Mi bebé y yo

Nace un abuelo, nace una abuela…

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Los abuelos han cambiado, pero la importancia que estas figuras tienen para los nietos y los nuevos papás es la misma de siempre. ¡Siempre que se actualicen y no den consejos equivocados!

En muchos casos, los abuelos todavía trabajan o cultivan intereses y están ocupados en varios frentes. Hay algo que, sin embargo, no ha cambiado: la importancia que estas figuras tienen tanto para el nietecito que acaba de llegar, para el que pueden representar un valioso punto de referencia afectiva, como para los nuevos papás, que pueden necesitar ayuda práctica y ánimos.  

Un cambio de rol

El nacimiento de un nieto trae consigo un nuevo ajuste en las relaciones familiares: los hijos ya no son sólo hijos, sino que, a su vez, son papás. Y los abuelos ya no son sólo padres, se encuentran con que experimentan nuevas emociones, tienen que identificar las formas con las que ofrecer su ayuda y, al mismo tiempo, no perturbar la intimidad del delicado período que sigue al nacimiento del bebé.

A los abuelos se les pide la capacidad de ponerse a la disposición de los nuevos papás con discreción y respeto. En esta fase, la disponibilidad para escuchar y la mutua comprensión son muy importantes para que la comunicación no se convierta en vehículo de juicios y prejuicios, que comportan el riesgo de obstaculizar, en lugar de favorecer, los primeros pasos de la mujer en la experiencia de la maternidad.

Hábitos diferentes

Durante un tiempo, las abuelas representaban una autoridad indiscutible en el campo de la maternidad y el cuidado de los hijos. Hoy en día, ya no es así. En muchos casos, la experiencia de las abuelas que se convirtieron en madres entre los años sesenta y los ochenta ya no puede ser útil para las nuevas madres. De hecho, se ha observado que los hábitos y la forma de cuidar a los niños de aquellos años no era la más indicada para garantizar el bienestar del niño.

Un ejemplo típico es el de la lactancia, que, con la llegada de la leche artificial de fórmula, fue prácticamente abandonada durante un par de generaciones. Quien se convirtió en mamá durante aquellos años probablemente no dio el pecho o lo hizo durante un período muy breve, porque recibió indicaciones incorrectas (dar el pecho cada tres horas, interrumpir la toma después de algunos momentos, etc.), irreconciliables con el éxito de la misma lactancia materna. El resultado es que, a menudo, las nuevas madres no pueden depender de la experiencia de madres y suegras. Y no sólo eso: si las abuelas no han actualizado su información, no pueden ofrecer consejos correctos y, aunque lo hagan de muy buena fe, consiguen contribuir al fracaso de la lactancia.

También los prejuicios relativos a los vicios del bebé están ligados al período de máxima difusión de la cultura del biberón. A las abuelas les recomendaron no tener demasiado tiempo en brazos a su bebé y dejarle dormir solo, a menudo, en una habitación diferente a la de los padres. Hoy en día, sin embargo, sabemos que el contacto, la cercanía y los mimos en los primeros meses de vida favorecen la seguridad y la confianza en sí mismo del niño.

Más información y más apoyo

¡Pero los abuelos también pueden ser valiosos aliados! En la mayoría de los casos, de hecho, cuando una mamá tiene dificultades, recurre a su propia madre para pedirle consejo y apoyo. Es en este punto donde la información hace la diferencia: se obtiene compartiendo con ellos, desde el embarazo, todo aquello que se aprende a propósito del parto, la lactancia y los cuidados, a través de los cursos de preparación al parto o de los libros, por ejemplo.

Para entendernos mejor ...

¿Y si los futuros abuelos no parecen estar interesados ​​en actualizar sus conocimientos? ¿O si, incluso, se declaran contrarios a los nuevos métodos? Cuando se habla con una abuela del hecho de que los hábitos que se consideraban válidos en sus tiempos ahora están obsoletos, es necesario tener mucha delicadeza. No es fácil cuestionar el propio modelo educativo y el que ha sido el propio comportamiento como padre y madre. Así, pues, es necesario estar predispuesta y tener una actitud de escucha recíproca.

Y si los abuelos no tuvieran una actitud alentadora espontáneamente, puede ser el papá quien les explique que la nueva mamá necesita ser apoyada y sentirse apreciada. El rol de mediador del padre, sobre todo al enfrentarse a los propios padres, es fundamental.

¿Y si no hay feeling? Trucos antiestrés

Pero ¿qué se puede hacer si la abuela no quiere saber nada de animar a la nueva mamá y no se guarda para sí misma los juicios o comentarios antipáticos? He aquí algunos consejos:

1. Si con la abuela tiene una relación de confianza, la nueva mamá puede explicarle cuáles son sus necesidades en ese momento, pidiéndole expresamente a su madre o a su suegra que confíe en ella y le ofrezca su apoyo.

2. Si no hay confianza, o cualquier intento es en vano, no queda más que sonreír, asentir, agradecer su interés y luego seguir por tu propio camino.

3. Como alternativa, se puede jugar la “carta del pediatra”: si la mamá le asegura que está siguiendo las directrices del médico, en general, se podrá callar hasta a las abuelas más desconfiadas.

Pero, cuidado: si la persona que está junto a la mamá no la apoya y continúa cuestionando sus acciones, existe el riesgo de que, más tarde o más temprano, ¡sea la misma mamá quien tenga dudas! Es más conveniente debatir con otras madres en las salas de espera de las clínicas o centros especiales de ayuda, para compartir los temores y experiencias, y recibir el apoyo que necesita.

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