Mi bebé y yo

Viajar con niños

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¿Vas a realizar un viaje en avión, un crucero en barco o muchos kilómetros en coche? Te explicamos las precauciones que debes tomar para que el viaje sea lo más seguro posible.

Verano: tiempo para viajar, vacaciones al sol y días al aire libre. Pero, ¿cómo organizar los desplazamientos para garantizar un viaje tranquilo a toda la familia? En función del medio de transporte utilizado para ir al destino de vacaciones, te ofrecemos las sugerencias de los expertos para organizar un viaje a medida del niño, protegiendo la seguridad y el bienestar de los pequeños.

Viajar con niños en coche

Las familias que se desplazan en automóvil deben tomar algunas medidas para garantizar al niño un transporte no sólo agradable, sino, sobre todo, seguro. Los pediatras y las autoridades no se cansan de repetir que los niños que viajan en coche siempre deben hacerlo en una silla de seguridad. De hecho, los accidentes de tráfico constituyen la primera causa de muerte en Europa en la franja de niños de entre cinco y 13 años. Sin embargo, el uso correcto de los sistemas de retención infantil puede marcar la diferencia.

  • El uso de sillas de seguridad y elevadores reduce el riesgo de mortalidad en un 69%, en el caso de los bebés menores de un año, y en un 47%, en la franja de entre uno y cuatro años.
  • Un niño que viaja “suelto” en el habitáculo del vehículo o en brazos de un adulto está en peligro. Un golpe insignificante o una frenada brusca pueden ser suficientes para poner en peligro su salud y su propia vida. Cuando un automóvil circula a 50 km/h y choca contra un obstáculo, el coche se detiene, pero los cuerpos de los pasajeros continúan desplazándose a 50 km/h. A esta velocidad, la masa de un niño que pesa 10 kilos se traduce en 400 kilos. No existen brazos en el mundo capaces de sujetar este peso. 
  • A pesar de toda esta información, los papás españoles todavía no demuestran una sensibilidad total hacia el problema de la seguridad. No todos los niños viajan de forma segura y el riesgo es altísimo: en caso de accidente, los niños pierden la vida o sufren lesiones gravísimas con resultados que pueden llegar a ser permanentes. 
  • El niño deberá viajar en un sistema de retención infantil adecuado a su peso y edad, colocado, preferiblemente, en el asiento trasero, en el centro. Las principales asociaciones pediátricas recomiendan transportar al niño en sentido opuesto al de la marcha, como mínimo, hasta los dos años y, después, en función del peso y de la altura, hasta los tres años. 

Bienestar

  • Para que el viaje no resulte demasiado pesado, se puede salir muy temprano por la mañana, de manera que el bebé, una vez bien colocado en la silla de seguridad, pueda volver a dormirse. Si el viaje es largo, es indispensable programar algunas paradas (cada dos horas, aproximadamente), para permitir que el niño baje del coche, se distraiga y camine un poco.
  • ¿Y si se marea en el coche? La cinetosis es un trastorno del sistema neurovegetativo que provoca náuseas, sudoración, palidez, malestar general y, en los casos más severos, vómito. Se trata de un trastorno muy frecuente (la franja de edad más afectada es la de entre dos y diez años), y puede manifestarse en otros medios de transporte. El movimiento o los estímulos visuales u olfativos también pueden provocar el mareo.

Viajar con niños en avión

Si los papás han elegido un destino lejano para pasar las vacaciones, el niño podrá vivir una experiencia nueva y emocionante. Para lo más mayorcitos, el viaje en avión representa una auténtica aventura, llena de descubrimientos. Veamos cómo comportarse durante el vuelo y aliviar los posibles malestares.

  • Los viajes en avión no están contraindicados, ni en el caso de los más pequeños (sin embargo, sobre todo en invierno, al tratarse de un ambiente cerrado, aumenta el riesgo de contraer infecciones transmisibles por vía respiratoria). Naturalmente, se deberá prestar mucha atención al aire acondicionado, para evitar que el bebé coja frío.
  • Los niños más pequeños pueden viajar en brazos de los papás o utilizar sillitas especiales. Si el bebé tiene pocos meses, conviene informarse en el momento de la reserva del vuelo, porque algunas compañías aéreas proporcionan (bajo reserva) cunas y sillitas. En el avión, no existen espacios preparados para el cambio de pañal, pero muchas compañías disponen de cambiador en los lavabos.
  • Si el niño no se alimenta al pecho, es preferible llevar la leche en polvo en el equipaje de mano, que el personal de a bordo podrá reconstituir en el momento de la toma. Para el transporte de líquidos, existe una limitación: no se pueden superar a 100 ml. Si el niño sigue una alimentación especial en forma líquida (por ejemplo, debido a patologías alérgicas), es oportuno llevar el informe médico a mano.
  • ¿Y si el niño tiene un poco de miedo? Es importante que la mamá y el papá se muestren tranquilos: de este modo, también el bebé podrá vivir esta novedad con mayor tranquilidad. Unos días antes de salir, se le puede contar una historia en la que el protagonista emprende un largo viaje en avión. Asimismo, es aconsejable llevar unos libros ilustrados para distraerle durante el vuelo.

Bienestar

  • Durante el despegue y el aterrizaje, cuando el cambio de presión atmosférica se produce rápidamente, el niño puede notar una sensación de molestia en los oídos, taponamiento e incluso dolor, a causa del aumento de presión en la membrana timpánica.
  • Para prevenir o resolver el malestar, se puede poner al bebé al pecho o bien ofrecerle el chupete o un biberón con agua o manzanilla. Si es más mayorcito, podrá chupar un caramelo o masticar un chicle.

Viajar con niños en barco

Navegar es otra experiencia que puede ser encantadora para el pequeño, sobre todo, si los papás le presentan la travesía como una gran aventura.

  • Se sugiere evitar los ambientes cerrados y, si las condiciones atmosféricas lo permiten, es conveniente pasear por cubierta o sentarse con el niño al aire libre. De esta manera, se previene el mareo y las náuseas, y la travesía resulta más interesante, con muchas ocasiones para distraer y entretener al niño.
  •  La mayoría de las compañías navales disponen de cambiadores en los baños para los más pequeños, además de la posibilidad de preparar papillas o calentar biberones.

Bienestar

  • Si el niño se marea, mientras pasea por la cubierta, los papás le podrán decir que mire hacia un punto lejano (la tierra que se avista o el horizonte), y que no se concentre en el movimiento de las olas que rodean el barco. Además de evitar los ambientes cerrados – donde el calor, el movimiento y los posibles olores desagradables pueden intensificar el trastorno –, es oportuno realizar varios tentempiés ligeros, con tostadas, palitos o galletas.
  • Por último, si la travesía en barco se prolonga durante horas y el trastorno es importante, es conveniente ir al pediatra antes de salir, para afrontar el viaje con fármacos contra el mareo. Los medicamentos recomendados son los mismos que se aconsejan para el mareo en el coche.

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