Mi bebé y yo

Nuevos padres en busca de su identidad

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Los hombres de hoy en día ya no son meros espectadores en el parto; cada vez tienen más presencia en la vida de la familia porque así lo eligen y lo desean.

Hubo un tiempo en el que el padre, el cabeza de familia, pasaba fuera de casa la mayor parte del día. No se tenía que preocupar por el cuidado de los niños, en especial de los más pequeños, y simplemente se dedicaba a establecer las reglas y guiar su educación. Era cariñoso, pero distante. El cuidado, la intimidad y la confianza eran prerrogativas de la madre. Desde los años setenta y en el transcurso de las siguientes décadas, ha surgido un nuevo tipo de padre: permisivo, amigo de los niños, todavía con compromisos fuera de casa, pero más involucrado en la gestión afectiva y organizativa de la familia.

El resultado de este cambio es que ahora los hombres tienen que reinventar su papel en la familia, sin posibilidad reconstruir modelos de generaciones anteriores. Una tarea difícil, que puede generar dudas y tensiones familiares. El tema es complejo porque estamos analizando una transformación, la de llegar a ser y convertirse en un padre, un trabajo que hay que aprender y cuyas reglas no están completamente establecidas.

Diferentes maneras de experimentar el embarazo

La naturaleza ayuda a la mujer a entrar progresivamente en su papel de madre. Los cambios del embarazo no afectan sólo al cuerpo, sino también a la mente de la futura madre. El futuro padre, que ha estado experimentando el embarazo a su manera, vive el acontecimiento como algo muy alejado de su realidad. Al fin y al cabo, sólo puede ser un espectador, no importa lo implicado que se muestre. Luego, está la esfera de las emociones: los hay que temen la llegada de los hijos por cómo puede afectar al equilibrio de la pareja, quienes tienen miedo a no ser capaces de cuidar de un hijo y también aquellos que se identifican con su pareja hasta el punto de sufrir síntomas físicos, dolor de espalda y cólicos que imitan el dolor del parto. Este fenómeno, conocido como couvade, es más común de lo que parece. Al nacer, pues, hay quienes sienten de inmediato una fuerte implicación con el niño y los que lo viven con una cierta sensación de extrañeza.

En el pasado, los hombres rara vez participaban en las visitas de seguimiento y los cursos prenatales. Hoy en día, cada vez están más presentes, porque así lo eligen. La tecnología también ofrece a los futuros padres la posibilidad de identificarse con la experiencia de su pareja: las madres sienten que el bebé crece y se mueve dentro de ella, y los padres pueden llegar a ser más conscientes de su existencia gracias a las ecografías.

Incluso el contacto físico con la pareja puede ayudar al hombre a participar de sus sentimientos y emociones. Entre las posiciones que mejor facilitan la comunicación, está aquella en la que el padre coloca la espalda contra la pared y la madre se sitúa entre sus piernas, apoyada en su pecho, con las manos de él rodeando el vientre y al pequeño. De esta manera, colocada en el centro, siente el apoyo del papá que sostiene al bebé. Es una herramienta más para que el padre contacte físicamente con su futuro hijo.

Dos roles que no deben ser confundidos

Después del nacimiento, se hace más evidente el cambio de actitud de los hombres hacia la paternidad. Los jóvenes se distancian del modelo de sus padres, compartiendo ahora más el cuidado del hijo, no sólo para jugar con ellos, sino también como provisores de sus necesidades materiales: los alimentan, los cambian y se levantan por la noche cuando se despiertan. No es, sin embargo, una tendencia general. Es un fenómeno que se da más entre los hombres que viven en áreas metropolitanas.

Según los expertos, hay que tener cuidado: el deseo legítimo de los padres a participar activamente en el cuidado de los niños no debe empujarlos a confundir su papel con el de la madre.

En el difícil proceso de inventar un nuevo rol paterno, los hombres tienen que lidiar con las expectativas de su pareja y con esos prejuicios y clichés tan arraigados en la sociedad. La mujer todavía siente el deber de complacer al hombre que trabaja, que aspira a tener una posición social, según los sociólogos, pero al mismo tiempo quiere que cambie los pañales en mitad de la noche. Debe ser tierno, pero también fuerte. Las expectativas son a veces exageradas, lo que puede alterar la complicidad de la pareja y el surgimiento de una relación de competencia entre ellos en el cuidado de los niños.

Un largo camino por recorrer

El imaginario colectivo se adapta muy lentamente a los cambios en los modelos de crianza de los hijos. Aunque hoy en día la mayoría de las madres trabaja fuera de casa y los hombres están más presentes y participan más en la vida familiar, los viejos estereotipos desaparecen muy poco a poco y afectan incluso a los más pequeños, que también deben conocer de primera mano la realidad de la familia moderna. Para socavar estos prejuicios y promover una nueva idea de la labor conjunta al frente de la familia, hombres y mujeres debemos concienciar a los más jóvenes; también desde la escuela. Sólo de esta manera, el cambio que hoy se está produciendo alcanzará su plena realización en la próxima generación.

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