Mi bebé y yo

Conoce el proyecto #mamiconcilia

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¿Has tenido problemas en tu trabajo a la hora de compaginar tu vida laboral y familiar? Una mamá se ha dedicado a recopilar historias de directivas que han tenido que luchar para conseguir compatibilizar ambos aspectos de su vida.

El proyecto #mamiconcilia es un ebook con 28 historias, 27 mujeres y un hombre, que relata cómo la conciliación familiar es todavía una utopía en nuestro país. Podéis descargaros #mamaconcilia aquí, pero te hacemos llegar la historia de la editora del libro, Usúe Madivaveitia:

“Hemos venido a hacerte una oferta”

Mi experiencia en conciliación es escasa pero intensa. Por eso me decidí a poner en marcha este proyecto, en busca de historias ajenas de las que aprender.

Faltaba un mes para mi reincorporación al trabajo. Ya había disfrutado de las 16 semanas de baja maternal. Empezaba entonces el consumo del último mes de permiso, resultante de compactar la hora diaria de lactancia durante los nueve primeros meses de vida del bebé en 15 días laborables, y seis días de vacaciones que me quedaban del año pasado. Fuimos al pediatra. Había llegado el momento de empezar el destete.

Hasta entonces, mi hijo Unax sólo había tomado pecho. Nunca ha usado biberón y el chupete no es santo de su devoción. Su médico nos recomendó que empezáramos directamente con papilla de cereales, mezclados con agua y tomados con cuchara para que siguiera sin rechazar el pecho. El objetivo era mantenerle distraído hasta que yo pudiera llegar a casa y ofrecerle de nuevo el pecho. Ya había manifestado en la empresa mi intención de cogerme la jornada reducida, de 9:00 a 15:00, al menos hasta que Unax tuviera 6 meses, para aproximarme lo máximo posible a la recomendación de la OMS de dar lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Nunca me contestaron sobre si podía o no cogerme la jornada reducida.

Con mucha ilusión de su padre, que por fin iba a poder implicarse en la alimentación de Unax y grandes quebraderos de cabeza por mi parte, buscamos la papilla por distintas farmacias de Madrid. Teníamos que empezar en fin de semana, para que pudiera dárselas él (si el peque me olía, probablemente las rechazaría). La mayoría de las farmacias estaban de guardia y el “Sin Lac”, la papilla de cereales específica para menores de cuatro meses, que se prepara con agua, no es fácil de encontrar. Después de recorrer más de cinco farmacias, por fin dimos con ella.

El domingo fue un día muy triste para todos. Preparé la papilla con ilusión, pero sin parar de darle vueltas al coco. ¿Y si no vuelve a querer el pecho? ¿Y si me rechaza? ¿Y si después del esfuerzo, me echan y no ha servido para nada? (Empezaba a barajar la posibilidad del despido).Carlos, mi marido, con más ilusión todavía, sentó a Unax en la trona, y empezó a cantarle “Había una vez… un circo…”, que se convirtió en la banda sonora de las comidas con cuchara.

De lejos, sin que Unax pudiera verme ni olerme, le pasé a Carlos el plato de papilla, cogí el libro sobre la lactancia “Un regalo para toda la vida” y me encerré en la habitación. Mientras repasaba el capítulo de la vuelta al trabajo y el del destete, escuchaba a Unax llorar desconsolado y no podía evitar que unos tremendos lagrimones escaparan de mis ojos. Carlos cantaba cada vez más alto y con mayor energía la canción de los payasos de la tele. Después de un buen rato, consiguió que comiera un par de cucharadas y lo dejó. Suficiente para el primer día. Inmediatamente me lo trajo para que le achuchara. Los tres nos abrazamos. Lo necesitábamos, pero fue un error. Al olerme, Unax enloqueció y tuve que darle el pecho. Así no solucionábamos nada.

Al día siguiente, me encerré en la habitación con “Llega un bichito”, un manual para la mamá novata, ilustrado con humor por Nathalie Jomard. Conseguí llorar un poco menos y Unax comer una cucharadita más. Al terminar, Carlos le durmió y conseguimos que aguantara una hora y media más hasta volver a darle el pecho.

Era lunes. Yo había empezado a cederle protagonismo en el cuidado de nuestro hijo a Susana, nuestra asistenta. La observaba con detalle y le iba corrigiendo todo aquello que no me gustaba: dejaba al niño solo en el gimnasio sobre el sofá, tardaba más que nosotros en cambiarle el pañal y cuando lo hacía se lo apretaba demasiado, le dejaba llorar hasta que se dormía de aburrimiento, ponía la olla a presión con él en la cocina… Después de casi cuatro meses con nosotros, no podía entender que pasara todo eso. Me había visto actuar y no entendía que no lo hiciera como yo. Pero claro, no es lo mismo verlo que hacerlo, y a fin de cuentas ella no es su madre. Sufría pensando en el momento de ir a trabajar. No me imaginaba dejándole solo con ella. También existía el temor de que acabara queriéndola más que a nosotros. Iban a pasar muchas más horas juntos y tampoco le llevábamos tantas de ventaja.

Unax parecía enfadado. Supongo que no entendía que estando yo allí no jugara con él ni le abrazara, no entendía que fuera Susana quien le cambiara el pañal o le durmiera, ni papá el que le diera de comer. Cuando por fin me tocaba el turno de darle el pecho, evitaba mi mirada, y en cuanto soltaba el pezón, miraba para otro lado. Me sentía fatal.

Aquella semana mi jefe me citó en un Starbucks junto al director financiero. Blanco y en botella. “Hemos venido a hacerte una oferta”. Sea cual sea el motivo, aunque te digan que eres una trabajadora excepcional y que te han echado de menos durante la baja, aunque te digan que el motivo para proponerte tu salida de la empresa es un nuevo enfoque de los objetivos en el que tu cargo deja de tener sentido, te sientes rechazada. Sientes miedo a verte en el paro y, trabajando en un sector que se mueve tan rápido como el marketing digital, sientes miedo a perder el tren. Pero a la vez, un mundo lleno de posibilidades que aún desconoces se esboza ante ti. Es una decisión muy difícil de tomar pero al final, recuerdas la sonrisa y la mirada feliz de tu hijo agradecido, por poco que hagas, recuerdas los duros momentos atravesados en una empresa que ahora te ofrece irte, y la balanza termina por vencer hacia el lado de lo personal.

La primera decisión fue dejar la papilla y apostar por la lactancia materna, ahora sí, exclusiva hasta los seis meses. Además de todos los beneficios ya sabidos para el niño, a mí me hace sentirme útil. Por lo menos sirvo para alimentar a mi hijo y lo que me ahorro en papilla es parte del sueldo que he dejado de percibir.

Ahora estoy replanteándome mi futuro. Desde hace ocho años no he dejado de trabajar ni un solo día, enlazando oportunidades laborales en cuatro empresas diferentes. Ha llegado el momento de parar un poco el ritmo, soñar, imaginar mi futuro y luchar por conseguirlo. Y mientras, disfruto de mi hijo.

Lanzar un proyecto con mujeres directivas, coordinar un libro colaborativo y tener más tiempo para mí son tres sueños que apunté hace años en mi cuaderno de sueños. #mamiconcilia es un sueño hecho realidad. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

 

 usue-bloguera
Usúe Madinaveitia es Periodista, Fundadora de la plataforma Mujeres Directivas y creadora, coordinadora y editora del ebook #mamiconcilia.
+info: 
www.usue.es 

 

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