Mi bebé y yo

Ana Rosa Quintana: “Mi objetivo es que mis hijos sean felices y buenas personas”

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La famosa presentadora de televisión ha hablado con Mi bebé y yo. Nuestra colaboradora, Belinda Washington presenta a la periodista en una amplia y bonita entrevista. ¡No te la pierdas!

Texto: Belinda Washington
En las distancias cortas, todavía se aprecia más el brillo tan intenso de sus ojos. Todavía lleva en ella mucho de esa niña alegre, risueña y disfrutona de la vida. Durante la entrevista, se creó un ambiente distendido y relajado, las risas y confidencias fueron hilvanándose sin cesar. La travesura es una cualidad inherente en Ana Rosa; se le pone cara de niña cada vez que recuerda su niñez. Trabajadora incansable, desde muy pequeña,
aprendió de sus padres el valor del esfuerzo y pisó con ellos por primera vez una discoteca. Y es que, con su primera tele, ya tuvo una considerable audiencia apiñada en el salón de casa delante de partidos y películas del oeste. Os invito a conocerla un poco más de cerca.

B- Ana Rosa, cuando eras niña, ¿qué querías ser de mayor?
A- Desde pequeña, he tenido claro lo que no quería ser: no quería ser profesora, no quería ser enfermera, no quería trabajar en un banco ni ser funcionaria... A mí, lo que me gustaba era la radio. Esta afición me viene por unos cómics que mi padre me traía y que a mí me encantaban. Se llamaban Mari Noticias. Mi padre era muy aficionado al rastro, le gustaban las colecciones, los cómics, y siempre me traía alguna cosa. Creo que, intuitivamente, busqué una profesión insólita para mi familia, porque no había nadie que fuera periodista. Yo he sido siempre muy extrovertida, hablaba con todo el mundo, y quería dedicarme a una profesión que me permitiera viajar y para la que no tuviese que madrugar. La verdad es que
estuve mucho tiempo sin madrugar, pero ahora me toca.

B- Y si miramos en el tiempo, ¿qué recuerdas de tu infancia?
A- Recuerdo el día que mi padre trajo la tele a casa; yo tenía cuatro años. Me acuerdo muy bien de ese día, era invierno. Subieron a poner una antena y yo empecé a dar vueltas de contenta. Me caí y me di contra el rodapié, y me hice una brecha. ¡Acabamos en la casa de socorro! Vivíamos en un barrio obrero de Madrid y aquélla era la única tele que había en el bloque. Los vecinos venían a casa a ver la tele, cuando había partidos de fútbol, toros o en Navidades.
B- ¿Qué recuerdas de tu hermano Enrique?
A- Mi hermano Enrique y yo siempre hemos estado muy unidos y hemos ido juntos a todas partes, incluso de mayores, y seguimos haciéndolo. Nos llevamos casi tres años; él es mayor que yo, ¡aunque dice lo contrario! Siempre hemos mantenido una relación muy estrecha, son cosas
que se aprenden de pequeños.
B- ¿Qué es lo más importante que aprendiste de José Antonio, tu padre?
A- Mi padre tenía un carácter estupendo. Era una persona muy comunicativa, le encantaba estar rodeado de amigos, tener gente en casa… Esto es algo que yo he heredado de él. Mi padre también era muy cabal, muy recto y muy serio, pero, en casa, todo se votaba; lo que hacíamos, lo decidíamos entre todos. Era una persona muy democrática.
B- Y de mamá, ¿qué aprendiste?
A- De mi madre, aprendí la picardía, la intuición...
Mi madre ha sido muy intuitiva, muy decidida para muchas cosas. Cuando quiere algo, es muy valiente y muy trabajadora. Mi madre ha trabajado siempre, en el negocio que regentaba con mi padre. De ellos, he aprendido la importancia del esfuerzo y el trabajar toda la vida.
B- ¿Qué olor recuerdas?
A- Quizás, el mar. Nosotros hemos viajado mucho con mi padre, íbamos mucho a la playa, a hoteles o a campings… Hacíamos cosas que otros niños no hacían en nuestra época o a nuestra edad. Mi padre era un hombre muy moderno.
B- ¿Algún sabor?
A- Yo me acuerdo mucho del arroz con leche. Como nos quedábamos a comer en el colegio, mi madre tenía la impresión de que estábamos mal alimentados. Por eso, todos los días, después de la cena, nos daba una fuente de natillas o de arroz con leche.
B- ¿Y qué música recuerdas? ¿Alguna canción en especial?
A- Lo que más recuerdo son las zarzuelas. A mi madre le gustaba mucho la zarzuela. ¡Íbamos todos los domingos! En casa, nos
las ponían como banda sonora, por lo que me las sé todas de memoria. Mis favoritas son Doña Francisquita y La del manojo de
rosas. ¡Ah! Y también me acuerdo de Rafael.
B- ¿Cuál era tu juguete preferido?
A- A mí, lo que me gustaba de pequeña era leer. Mi tía siempre me regalaba libros de “Los Cinco”. También mi madre es muy buena lectora, y sigue siéndolo, ya que lee dos libros por semana, y ésa es otra cosa que heredas. Además de leer, me gustaban las muñecas, las cocinitas, el supermercado…
B- ¿Cómo eras de niña?
A- Yo era muy buena niña, y muy habladora; era un loro, ¡no paraba de hablar! También era muy buena estudiante; lo aprobaba todo. De pequeña, me gustaba mucho ir a la montaña. Es una afición que nos contagió mi padre. Íbamos a hacer rutas por el monte, escalada, y nos alojábamos
en albergues. Me he recorrido los Picos de Europa, Navacerrada, Granada… Y de joven, prefería estar en la montaña que ir a una discoteca. Quizás, por eso, canto y bailo tan mal…
B- Y de tus abuelos, ¿qué recuerdas?
A- No he conocido a ninguno de los dos abuelos. Mi padre es hijo póstumo: mi abuelo murió en un accidente de coche cuando mi abuela estaba embarazada, por lo que no llegó a conocerlo. Y el padre de mi madre era republicano y murió justo después de la guerra. A mis dos abuelas sí que las conocí, y están muy presentes en mi vida. Son dos mujeres muy distintas: la madre de mi padre, a la que llamábamos “la abuelita”, era muy religiosa, su padre había sido general, tocaba el piano... Era una mujer muy tranquila, muy paciente, no se inmutaba por nada, muy serena. Y la madre de mi madre era muy tabardillo, muy castiza, muy revoltosa… He estado mucho con ella. Murió con 91 años; yo ya estaba casada
y tenía un hijo. La llamábamos “la Lola” y era muy graciosa y divertida. A sus hijos, los chinchaba todo el tiempo, pero, con los nietos, era maravillosa.
B- ¿Cómo has puesto en práctica con tus hijos todos los valores que aprendiste de tus padres?
A- Yo creo que educamos como podemos. Nadie nos enseña a educar. Al final, te va saliendo un poco lo que has visto y vivido. Hay que tener muy claro que los hijos no pidieron venir al mundo, y que son una responsabilidad para toda la vida. Básicamente, mi objetivo es que mis
hijos sean felices, que sean buenas personas, educados (los modales me parecen fundamentales) y que se quieran. Quiero
que tengan un concepto importante de la familia, porque, al final, después de todo lo vivido, te das cuenta de que las cosas pasan, pero lo que queda es tu familia, tus amigos, las personas de siempre. Eso es algo que te da seguridad en la vida, y los niños deben tener ese sentimiento de pertenecer a un clan.
B- Y tú que has sido madre en dos etapas tan distintas, con diferentes edades, ¿qué consejos podrías dar a esas mujeres que están deseando ser madres pasados los 40?
A- No es fácil dar consejos, depende de las circunstancias personales de cada uno. Lo que está claro es que no hay que hacer heroicidades.
Creo que te tienes que poner en buenas manos, pues empieza otra vez el ciclo y es muy sacrificado. Si lo deseas, y realmente puedes, adelante. Yo les animo, como animo a amigas mías que han decidido tener sus hijos en soltería.

B- ¿Y no te pilló tu hijo mayor, Álvaro, en una edad menos paciente que ahora los gemelos Juan y Jaime?
A- No. Es que esto depende de la actividad, y yo tengo ahora la misma actividad que cuando mi hijo Álvaro tenía seis años. Por eso, no he notado una diferencia muy grande entre estas dos maternidades. Mi vida es igual de enloquecida ahora que hace 25 años.
B- Empresaria, con un programa diario en TV, la revista… ¿Cómo te las apañas para conciliarlo todo?
A- Teniendo un equipo excelente de profesionales. Y rezando todos los días para que, al final, todo salga bien. La verdad es que me gusta iniciar proyectos, hacer cosas nuevas. Además, con la tecnología (Internet, tablet, etc.), todo es mucho más fácil. Todos los días llego a casa a las 17:30 y, mientras estoy haciendo los deberes con mis hijos, estoy conectada con mi equipo y hablo con ellos sobre el siguiente programa. Además, tengo
un marido maravilloso con el que comparto las responsabilidades: reuniones del colegio, médicos, gestiones varias… Me ayuda muchísimo en todo.
B- ¿Y de dónde sacas tiempo para ayudar a otros niños como los de “Infancias sin fronteras”?
A- No lo hago yo directamente. Colaboro con ellos y con el Padre Ángel. El otro día, me llamó desde Haití y los niños me cantaron una canción. ¡Fue muy emocionante! También creé una fundación, pero este tema lo lleva más Juan, mi marido. Son pequeñas cosas que te ocupan tiempo, pero
que son muy gratificantes. Tenemos una capacidad de comunicación, una capacidad económica… Si puedo colaborar, lo hago, porque me gratifica mucho.
B- ¿Y qué te queda por hacer?
A- Espero que muchas cosas, si no, ¡qué aburrimiento! La verdad es que siempre me estoy metiendo en líos. Ahora, no tengo planificado hacer nada nuevo, pero todo puede pasar en cualquier momento.
B- ¿A qué te gustaría que se dedicaran tus hijos, Álvaro, Juan y Jaime?
A- Álvaro ya vuela solo. Vive en casa todavía, pero ya tiene su destino decidido: está haciendo oposiciones a judicatura. Álvaro es un chico brillante, habla dos idiomas, tiene un futuro espléndido por delante… Y Juan y Jaime son muy pequeños; ahora, les toca estudiar y, luego, cada uno tomará su camino. Yo nunca les he dicho lo que tienen que ser. Si uno me dice: “Mira, mamá, quiero ser cocinero”, pues, fenomenal. Me gustaría que estudiaran lo que quisieran, lo que les diera más satisfacción, porque, si uno hace lo que quiere, será feliz.
B- ¿Dirías que tus hijos tienen una madre con suerte?
A- Sí, la verdad es que tengo suerte. Todos tenemos y hemos tenido nuestros duelos, nuestros dramas… Pero me considero una persona afortunada.


 

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