Mi bebé y yo

Amor de abuelos

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Claudia Pariente, premiada bloguera por su blog "Papá conejo – Mamá piojo", nos obsequia con un tierno relato sobre el amor hacia los abuelos. ¡No te lo pierdas!

Con frecuencia escucho a las madres quejarse sobre lo mucho que los abuelos malcrían a los nietos –sus hijos- llenándoles de chuches, dejándoles hacer travesuras de las que son cómplices, permitiendo juegos que en casa estarían prohibidos.

Tengo que reconocer que a menudo soy de las que se quejan. De las que piden a los abuelos –padres y suegros- que no se inmiscuyan en mi estilo de crianza, que no se dé caramelitos: no dejes  que jueguen en la bañera a ver si se van a enfriar, caer, enfermar; que no le des eso, no le cojas así, no le digas…no, no, no.

Pero, en estos días, escuchando a un par de madres-abuelas, tristes por las "reglas" de las madres-hijas, de repente he recordado a mis propios abuelos.

Recuerdo a mi abuela materna haciendo mermeladas en la cocina mientras cantaba rondas infantiles "la hormiguita y el ratón, se pusieron a jugar la, la, la". El pan hecho en casa, la comida de los domingos cuando nos juntábamos "ciento veinte mil" y las Navidades llenas de regalos y dulces.

Recuerdo a mi abuela paterna llamarme a escondidas para sacar del fondo de su armario deliciosas tabletas de chocolate que me ofrecía como tesoro. A mi abuelo materno – a quien yo creía un gigante y así lo decía a mis amigos- llevarme al jardín de infantes y dar yo tres pasos en lo que él daba uno. Recuerdo con cariño esos mini-momentos en los que me llamaba para darme un billete de diez, "para los helados". Y cuando, ya muy viejito, me confundía con mi madre.

Recuerdo a mi abuelo paterno, a quien vi pocas veces porque murió siendo yo muy pequeña… incluso él, dejó una huella en mis recuerdos infantiles.

Y todo ello me ha hecho pensar en lo cortita que es la vida. En que mis abuelos ya no están. No queda nada de ellos, excepto eso: el recuerdo que me dejaron con sus dulces, sus canciones; la complicidad y el billetito de diez. Que nadie me podrá borrar eso de la memoria y que me basta con cerrar los ojos para tenerlos presentes.

Y entonces me pregunto si vale la pena ser tan inflexible como madre. Si no debería dejar que mis padres y suegros llenen de mimos y chuches la memoria de mis hijos. No sé qué clase de padres fueron mis abuelos. A lo mejor no fueron los mejores… Da un poco igual, porque yo tengo un bonito recuerdo de ellos como abuelos. Y eso es imborrable.

Y por eso, prometo hacer la vista gorda y dejar que mis hijos y sus abuelos sean cómplices. Que cuando los pequeños tengan mi edad y les recuerden, puedan sentir que fueron amados también por ellos; que tengan anécdotas que contar: reír y llorar evocando su recuerdo. Y desde luego, espero que algún día pueda dejar esa huella en mis nietos.

 

Claudia

 

Claudia Pariente Rossells.
Comunicadora social y reconocida bloguera en el sector de la maternidad y de la crianza.
Su blog "Papá conejo – Mamá piojo": clau707.blogspot.com.es 

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