Mi bebé y yo

¡Ama y sé libre!

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La soledad y el resentimiento a amigos del pasado está presente en muchas de nuestras preocupaciones. Maria Cicuéndez, periodista y maestra de reiki, nos habla de este tema en un hermoso artículo.

Las noches de verano se prestan a las confesiones y a las charlas reconfortantes que hacen reflexionar sobre la vida y la condición humana haciéndonos ver que, cuando compartimos nuestras experiencias desde el corazón, descubrimos que en el fondo todas las personas simplemente anhelamos amar y ser amadas.


Bajo la luz de la luna llena de julio, considerada especial en India por ser la luna que ilumina a las personas en su crecimiento personal, tuve la oportunidad de participar en una interesante conversación sobre la soledad y el resentimiento o amargura que producía en algunos de los presentes el hecho de sentirse dados de lado o incluso abandonados por amigos, familiares, parejas, y gente de su pasado en general.


Al escucharles, llegué a la conclusión de que una pauta de conducta muy generalizada, normalmente inconsciente y relacionada con carencias afectivas de la infancia, es exigir afecto y lealtad incondicional a nuestros seres queridos. Reclamar que nos cuiden, de por vida,  y que estén pendientes de nosotros, de nuestras necesidades tanto físicas como emocionales, llegando incluso, a veces, a responsabilizar a terceros de la toma de decisiones vitales de nuestra existencia, bien por inseguridad o por infantilismo, con frecuencia para evitar equivocarnos y sentirnos, por tanto, culpables.


¿Cómo se podrían llegar a reconocer esas heridas sin culpabilizar a nadie? ¿Cómo aprender a amar incondicionalmente? ¿Cómo se podría compartir afecto de una manera sana en lugar de exigirlo a través de  todo tipo de artimañas para acaparar la atención? Estas preguntas me rondaron en la cabeza tras dicha conversación nocturna, en la que la humildad parecía ser la clave para reconocer, sin tapujos, nuestros verdaderos sentimientos con respecto al deterioro de determinadas relaciones. Se me ocurría que en lugar de retroalimentar rencores, envidias y otras lindezas, se podría probar con el diálogo sincero, en caso de anhelar un acercamiento a personas de nuestro pasado.


Otra posibilidad sería dejarles marchar y vivir sus vidas en libertad, dando gracias por el tiempo compartido y por la oportunidad de haber recorrido juntos una etapa del camino. Esta intención se podría visualizar soltando globos de colores como símbolo de desapego. Dicen que si quieres a alguien le dejes libre y si vuelve a ti es que todavía quedan momentos por compartir…


Al ser humano le cuesta muchísimo desapegarse del pasado, de las relaciones de dependencia afectiva, de los cordones umbilicales que nos atan, aferrándonos a ellos, a veces, incluso con desgarro. Generalmente, se temen los comienzos, la independencia, las rupturas de pareja, los despidos laborales, los cambios que implican un renacer porque exigen ser proactivos y tomar decisiones y por tanto responsabilizarse de los resultados. Pero, si en la vida todo es aprendizaje, ¿Qué importa equivocarse si se puede empezar de nuevo?


En todas las etapas de la vida, siempre se puede llamar a un ser querido y decirle humildemente que se le echa de menos, se pueden enterrar rencores y el hacha de guerra, se pueden liberar apegos caducos y se puede reconducir la vida con ilusión, esperanza y el deseo de vivir un nuevo amanecer.
¡Ama y se libre!

Maria cicuendez

MARIA CICUENDEZ LUNA es Periodista, Maestra de Reiki (Usui Shiki Ryoho), Terapeuta de Sonido, Cristaloterapia y Esencias Florales (clases y terapias).
Más información:

www.mariacicuendezluna.com
mariacicuendez.webs.com







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