Mi bebé y yo

Un cuento real

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Me contaba una amiga que le gustaría saber la continuación de los cuentos tras el típico final “y vivieron felices y comieron perdices”, y que hubiera preferido que en la conocida historia de “La Bella y la Bestia”, el protagonista no se hubiera transformado en un apuesto príncipe.


 


Los cuentos, cuentos son, pero desde niños tienen un poder subliminal, especialmente en los corazones más sensibles, marcando unas pautas sutiles sobre cómo deberían de ser las relaciones de pareja, en las que sólo las bellas conquistan el corazón de los príncipes valientes.

 
¿Qué relación tienen todas estas ilusiones infantiles con la realidad del mundo de la pareja en la actualidad? ¿Nos marcan realmente estas lecturas a la hora de proyectar nuestras ilusiones y expectativas en cuanto a nuestras relaciones de pareja? ¿Qué valores corresponderían ahora a “las Bellas” y cuales a “las Bestias”? …Nadie está en el corazón de nadie y cada persona tiene el coto privado de sus sentimientos, pero probablemente hasta aquellos que presumen de ser los más duros guarden la necesidad de incorporar algo de romanticismo sincero en sus vidas.


Dicen que en las relaciones amorosas uno entrega también su parte oscura para ser domesticada. Amar los defectos y limitantes de nuestra pareja es probablemente el mayor acto de amor en si mismo, ya que amar sus cualidades es una reacción espontánea como consecuencia de una gran atracción. ¿Qué hacer entonces con los comportamientos que nos producen rechazo en el otro? ¿Cómo verlo sin juicios ni asperezas, sino con la más absoluta ecuanimidad? ¿Cómo aprender a ser objetivos?


La continuación del final de los cuentos vendría a ser cómo: “te entregamos un diamante en bruto para que lo pulas con tu amor y tu paciencia, si perseveras en tu dedicación obtendrás una pieza de arte cristalino, y si te cansas y abandonas, habrás elegido no optar a esa posibilidad para empezar a pulir otro diamante en bruto o rendirte para siempre a poder contemplar la belleza de un cristal pulido”...


Al igual que los cuarzos se gestan paulatinamente, durante millones de años, en las profundidades de la tierra, el amor de pareja se construye día a día, como cada gota de agua caliza filtrada en una cueva crea una estalactita o una estalagmita, con la constancia a través del tiempo… Como ocurre con estos depósitos minerales, si estas formaciones llegaran a crecer lo suficiente, podrían llegar a “encontrarse” dando como resultado una columna o un pilar en el que basar la relación de pareja.


Para optar a construir una relación en la que ambos seres se encuentren en su esencia más profunda habría que mirar los dos en una misma dirección ya que si cada uno empezara a enfocar sus energías hacia otros lados, impediría la posibilidad de ese encuentro debido a fugas energéticas.

 
Al contrario de lo que pueda parecernos, desarrollarnos a nivel particular no tiene por qué separarnos de nuestras parejas, si el enfoque de esas actividades es enriquecernos como individuos, podremos dar más si cabe a nuestra relación amorosa aportando sabiduría en la relación con el otro.


En lugar de centrarnos en nuestro crecimiento personal, podríamos caer en la tendencia generalizada de intentar cambiar al otro para hacerle a “nuestra imagen y semejanza”. Este intento abarcaría desde detalles nimios como cambiarle el estilismo de los zapatos, hasta someterle a una cirugía estética o apuntarle a un curso de algún tema relacionado con nuestros intereses personales como podría ser el  yoga, como bienvenida al mundo de la Nueva Era. Es frecuente que, por ejemplo, practicantes de terapias naturales quieran que sus parejas abracen las mismas aficiones, gustos musicales y practicas, cuando probablemente su pareja ya tenga las suyas y éstas sean igual de legítimas y saludables. El querer cambiar al otro para que sea nuestra “princesa” o “príncipe perfecto” es un tema inagotable y recurrente, reflejado, con mayor o menor humor, en el mundo de la literatura y del celuloide.


Sería aconsejable mirar hacia dentro y empezar a cambiar todo aquello que nos gustaría mejorar de nosotros mismos en lugar de someter a nuestra pareja a la tiranía de nuestros juicios sin tregua. Si hiciéramos una introspección sincera quizás encontraríamos en nosotros la causa de proyectar en el otro nuestra carencia de auto-estima.


Ser la mejor “versión” de nosotros mismos y respetar a nuestra pareja sería una manera muy saludable de construir nuestra relación hacia un camino de crecimiento y de desarrollo en común. Entonces, podríamos liberarnos de las “reales coronas” para lucir nuestra humanidad con naturalidad.

María Cicuendez LunaMARIA CICUENDEZ LUNA es Periodista, Maestra de Reiki (Usui Shiki Ryoho), Terapeuta de Sonido, Cristaloterapia y Esencias Florales (clases y terapias).
Más información:
mariacicuendez.webs.com
mariacicuendezluna.blogspot.com

 

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