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Mi bebé y yo

Belinda Washington entrevista a Fabiola Martínez, Premio Mamá del Año Mi bebé y yo

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Nuestra colaboradora, Belinda Washington, pasa una tarde con Fabiola Martínez, la Mamá del Año 2010. Juntas recuerdan la infancia de la mujer de Bertín Osborne y hablan de su faceta personal y profesional. Disfruta de una entrevista entrañable.


Texto: Belinda Washington
Fotografías: Jean Pierre Ledos


Fabiola siempre me pareció una mujer cálida y exquisita en el trato. Después de estar con ella en Sevilla, donde nos recibió generosa en su casa, descubro, además, a una madre  entregada, peleona y luchadora hasta la extenuación. De risa fácil, hilvanábamos momentos tiernos con otros más profundos y emotivos, siempre envueltos por la misma dulzura que invita a adentrarse en todo ese mundo interior que ella destila. Sorprende en ella una timidez velada que aparece de vez en cuando, sobre todo al hablar de sí misma, pero que se diluye al hablar de la enfermedad de su hijo y del espíritu de superación que prevalece en los dos.

La Mamá del Año elegida democráticamente por nuestras lectoras es una madre de élite, mujer sencilla, inquieta, expresiva, simpática… Y, como ella cuenta, no quiere transmitir dolor ni pena. Lo esconde para sí misma o para cuando está con su madre, una mujer de la que, seguramente, heredó parte de su fortaleza.

Sus hijos, Carlos y Kike, son sus grandes maestros de la vida, y su pareja, Bertín, el mejor bálsamo de felicidad. Natural y sin artificios, tiene las ideas muy claras. Su prioridad es seguir luchando con y por Kike, y poder ayudar, desde la Fundación Bertín Osborne, a padres que tengan hijos con lesiones cerebrales y que quieran obtener todos esos logros que ellos han conseguido gracias a horas y horas de dedicación y de entrega absoluta.
Pero comencemos por este cuento lleno de colores, de luces y de sombras… Por esa niña que corretea por una de esas bonitas playas venezolanas, que ríe y que hace las maletas demasiadas veces, siempre sin dejar de cantar y bailar.










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|B- Naciste en Maracaibo, Venezuela. ¿Cómo son los colores de tu tierra?F- Muchos: azules, amarillos... Bueno, ahora es todo rojizo, como dicen por ahí. La zona antigua, sobre todo, tiene unas casitas que recuerdan mucho a la isla de La Palma. Son casitas preciosas, con balcones alegres, llenos de flores. B- Si tiñéramos tu infancia de un color ¿cuál elegirías?F- Mi color favorito es el blanco, me encanta. Incluso para mi infancia.B- ¿Y a qué sabe tu infancia?F- A mango -se ríe-, a mucho mango. Sí, me encantan los mangos y los sigo comprando.|B- Si hacemos un viaje en el tiempo y te pido que recuerdes una de las primeras imágenes de tu infancia. ¿Cuál aparece?F- La playa, el mar, el agua turquesa. Sobre  todo, el agua. Íbamos mucho a la playa con toda la familia.B- ¿Y cómo fue esa infancia? ¿Feliz? ¿Con tu hermano Julio creciendo a tu lado? (Julio se ríe).F- En mi infancia, hubo un poco de todo. Nunca hemos estado mucho tiempo en una misma casa. Siempre nos hemos estado mudando. Recuerdo una infancia muy familiar, llevándonos bien o mal, pero siempre juntos, sobre todo la familia de mi madre, que es con la que más he convivido. B- ¿Qué te gustaba hacer de pequeña?F- Bailar, siempre me gustó mucho la música. Cantar, bailar...B- ¿A qué jugabas de pequeña? Nos has enseñado una muñeca que supongo que fue importante para ti.F- Me tocó ser la mayor de los nietos y la mayoría eran varones, con lo cual siempre jugábamos a cosas de chicos. Jugábamos a correr, saltar, a la comba y a otros juegos que aquí no se conocen: el emboque, el “taquitaqui” que eran dos cuerdas con dos bolas y teníamos que darle “taqui, taqui, taqui”, intentando no darte en las manos… Y la muñeca que tiene música y lleva conmigo desde que yo era muy pequeña. A mi madre le encantan y le hacía mucha ilusión que yo tuviera una muñeca.|B- ¿Y en qué soñabas convertirte de mayor?F- De mayor, nunca me planteé nada en especial. Pero, con mi prima, siempre jugábamos a desfilar, a cantar, a hacer un show. Mi abuela tuvo un segundo marido; le hacíamos espectáculos y él nos daba una propinita y siempre estábamos inventando cosas. De pequeña, no lo tenía claro. Luego, de mayor, ya sí. Pensé en estudiar medicina. Estuve estudiando la carrera y lo dejé al presentarme a Miss Venezuela. La verdad es que no me dio tiempo a estudiar mucho, ya que fue todo muy seguido y me arrepiento de ello.B- Pero nunca es tarde para empezar una carrera.F- ¿Sabes qué pasa? Que debería empezar más tarde, cuando tenga las cosas más organizadas. La medicina no es una carrera que puedas estudiar poco a poco. La medicina se actualiza constantemente. Hay que estar muy informado, nunca dejas de aprender.|B- Y de todo lo vivido en estos años, ¿para qué crees que sirvieron tus estudios de Medicina?F- Me han servido para entender muchos términos médicos. Mi interés por la medicina ha facilitado mi aprendizaje con la enfermedad de mi hijo Kike. He buscado terminología en Internet y he comprado libros que pensaba que me podían ayudar a entender lo que pasaba. Esta base que traía y el interés que siempre ha despertado en mí la medicina me han ayudado muchísimo a  entender todo el proceso.B- ¿Qué ha cambiado en ti y en Bertín con el nacimiento de Kike?F- Hemos madurado y comprendido lo que realmente es importante. Aprendes a diferenciar un problema de una tontería, a establecer prioridades reales y a no ahogarte en un vaso de agua. Entiendes que existen muchísimas personas como nosotros. Están ahí y antes no los había visto, porque estaba en otra historia; no es por mirar a otro lado, sino que, cuando no conoces algo, eso para ti no existe.|B- ¿Qué les dirías a esos padres que se encuentran o se encontrarán el día de mañana en esa situación? F- Primero, que se tomen tiempo para asimilar lo que está pasando. Más que entenderlo, hay que aceptarlo; si es necesario, con ayuda psicológica. Una vez que lo aceptas, es el momento de coger el toro por los cuernos y tirar hacia delante. Yo he hablado con madres que se preguntan el porqué. No, todo eso no se puede cambiar. Lo importante es que los niños mejoren lo más rápidamente posible. Lo importante es empezar cuanto antes. ?B- Habéis dedicado mucha ilusión y trabajo en crear la Fundación Bertín Osborne, que ayuda a padres de niños con lesiones cerebrales sin recursos. ¿Cuál es el objetivo principal de la Fundación?F- El objetivo de la Fundación es dar apoyo, ayudar y orientar a nivel informativo de lo que se puede hacer y cómo se puede hacer. Lo importante es empezar cuanto antes; la diferencia es muy corta entre un niño que acaba de nacer y uno que tiene tres años, pero es tiempo que ya hemos perdido para trabajar con el niño. Es increíble las ganas que tienen las madres de sacar a esos niños adelante. Lo que hacemos depende mucho de las expectativas que tengan los padres. Nosotros siempre decimos que se lucha por el cien por cien de la recuperación. Una pequeña mejoría es mejor que nada. La Fundación lo que quiere es ayudar a los padres a que vean que hay gente que está pasando por lo mismo, que no son los únicos que lo están pasando mal.  Tienen  que aprender que delegar está bien, pero que son nuestros hijos y tenemos la responsabilidad de trabajar para ellos. La Fundación intenta decirles a esos padres que abran los ojos y actúen.|B- ¿Y se nota la evolución?F- Es un tema muy extenso. Los niños con daño cerebral suelen sufrir, sobre todo, de espasticidad, que es rigidez en los músculos. Si el músculo está rígido, tira de los huesos y saca el fémur de las caderas. La mayoría de los niños sufren de luxación de cadera. A los niños con daños cerebrales o con problemas de este tipo, se les trata como si fueran de porcelana, envueltos en su mantita, mirando al techo todo el día. No, hay que darles la ocasión de moverse. Otro problema que existe es que el mismo niño puede tener espasticidad e hipotonía. Es decir, en algunas extremidades, puede ser rígido y, en otras, flácido. Toda esta información la hemos aprendido de los Institutos para el logro del potencial humano de Filadelfia (EE.UU.), que llevan 50 años investigando con resultados asombrosos. Esta terapia tiene como única contraindicación que los padres deben implicarse y, para eso, hace falta tiempo. Es duro, pero ellos dependen de ti. Dedícale horas productivas, las que puedas. No es caro, puedes usar materiales económicos: la estimulación táctil, por ejemplo, se hace con una esponja, un cepillo, un trozo de terciopelo...B- ¿Con Kike has notado mucha evolución?F- Al nacer, nos aseguraron casi al cien por cien que Kike sería ciego. Después de ver a dos maravillosos profesionales en Madrid y Sevilla, nos dijeron que Kike no es ciego, aunque no conocemos totalmente el grado de incapacidad visual. Empezamos a trabajar con él la estimulación visual y ahora Kike no nos puede decir cómo ve o hasta dónde lo hace, pero ve. Yo, a cierta distancia, le guiño un ojo y él me lo guiña porque me ha visto.

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