª semana); y luego, a las manos y a los pies (12ª semana). Sin embargo, la ecografía en cuatro dimensiones ha puesto de manifiesta que ya en la 9ª semana, si se le toca la planta del pie, el feto contrae los dedos o los estira, y los mueve, retrayendo la pierna para huir del contacto.

El bebé tiene, sobre todo, la capacidad de percibir una serie de vibraciones a través del líquido amniótico. Por ejemplo, las que transmite su madre cuando apoya una mano sobre la barriga y la mueve como si acariciara a su criatura desde la distancia. Los psicólogos prenatales están convencidos de que este pequeño diálogo sentimental contribuye enormemente al desarrollo afectivo del bebé que está por nacer.

Hacia la semana 22, terminan de desarrollarse las terminaciones nerviosas de las puntas de los dedos y el bebé empieza a tocar su cuerpo, el cordón umbilical y las paredes del útero. Apenas después del parto, es el mismo contacto con la piel de la mamá la que renueva la relación prenatal. El recién nacido reconoce de inmediato su cuerpo y se tranquiliza.

OLFATO: olfatea tu "aroma de mamá"

¿Es posible oler si estás sumergido en un líquido? No para un adulto, pero para un pequeño ser “acuático”, como el feto, sí.  

En la semana 11, el pequeño empieza a tragar líquido amniótico y a expulsarlo con los primeros pipís. Las sustancias disueltas se ponen así en contacto con los órganos vomeronasales, los receptores del olfato, que maduran alrededor de la semana 13. La combinación de estas moléculas, derivadas en gran parte de los alimentos ingeridos por la mujer, representa para él el olor de la mamá, y lo reconocerá inmediatamente después del parto, en el primer contacto con la piel de ella. El olfato, desarrolladísimo en el nacimiento, lo guiará al seno materno.

VISTA: ver dónde se encuentra

El nervio óptico se forma en la semana 8, pero el feto empieza a abrir los ojos entorno a la 26. De este período en adelante, si se mueve una fuerte luz sobre la superficie del vientre materno, el pequeño la sigue con la mirada. En la barriga, las oportunidades de ver, aunque no son muchas, no son completamente nulas, tal y como antes se creía. En el vientre materno, el bebé no está inmerso en la oscuridad, sino que, al menos de día, se mueve en una especie de penumbra. Y, si la mamá se estira al sol, el vientre tenso deja pasar la luz, permitiendo que el pequeño tome conciencia del ambiente en el que vive. Y, tal vez, incluso de sí mismo, si alzando una manita consigue verla al trasluz.

Aun así, la vista, respecto al resto de sentidos, tiene una posición más “rezagada”: al nacer, el bebé no consigue enfocar más allá de 25 centímetros y distingue pocos colores. Pero es exactamente lo que necesita para conectar con la mirada de la mamá (por un mecanismo humano, puede reconocer un rostro humano, aunque sea dibujado en una hoja) y localizar el pezón para las primeras tomas.

GUSTO: saborea contigo

Las papilas gustativas aparecen en la lengua alrededor de la semana 12. Cuando el bebé traga el líquido en el que está inmerso (de 2 a 4 centilitros la hora), las papilas son capaces de notar los sabores y transmitir estas sensaciones a las áreas correspondientes en el cerebro. Esto se puede demostrar inyectando en el saco amniótico un edulcorante y luego una sustancia amarga: en el primer caso, el bebé ingiere el doble de la cantidad de líquido, mientras que en el segundo deja de beber… Y en el monitor del ecógrafo de cuatro dimensiones aparece algo muy similar a una mueca de disgusto. La predilección por el dulce, que durará algunos meses tras su nacimiento, no es más que un truco de la naturaleza para educar al bebé al sabor de la leche materna.

Sin embargo, parece que la alimentación de la mujer durante el embarazo puede influir sobre los gustos del bebé también después del destete. Ciertos alimentos, si a la mamá le gustan mucho, una vez “pasan” al líquido amniótico, vienen asociados a una sensación de bienestar, predisponiendo el cerebro del futuro bebé a apreciarlos una vez empiece su vida extrauterina.

OÍDO: escucha tu voz

Al monitorizar los movimientos del cuerpo y las pulsaciones, se ha observado que el feto reacciona a los sonidos alrededor de la semana 16, mucho antes de que se desarrollen los órganos del oído: según algunas hipótesis, sería capaz de notar las vibraciones a través de la piel y la estructura ósea.

Después de la semana 24, es capaz de oír de forma normal, no sólo los sonidos fisiológicos del cuerpo materno (el corazón, la respiración, la circulación de la sangre), sino que, en parte, también los externos. Su capacidad de escuchar es un descubrimiento reciente que ha revolucionado la vieja creencia de que el bebé era como un folio en blanco sobre el que empezar a escribir tras su nacimiento.

Desde la mitad del embarazo en adelante, el bebé tiene la capacidad de reconocer la voz de la mamá (si ella le habla afectuosamente, el bebé se emociona y su ritmo cardíaco cambia) y también la del papá; distingue algunas sílabas sencillas y se mueve dentro del líquido amniótico al ritmo de una música (que debe ser dulce, de otro modo, patea molesto). El oído, por lo tanto, es fundamental para crear una especie de “lazo familiar” anticipado. Además, los estímulos sonoros contribuyen al desarrollo cerebral del bebé, imprimiéndose en su memoria. Después de su nacimiento, una vez se reúne con su mamá, el bebé reconoce enseguida “ese” latido del corazón, “esa” voz”. Y no sólo eso: se ha observado que un recién nacido sabe distinguir, entre otras, una melodía particular que haya escuchado a menudo en el período prenatal, e incluso un cuento de hadas que le hayan contado.

Pero el bebé también tiene una percepción auditiva de sí mismo: si se le hace escuchar una grabación de su propio llanto, se queda indiferente, mientras que se agita y empieza a llorar si es de otros bebés. 

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