Mi bebé y yo

¿Cómo es ser madre de mellizos?

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Adriana Rodríguez, fundadora de la web sobre gemelos, mellizos y trillizos "Somos Múltiples", nos narra cómo es la experiencia de ser madre de mellizos. ¡Descubre su historia!

​Casi 27 meses después, aún me cuesta creer que sea madre de mellizos. Miro a mi alrededor y veo todo por duplicado: Las cunas, las sillas del coche, las risas, las rabietas, los abrazos, la comida que sale volando por toda la cocina después de un mal día en la guardería. Después de tres años luchando contra la infertilidad, me siento inmensamente afortunada. Si no has pasado por esta desagradable experiencia, probablemente no seas capaz de imaginar el grado de desesperación con el que te ves obligado a convivir día tras día.

¿Es duro ser madre de mellizos? Muchas veces me hacen esa pregunta, y no se qué contestar realmente. Al fin y al cabo no conozco otra cosa, no tengo una experiencia anterior con la que comparar. En cualquier caso, imagino que criar a un hijo siempre es duro, pero criar a mellizos es infinitamente más fácil de lo que uno se imagina desde fuera, por muy difícil que resulte luego en la práctica.

Mi embarazo sí que fue muy duro. No tanto por las molestias que sufrí, sino por los riesgos que implicó. Ocho meses de baja encerrada en mi casa. Los tres primeros meses con el corazón en un puño debido a un sangrado constante por la aparición de un hematoma en una de las placentas. Más tarde llegaron los problemas de crecimiento de mi hija, el miedo a que no saliera adelante y los posibles daños neurológicos derivados de una placenta defectuosa.

Y llegó el momento del parto. No tuve el parto natural que hubiera deseado y sólo pude ver a mis bebés un momento, el tiempo justo para constatar que se encontraban bien de salud. Una preclampsia postparto me obligó a pasar varias horas en la unidad de recuperación. Ya en la habitación no podía dejar de llorar echando en falta a mis bebés y tuve que pedir que sacasen la cuna vacía de mi habitación. Cada vez que la veía me daban ganas de arrancarme las vías de mala manera y salir corriendo a buscar a mis hijos.

No volví a ver a mi hijo hasta dos días más tarde, cuando le dieron el alta en Neonatología y me lo trajeron a la habitación. Tardé dos días más en conocer a mi hija. Con su escaso kilo de peso, ahí metida en su incubadora parecía una princesita diminuta perdida en un enorme palacio de cristal. Sólo me pude llevar a mi hijo a casa, y mi hija se tuvo que quedar allí ingresada durante ocho largas semanas.

Dos meses más tarde nos reunimos los cuatro juntos en casa. ¡Al fin esa maravillosa sensación de ser una familia normal! Y todo empezó a mejorar exponencialmente. Incluso logré establecer mi ansiada lactancia materna exclusiva con los dos. A partir de ese momento me sumí en una nube de felicidad y cansancio a partes iguales, y todo lo anterior se quedó en un mal sueño.

Esta es mi historia; dura, intensa, un poco accidentada, pero afortunadamente con un final mucho más feliz de lo que nunca hubiera imaginado. ¿Ha merecido la pena? ¡Sin duda! ¿Volvería a pasar por todo esto? ¡Con los ojos cerrados!

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Adriana Rodríguez-Miranda Sánchez
Fundadora de "Somos Múltiples", la web sobre gemelos, mellizos, trillizos o más.
Su web "Somos Múltiples": www.somosmultiples.es

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