Mi bebé y yo

La Madre herida, la niña no vista y el niño rebelde

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María Cicuéndez, periodista y maestra de reiki, reflexiona sobre las "constelaciones familiares" con un precioso artículo titulado  “La madre herida, la niña no vista y el niño rebelde".




LA MADRE HERIDA

Me llamo Encarna tengo 77 años y tengo dos hijos, Ana de 46 y Jaime de 50. Dicen que me he convertido en una mujer gruñona, exigente y sin sentido del humor y que debería ir a Centros de esos de “viejos” a jugar a las cartas y a hacer “memeces” que no me interesan nada. ¡No me gusta estar con viejos, ni que no me responda el cuerpo! Detesto que mis hijos no estén cerca de mí, ni que no me cuenten sus cosas. No me gusta que ya no me consideren necesaria y que tomen decisiones sin consultarme. ¡El mundo ha cambiado mucho y la gente ya no tiene respeto hacia sus mayores! Yo me pasé las tardes en casa de mis suegros y ahora mis hijos me ponen excusas diciendo que están ocupados. ¡Hasta me han querido dar unas flores de esas que venden en las farmacias para sentirse mejor! ¡Se llama “achicoria” y por lo que me he informado con el boticario del barrio es para madres absorbentes, para ser menos dominante y más comprensiva! ¡Con lo que yo me he matado por mis hijos y así me lo agradecen! A mi marido no le importa, ¡Cómo siempre! ¡Es mejor estar ausente o poner la tele!...

Lamentablemente, me moriré sin saberlo, sin entender los mensajes de mi niña interior que me habla cada noche, entre susurros que cada vez son más inaudibles. Desde el corazón me lanza mensajes para que me abra a la vida, para que abandone el miedo y disfrute de los últimos años de mi existencia. Me dice que siempre vivió asustada, pero que nunca supo reconocerlo, que sus padres le educaron con dureza en una marcada disciplina, que se casó para irse de casa y huir de un padre autoritario y que ella repitió ese patrón con sus hijos porque no conocía otro. Su marido estaba ausente con excusas de trabajo y ella se refugió en sus hijos en los que proyectó su dolor y necesidades insatisfechas. En el fondo de su corazón, necesita nuevas oportunidades para aprender a vivir en la alegría.

 
 

LA NIÑA NO VISTA
anaMe llamo Ana y tengo 46 años. A pesar de que todas mis necesidades físicas están cubiertas, tengo un buen trabajo, una familia, una casa y una vida digna, dentro de mi hay un vacio de “Niña no vista” que he decidido sanar con la ayuda de un terapeuta.

Según en leído en “Mujeres que Aman demasiado” de Robin Norwood, los hijos tratan de “salvar a sus padres de tres posibles maneras: Siendo invisibles, siendo buenos o siendo malos. A través de la culpabilidad de sus actos, los niños intentan que el matrimonio de sus padres funcione y que todo vaya bien. Yo era una mezcla de “niña invisible y niña buena”, confidente de mi madre y de todas sus quejas y malhumores, sacrifiqué muchos momentos importantes de mi vida como salir con amigos, con mi novio, por acompañarle a ella. He aprendido a reconocer que algo dentro de mí necesitaba ser la hija perfecta para mis padres, lo que me provocaba mucha rabia y necesidad de controlarlo todo para que mi mundo no se desmoronara a mi paso.

De niña me sentía sola, nadie me preguntaba cómo estaba. Intentaba sacar buenas notas para atraer la atención de mi padre ausente. Siempre he necesitado la aprobación de otros a costa de sacrificar mis propias necesidades.

Ahora que soy adulta y madre quiero aprender a tener una relación más saludable con la mía, no cediendo a sus chantajes emocionales. Me he dado cuenta de que nadie es responsable de la felicidad de nadie, sino de uno mismo. Por amor a mi madre y mis ancestras quiero aprender a sentirme bien y llenar mis vacíos emocionales para que mis hijas crezcan en un ambiente más amoroso.



EL NIÑO REBELDE

Michel DouglasSoy Jaime y tengo 50 años. En mi interior se libra una batalla sin tregua que no me paro a comprender porque me dá miedo el dolor que me provoca. Necesito controlar las situaciones y cuando esto no ocurre, me desbordan. Crecí en un ambiente viciado, aunque aparentemente feliz. Tengo carencia de afecto y de atención que suplo con horas extras de trabajo, deportes de riesgo y alcohol.
 
Mi padre era inaccesible y mi madre ha estado siempre consumida por la ira y la frustración contra mi padre. Mi hermana Ana y yo siempre nos hemos sentido culpables por el deterioro de su matrimonio, pero nunca hemos hablado en profundidad del tema, yo siempre lo he eludido.

Ahora soy un respetable hombre de negocios, intento alcanzar el éxito para que mis padres estén orgullosos de mí, sin ser consciente de ello, sigo queriendo llenar sus vacíos y redimirles. De adolescente pretendía lo mismo, pero mi táctica era darles disgustos para que hablaran de cómo hacerme un hombre de provecho. Mi intención era unirles,  obligarles a que pasaran más tiempo juntos, pero discutían en lugar de dialogar.

De niño tuve que aprender a pensar y a actuar como un adulto y parece ser que de mayor sigo necesitando “el caos” para sentirme bien. Dicen los expertos que tendemos a reproducir los papeles que adoptamos en nuestras familias de origen.

Mi madre sigue machacándonos sobreprotegiéndonos y manipulándonos, pero no voy a permitir que planifique mi vida, ni que me anule. Después de ver a mis padres siento una tristeza y una frustración intensa y lejana, recuerdos de niño que ahogo en alcohol.

Me han invitado a participar en unas jornadas de Constelaciones Familiares que por lo visto ayudan a las personas a sanar sus heridas infantiles. ¡Me gustaría tener el coraje de ir! ¡Quizás vaya con Ana!

 

Encarna, Ana y Jaime están unidos por el destino para sanar, evolucionar y valorar la vida. ¡Dependerá de cada uno de ellos que así sea!

 
María CicuendezMARIA CICUENDEZ LUNA es Periodista, Maestra de Reiki (Usui Shiki Ryoho), Terapeuta de Sonido, Cristaloterapia y Esencias Florales (clases y terapias).
Más información:

www.mariacicuendezluna.com
mariacicuendez.webs.com




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