Mi bebé y yo

Monitorización fetal antes del parto: en qué consiste

( 1 voto) load

La cardiotocografía, también conocida como monitorización fetal del corazón del futuro bebé, es un test no invasivo útil en la evaluación del estado de salud del bebé durante las últimas semanas de embarazo. ¿En qué consiste?

El cardiotocógrafo, el instrumento utilizado para llevar a cabo la monitorización fetal, consta de dos sondas que se colocan en el abdomen de la mujer. La primera es una sonda de ultrasonidos, como la ecografía, que sirve para detectar el latido del corazón del feto. El médico debe encontrar el lugar ideal donde colocarla basándose en la posición del bebé. El dispositivo traduce las variaciones del ritmo cardíaco en un gráfico, que se imprime en papel.

(Te interesa: Soplo inocente en el corazón del bebé y del niño)

En cambio, la segunda sonda se utiliza para medir la intensidad y frecuencia de las contracciones uterinas. Se aplica, por tanto, en la parte inferior del útero y se fija con una tira adherente. El sensor registra las variaciones de presión originadas en las contracciones de la pared abdominal. También estos datos se traducen en un gráfico impreso por la máquina.

(Te interesa: Contracciones de parto: cómo reconocerlas)

El bienestar del niño se ve no tanto en la medición instantánea del ritmo, sino en las posibles alteraciones de la frecuencia cardíaca. Un latido constante no necesariamente indica buena salud, más bien lo contrario: lo que se espera de su corazón es que varíe a medida que pasan los minutos. 

Es útil contrastar el comportamiento del latido con las contracciones del útero. Si durante éstas, la frecuencia cardíaca sufre una fuerte desaceleración, puede significar que el bebé está estresado, un factor que generará cierta preocupación si la prueba se encuentra aún en sus fases iniciales. En cambio, al final de la observación, las alteraciones bruscas en el ritmo cardíaco, fruto de las contracciones, son más normales. Estos casos, siempre que se sitúen dentro de unos límites, no muestran más que un fenómeno puramente fisiológico.

Con los cardiotocógrafos clásicos, las dos sondas están conectadas por cable al dispositivo durante la medición; por este motivo, la futura madre debe permanecer inmóvil, sentada en una silla o acostada en la cama. Sin embargo, las herramientas de nueva generación utilizan una conexión de radio entre las sondas y el resto de la máquina, y no comprometen de ninguna manera la posición de la mujer, que puede usar los sensores de pie o incluso en su habitación. Hay cardiotocógrafos diseñados específicamente para el trabajo de parto.

Monitorización fetal de gemelos o mellizos

Hay cardiotocógrafos especiales para medir simultáneamente el latido del corazón de dos fetos en el caso de embarazo de gemelos. Están equipados con un sensor para detectar las contracciones uterinas y dos sondas de ultrasonido para la medición de los ritmos. El médico aplica las sondas en las zonas del abdomen de la mujer donde se sitúan las espaldas de gemelos; los resultados sobre el papel se muestran en tres líneas: las contracciones y las dos frecuencias cardíacas. En los centros desprovistos de estos aparatos, se utiliza el método tradicional primero con uno de los niños y luego con el otro. La cosa es más complicada cuando se trata de tres niños.

Cuándo y cómo realizar la monitorización fetal

La cardiotocografía se puede realizar desde la semana 30 de embarazo, pero por lo general se recomienda empezar en la 37 de embarazo. A menos que se especifique lo contrario, el examen se repite una vez a la semana hasta el comienzo del parto. Cada sesión de seguimiento se extiende durante un mínimo de media hora. Es posible que durante este rato el niño esté dormido, por lo que la frecuencia puede aparecer más regular y monótona que de costumbre. En estos casos, hay que esperar a que despierte, algo que puede conseguirse con un suave masaje en el vientre de la mamá o dándole una bebida azucarada.

Si el resultado de la prueba deja alguna duda, el médico puede prescribir otras pruebas, como la ecografía o la fluxometría doppler, que permiten verificar el correcto flujo de oxígeno entre la placenta y el feto. 

En el trabajo de parto, la cardiotocografía se suele repetir cada media hora. Pero si las circunstancias lo exigen, la medición se puede realizar de manera continuada. Algunos centros de natalidad se decantan por este método de entrada para poder actuar de inmediato en caso de detectarse sufrimiento fetal.

Cuando el parto se retrasa

La cardiotocografía es particularmente útil cuando el embarazo se acerca a su fin, siempre que el bebé no muestre señales de que está por nacer. Exceder el fin natural del embarazo conlleva riesgos para la salud del niño, ya que a medida que pasa el tiempo se reduce el flujo de sangre entre el útero y la placenta, y por lo tanto entre el cuerpo de la madre y el feto. Los riesgos aumentan a partir de la semana 41 después de tres o cuatro días. Por este motivo, debe controlarse con más atención la salud de la mamá y del futuro bebé: antes que nada, el ritmo cardíaco del feto y, luego, la medición ecográfica del volumen de líquido amniótico y la fluxometría doppler, para evaluar la funcionalidad de la placenta.

No hay pautas que establezcan la frecuencia con la que estas pruebas deben repetirse. Corresponde al médico tomar la decisión en función de los resultados del primer examen y de la salud general de la mujer embarazada y del feto.

Limitaciones de la cardiotocografía

Las limitaciones de la cardiotocografía se deben a su falta de especificidad, es decir, al alto porcentaje de falsos positivos: varios estudios han demostrado que en el 75-80% de los casos la presencia de anomalías en el transcurso de la supervisión no se corresponde con un sufrimiento fetal. La consecuencia de esto es un incremento injustificado en el uso de la cesárea y el parto operatorio.

En caso de positivo dudoso, algunas pruebas asociadas con la cardiotocografía ayudan a disminuir la tasa de falsos positivos.

- La oximetría de pulso fetal: es la aplicación de un sensor en la mejilla o en la frente del bebé a través de la vagina para medir la concentración de oxígeno en sangre. Se trata de una prueba no invasiva para el niño. Para que se pueda realizar, es necesario que se dé una presentación cefálica, que la madre haya roto aguas y que haya una dilatación de por lo menos 2 cm.

- Electrocardiograma fetal: consiste en aplicar a través de la vagina un electrodo de electrocardiograma en la cabeza del bebé. El sensor registra la actividad eléctrica del corazón del feto y la medición se compara con la de la cardiotocografía. También en este caso es necesario que el pequeño se presente en posición cefálica, que se hayan roto aguas y que el cuello del útero esté al menos parcialmente dilatado.

- Muestra de sangre del cuero cabelludo fetal: la recogida de pequeñísimas muestras de sangre de la cabeza del bebé por vía vaginal permite medir el pH, es decir, el grado de acidez de la sangre, que indica una posible falta de oxígeno. Esta técnica se utiliza muy poco debido a que resulta invasiva para el niño.

Una frecuencia acelerada

La frecuencia cardíaca fetal es superior a la de un adulto sano. Alrededor de la semana 8 del embarazo, cuando el ginecólogo es capaz de observar las pulsaciones del corazón del pequeño mediante ecografía, la frecuencia alcanza valores de 100 pulsaciones por minuto. A la décima, sobre los 170 y, a la semana 15, de 150. Sigue la reducción hasta los 140 en la semana 20, para terminar en 120 cuando ya está a punto de nacer.

La frecuencia cardíaca del bebé se va reduciendo progresivamente desde entonces hasta la pubertad, cuando se estabiliza.

Te puede interesar

Monitorización fetal antes del parto: en qué consiste Y tú ¿Qué opinas?

Tienes que estar registrada para escribir un comentario o votar. Puedes registrarte aquí o si ya tienes una cuenta, puedes acceder a ella.
ACCEDE A TU CUENTA
Recuérdame
Entrar
Entrar
ÚNETE A LA COMUNIDAD DE MI BEBÉ Y YO
REGÍSTRATE GRATIS
¿Por qué registrarme?

Comentarios (0)